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Patrimonio en femenino: Benefactoras de la comunidad.

06 de junio de 2016

Continuamos la serie dedicada desde 2013 a Patrimonio en femenino en nuestro museo, desde la perspectiva de que  como institución mostramos “historias” en las que se tiene presente la diversidad de visiones que nos brinda el desarrollo de la Humanidad. Así, contando con aspectos hasta hace poco relegados, estas instituciones contribuyen también  al fomento de los valores democráticos, de respeto al otro, de la convivencia, de superación de desigualdades, y de igualdad de género. En ese ámbito se sitúa nuestra trayectoria sobre el tratamiento del género en el museo, también enmarcada en  las políticas transversales de la administración andaluza. Y en ese marco, este año una de las acciones ha sido la colaboración entre el Museo Arqueológico de Sevilla y el Museo Arqueológico de Córdoba, celebrando el Dia Internacional de la Mujer dedicando la Pieza del pasado mes de marzo del museo sevillano a esas  otras miradas sobre lo que nos pueden contar los bienes culturales que conservamos en los museos, con la conferencia Benefactoras de la comunidad.

Lápida

Lápida conmemorativa de Rumaykiyya ( Museo Arqueológico de Sevilla)

En nuestra tierra, ya desde la Prehistoria podemos conocer del papel de esas mujeres anónimas en el contexto de las primeras sociedades como protagonistas activas de los procesos de producción y reproducción de las mismas. O a las mujeres íberas, representadas en esas esculturas tan conocidas de las Damas que muestran una posición predominante en su comunidad. O a las romanas Valeria y Acilia de la familia de Séneca (Corduba), Sempronia Fusca (Aurgi, Jaén),  Fabia Hadrianilla (Hispalis), Iunia Rustica (Cartima, Málaga)…, ejemplo de otras muchas mujeres de la Bética que   contribuyeron  a la sociedad como benefactoras de su ciudad. Hasta llegar a la etapa andalusí , en la que con la lápida de I´timad (Rumaykiyya) como hilo conductor,  conocemos a las “Señoras” (Sayyida) de la casa real, también  benefactoras de su comunidad a través de las obras públicas,  como I´timad,  esposa del rey taifa de Sevilla al-Mutamid.

La mujer en al-Andalus independientemente de su clase social o status jurídico, tiene una posición subordinada al hombre. Pero hay mujeres de clase social alta que disponen y administran grandes recursos económicos a los que tienen acceso a través de las herencias que reciben, pues en el matrimonio islámico puede la mujer conservar sus propiedades, administrarlas y no necesita autorización para gestionar sus bienes. Por ello pueden realizar realizan donaciones y fundaciones pías para obras públicas como mezquitas, hospitales, fuentes o cementerios. Incluso hay mujeres de clase media y baja que han de contribuir a la economía familiar desarrollando trabajos remunerados, y a las que la norma les permitía la plena propiedad del salario cobrado.Y están también las llamadas santas, mujeres místicas que participan de una especial proyección pública de importancia equiparable a la de los hombres, además de las sabias que tratan materias como derecho, astronomía, medicina, poesía…, y hay copistas y calígrafas.

Esta pieza del mes trató la Lápida conmemorativa de la construcción de un alminar por I´timad (Rumaykiyya) en año 1085, de la colección del Museo Arqueológico de Sevilla… Esa mezquita y su nuevo alminar formarían parte de las varias fundaciones pías que, como recogen las fuentes árabes, ordenó construir esta al-Sayyida al-kubrá  (madre del heredero) en Isbiliya  (Sevilla).

Además del uso político de la fortuna de las mujeres omeyas, la utilizaron para numerosas construcciones que configuran el paisaje urbano de al-Andalus ya desde fines del s. VIII, y rivalizaron entre sí en otorgar esta clase de legados como cuentan las crónicas de la época, con una gran actividad a través de grandes desembolsos. Así conocemos otras construcciones de alminares, mezquitas y hospicios con adjudicación de rentas, fuentes públicas, hospitales, almunias para el cuidado de los leprosos, e incluso cementerios conocidos por el nombre de la benefactora como el de Umm Salama, esposa del emir Muhammad, en el S. IX. Y también nos cuentan los textos de la época que esas obras contribuían a  prestigiar al esposo y a la familia gobernante. De esta forma conocemos las aportaciones de Tarub, mujer del emir Abd al-Rahman II (822-852); de  Maryam, una de las esposas del primer califa o, meya Abd al-Rahman III ( en la segunda mitad de s.X) ;  de Subh , mujer del califa al-Hakam II y madre del califa Hisham II (  finales s. IX) . Y de Mustaq , otra de  las  mujeres de`Abd al-Rahman III, de la cual conservamos en el Museo Arqueológico de Córdoba  una inscripción conmemorativa de construcción de un alminar en el 971- 976. Y también tenemos una magnífica estela funeraria de la princesa almorávide Badr (año 1103), hija del emir  Yusuf  ibn Tashufin, de la colección del Museo de Málaga, que muestra cómo serian los mausoleos de estas mujeres en la Córdoba  del s. XII.

Lápida Mustaq

Lápida conmemorativa de Mustaq (Museo Arqueológico de Córdoba)

Aún cuando  se les impedía ejercitar el poder político,  conocemos que las mujeres de palacio llegaron a controlar gran parte de la vida política y social,  por las grandes dosis de poder e influencia que ejercieron a favor de sus parejas e hijos. Su  riqueza  económica sirvió a determinadas mujeres para establecer redes de apoyo que les permitieron convertirse en focos de poder político, y  para participar  activamente en  la política matrimonial y dinástica.

Alminar

Alminar de Mezquita de Barrio. Plaza de San Juan (Córdoba)

Y estas mujeres andalusíes no fueron muy diferentes de sus antecesoras romanas o de aquellas que en la Baja Edad Media y en la Edad Moderna contribuirían a la construcción y mecenazgo de hospicios, conventos, y otros lugares de beneficencia y culto.

Mª Dolores Baena Alcántara
Museo Arqueológico de Córdoba

 

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