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Observando Venus desde California (1769): documentos del marino y astrónomo Vicente Doz

20 de mayo de 2019

A mediados del siglo XVIII, admitidas ya las teorías de Copérnico y Kepler, uno de los principales objetivos de la ciencia era el cálculo del “paralaje solar”, lo que llevaría a conocer las dimensiones del sistema solar. Para ello se presentaba una ocasión de oro: el paso de Venus por el Sol, que observado desde varios lugares de la Tierra permitiría alcanzar el objetivo. Empezaba así, uno de los primeros proyectos científicos internacionales. Algunos de los protagonistas de esta empresa alcanzaron fama y reconocimiento, otros como Vicente Doz, permanecen en el anonimato.

Vicente Doz:

Vicente Doz y Funes (Tarazona, 1734 — Cádiz, 1781) fue un marino y astrónomo español que fue designado para participar en la expedición científica hispano-francesa para observar el tránsito del planeta Venus por el disco solar, en la península de California.


Ingresó como guardiamarina en 1751, llegando a ser jefe de escuadra. Al poco de ascender a alférez de fragata fue seleccionado por su preparación para acompañar al capitán de fragata José Solano y Bote, recién nombrado comisario del Tratado de Límites entre España y Portugal, a la expedición al Orinoco. En febrero de 1754 salieron de Cádiz los componentes de la expedición, realizando valiosos trabajos cartográficos. En mayo de 1768 es llamado a Cádiz para integrarse en la expedición científica hispano-francesa para la observación de Venus desde California. Su elección para tan importante misión fue acompañada del ascenso a capitán de fragata. A su regreso a España pasó a ser brigadier al mando del navío “San Agustín”, participando en la batalla naval contra la escuadra inglesa del almirante Rodney sobre el cabo de Santa María (enero de 1780). Fue ascendido por sus méritos a jefe de escuadra. Apresó un convoy inglés de 55 embarcaciones, que él mismo escoltó hasta la bahía de Cádiz en agosto de 1780. Encontrándose enfermo fue desembarcado a principios de 1781, falleciendo en el puerto gaditano a los cuarenta y cinco años de edad.

El tránsito de Venus:

El cálculo del paralaje del Sol, es decir, la medición exacta de su distancia desde la Tierra se convirtió en una de las principales preocupaciones de los astrónomos del siglo XVIII, debido a que este cálculo haría posible conocer las dimensiones del sistema solar. El fenómeno astronómico que podría facilitar este cálculo era el tránsito del planeta Venus por el disco solar. La observación de este fenómeno desde distintos puntos del planeta, determinando las coordenadas geográficas de los mismos, permitirían hallar el “paralaje solar”, este dato permitiría con una simple operación trigonométrica, calcular la distancia media de la Tierra al Sol.


Este método fue ideado por Edmund Halley, y según él, el tránsito de Venus iba a producirse en 1761, luego en 1769 y no volvería a producirse ya hasta 122 años después. En 1761 el fenómeno dio pié al primer gran proyecto científico internacional; la Academia de las Ciencias de París organizó observaciones en París, Pondichery (India), Islas Mauricio y Siberia, y los ingleses en Santa Elena y en el cabo de Buena Esperanza. En España se hicieron observaciones en el Colegio Imperial de Madrid (Rieger) y en el Observatorio de Marina de Cádiz (Tofiño). Los resultados de la observación no fueron definitivos por lo que la comunidad científica quedaba emplazada para una segunda y última oportunidad en ese siglo, el 3 de junio de 1769.

La expedición conjunta hispano-francesa:

Para la observación del tránsito de Venus por el disco solar de 1769 se movilizó la flor y nata de la ciencia europea. Los lugares más favorables para la observación eran los mares del Sur, California y las regiones septentrionales de Europa. Se realizaron mediciones desde 55 estaciones, destacando las de París (Cassini), Greenwich (Maskelyne), Cádiz (Tofiño), Tahití (Cook), Santo Domingo (Pingré), junto con la de California. La Academia de las Ciencias de París estaba interesada en realizar observaciones desde California para lo que solicitó permiso a la corona española. Las gestiones las llevaron a cabo La Condamine, por parte francesa, y Jorge Juan, por parte española, participantes en la expedición hispano-francesa que años antes había sido enviada a Quito a medir el grado del meridiano terrestre. Finalmente se autorizó una expedición conjunta en la que los comisionados españoles, miembros de la Armada, debían realizar observaciones astronómicas, levantar planos de las principales ciudades y puertos, además de vigilar que los comisionados franceses no realizasen más actividades que las puramente científicas.


La Armada designó al capitán de fragata Juan de Lángara y Huarte y al teniente de navío Vicente Doz y de Funes, ambos de contrastado prestigio científico, aunque Lángara finalmente no pudo ir, y fue sustituido por el teniente de navío sevillano Salvador de Medina. Por parte francesa se designó al astrónomo Jean Baptiste Chappe D’Auteroche, quién ya había hecho y publicado observaciones del tránsito de Venus por el disco solar en Siberia en 1761. Acompañando a Chappe iban un ingeniero geógrafo, un relojero instrumentista, un dibujante y pintor y un criado.
Las dos comisiones se reunieron en Cádiz, de donde zarparon llegando a Veracruz, pasaron por México llegando finalmente al puerto de San Blas el 15 de abril de 1769. De ahí pasaron a la península californiana donde tenían que estar el 3 de junio para la observación del fenómeno. El punto elegido era la misión de San José del Cabo. Una vez allí franceses y españoles levantaron sus respectivos observatorios, cada uno con su propio instrumental, los españoles contaron con la colaboración del científico novohispano Velázquez de León, quién también realizó sus propias observaciones.

Las observaciones dieron un resultado bastante acertado. Para la distancia de la Tierra al Sol, Chappé obtuvo 96.162.840 millas, y Doz y Medina, 98.480.020, a día de hoy se evalúa esta distancia en 92.956.200 millas.

El regreso de la expedición:

Por la península californiana se propagó una epidemia que diezmó a la población indígena. Pronto los miembros de la expedición cayeron enfermos. Chappé, Medina y otros acompañantes murieron. Los supervivientes, aún enfermos pusieron rumbo a México, camino de Veracruz, donde embarcaron hacia Cádiz. Por el camino Vicente Doz, ya recuperado, hace observaciones en Veracruz y La Habana, fijando su posición geográfica. Disuelta la expedición, Doz entrega sus resultados en la Corte, y los franceses en la Real Academia de las Ciencias de París. Toda la comunidad científica europea valoró positivamente los resultados obtenidos.
La aportación de los marinos españoles al desarrollo científico internacional fue considerable, como lo había sido años antes en Quito con Jorge Juan y Antonio de Ulloa junto a Godin, Bouger y La Condamine.

Documentos de Vicente Doz en el Archivo Histórico Provincial de Cádiz:

En el Archivo Histórico Provincial de Cádiz encontramos varios documentos notariales a nombre de Vicente Doz Funes, se fechan en dos momentos importantes de su vida: diciembre de 1768, justo antes de emprender el viaje a la península de California con la expedición científica hispano-francesa, y noviembre de 1781, meses antes de su muerte.

1) Poder de Vicente Doz a Beatriz de Funes y otros: de 20 de diciembre de 1768.

Vicente Doz y Funes, Caballero de la Orden de San Juan y Teniente de Navío de la Real Armada “próximo para hacer viage a las Californias de orden de S.M. a la observación del paso de Venus por el disco del Sol en el vergantín francés nombrado el Aventurero”, otorga poder a su madre, Doña Beatriz de Funes, vecina de Tarazona en Aragón, a sus tíos D. Jayme, D. Silverio y D. Miguel, a Don Manuel Doz y Funes, D. Francisco y D. Romualdo, sus hermanos, para que le representen, sean fiadores de sus bienes y deudas, albaceas y herederos, y puedan litigiar en su nombre.



Temiendo no volver o pensando en la tardanza de la vuelta Doz otorga un poder general a su madre, hermanos y tíos, todos muy ligados a la Orden de San Juan de Malta. A destacar también la mención expresa que hace de la misión científica que se le ha encomendado.

2)Testamento de 20 de diciembre de 1768:

Vicente Doz y Funes, Caballero de la Orden de San Juan y Teniente de Navío de la Real Armada “próximo para hacer viage a las Californias de orden de S.M. a la observación del paso de Venus por el disco del Sol en el vergantín francés nombrado el Aventurero”, repite la mención expresa de la misión, de estado soltero y natural de Tarazona.
Se otorga antes de la partida de la expedición a California, cuando Vicente Doz, aún es joven, cuenta poco más de treinta años de edad, sí bien era una práctica habitual hacer testamento o un poder para testar antes de emprender una expedición al nuevo mundo dada la incertidumbre sobre el momento de la vuelta o sí ésta se produciría. De hecho otros miembros de la expedición como Medina o Chappé fallecen en la empresa, e incluso Doz está a punto de morir.

3) Renuncia del cargo de la Orden de San Juan: de 20 de diciembre de 1768:

Partiendo con la misma intitulación que en los documentos anteriores y “próximo a partir a las Californias…” con el mismo motivo, renuncia a todos los derechos, acciones, propiedades y títulos procedentes de su legítima paterna, que cede a su madre Dª. Beatriz, y en su defecto en su hermano, en el que recaiga el mayorazgo de la familia. Dice que “con el sueldo que gozo de S.M. por razón de mi empleo tengo lo necesario para mantenerme”.
Se trata de una renuncia a sus derechos de herencia, mayorazgo y cargos de la orden, en su madre y sus hermanos.

4) Testamento de 6 de noviembre de 1781:

Este testamento se otorga en Cádiz poco después de desembarcar en Cádiz enfermo, a la vuelta de la captura de flota inglesa y poco antes de su muerte cuando contaba alrededor de cuarenta y cinco años de edad.
Vicente Doz, Jefe de Escuadra de la Real Armada, residente en Cádiz y natural de Tarazona hallándose gravemente enfermo y ante la cercanía de la muerte otorga testamento con las siguientes cláusulas:
1) Encomienda su alma a Dios, dando detalles de su enterramiento, así como limosnas y mandas pías forzosas.
2) Declara haber permanecido en el estado de soltero por cuya razón no tiene legítimos descendientes.
3) Nombra albaceas testamentarios y para el remanente de sus bienes instituye como heredera universal a su madre.
4) Revoca cualquier disposición testamentaria anterior y firma en Cádiz a 6 de noviembre de 1781. En una nota marginal se indica que falleció el día quince del mismo mes y año.

5) Codicilo de 11 de noviembre de 1781:

Con fecha de cinco días posterior al testamento anterior, al qué hace referencia y añade las siguientes clausulas:
1) Asigna a sus albaceas la cantidad de 600 pesos para el cumplimiento de sus fines asignados,
2) Autoriza a sus albaceas para los preparativos para su entierro.
3) Asigna una cantidad en metálico a cada uno de sus tres criados, a entregar a su fallecimiento.
Finalmente el otorgante no firma por “impedírselo la gravedad de su enfermedad”.

José Ramón Barroso Rosendo
Asesor Técnico de Gestión Documental
Archivo Histórico Provincial de Cádiz

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