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Acerca de un rallador en arcilla del siglo VIII a.C.

11 de noviembre de 2019

Dentro del programa “Museo Oculto”, el Museo de Cádiz expone diversos objetos y obras conservados en las reservas de la institución para darlas a conocer a nuestro público. Una de las últimas incorporaciones es el útil que presentamos en esta entrada. Se trata de una placa de arcilla plana, de forma ovalada, de perfil plano convexo y que presenta en su cara plana un reticulado trazado mediante profundas incisiones en la arcilla aún fresca.

Fue hallado en el yacimiento fenicio del Castillo de Doña Blanca, en El Puerto de Santa María. Procede del extremo sureste del poblado protohistórico, del área conocida inicialmente como «barrio fenicio». En 1987 se practicó una zanja -ESP.01.1- sobre las estructuras de habitación identificadas en esta área, fechadas en la segunda mitad del siglo VIII a. C., y los estratos que las colmataban, formados entre finales del VIII y durante el siglo VII a. C. El rallador en cuestión apareció en los niveles (KA y DT) situado sobre las unidades de habitación del siglo VIII (H.II y HE.III), de la segunda mitad del VIII a. C.

¿Para qué sirve este objeto? Responder a esta pregunta no resulta una tarea fácil, en primera instancia. Las investigaciones realizadas apuntan hacia una línea interpretativa muy sugerente. Parte de dos líneas de trabajo: la comparación etno-arqueológica y la observación de los rasgos morfológicos y técnicos del objeto. Conocemos objetos parecidos utilizados en otras culturas como ralladores de determinadas sustancias, empleadas con fines culinarios y/o rituales. Su interpretación como rallador concuerda con la propia morfología. La cara plana presenta una superficie potencialmente abrasiva que se define a partir del reticulado. Además por sus dimensiones y forma cabe perfectamente en la palma de la mano, ajustándose cómodamente a ella.

El uso de estos ralladores podría relacionarse con la molturación puntual de frutos, tubérculos, semillas, etc. para su uso como condimentos alimentarios o la preparación de mezclas con fines medicinales y/o aromáticos. Su alta frecuencia de aparición en lugares como el santuario de El Carambolo (Camas, Sevilla) sugiere un posible vínculo con rituales que aún no podemos definir. Conocemos el uso de sustancias aromáticas quemadas sobre soportes específicos (thimiateria o quemaperfumes), con restos en los yacimientos arqueológicos protohistóricos, respaldados con abundantes representaciones iconográficas.

Así, podemos ver en el Museo de Cádiz un objeto tan cotidiano en nuestras cocinas, pero difícil de identificar a través de los restos arqueológicos en sociedades antiguas. Por que lo humilde y lo sencillo deja huella, igual que lo suntuario y lujoso, aunque siempre ejerce un menor poder de atracción y es más complejo darles nombre y apellido.

Para saber más:
– Vallejo Sánchez, J.I. (2010): “Placa de arcilla cocida con reticulado inciso”, en Cádiz y Huelva: Puertos fenicios del Atlántico (Catálogo de la exposición), M.D. López de la Orden y E. García Alfonso (eds.), pp. 164-165.
– Vallejo Sánchez, J.I. (2018): “¿Objetos para el ritual u objetos domésticos? Los ralladores del santuario protohistórico de El Carambolo (Camas, Sevilla)”, en Trabajo Sagrado. Producción y representación en el Mediterráneo Occidental durante el I Milenio a.C. (= Spal Monografías Arqueología; XXV), Ana D. Navarro y E. Ferrer, Sevilla, Universidad, pp. 129-152.

Juan Ignacio Vallejo Sánchez
Director del Museo de Cádiz

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