Duende

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La selección del espectáculo presentado en 2013 se realizó mediante concurso público. Quedó ganadora la propuesta DUENDE presentada por Teatro de la Zambra con Fuensanta La Moneta y Manel Liñán como cabezas del cartel. La puesta en escena de Emilio Goyanes y las colaboraciones especiales, como artistas invitados, de Lola Greco y Javier Latorre.

Lorca, Falla y Morente: un triángulo imprescindible

Tres nombres tiene Granada que directa o indirectamente jalonan, como si de hitos históricos se tratase, la grandeza del flamenco en nuestra tierra. Tres nombres que representan las más altas cimas de este arte. Tres nombres que engalanan al flamenco granadino con un vestido largo de luna y prestigio… y DUENDE.

Federico García Lorca se dio cuenta muy pronto del gran poder que encerraba el flamenco dentro de los tres o cuatro versos de su cante, en las gargantas castigadas de sus intérpretes, en los soníos negros de su son.

El poeta granadino, desde muy joven, comenzó a recopilar estos “decires” populares, casi siempre sin autoría, o con esa firma tan popular que los hace de todos y no los hace de nadie. Compiló ese saber popular en su Romancero gitano y en su Poema del cante jondo e impregnó toda su obra, su poesía, su teatro, su música, su pensamiento, con la sombra de ese aire.

Lorca se sentía flamenco, y hasta gitano, por lo que de gitano tenemos todos los andaluces, y reivindicó esta identidad manifestándola en sus conferencias Juego y teoría del duende o Arquitectura del Cante Jondo. Extremo que supo contagiar a sus amigos, a sus compañeros intelectuales, músicos y poetas, descubriendo al mundo la dimensión folclórica y cultural del cante jondo  y con él las diversas formas del flamenco, una riquísima tradición oral que, como en todo pueblo sabio, sabe expresar el dolor y la alegría, la queja y la burla, el amor y la muerte.

El autor del Romancero, con sus colegas de letras, de pentagrama y escenario, durante las fiestas del Corpus Christi de 1922, organizó el primer Concurso de Cante Jondo de la historia, para salvaguardar su legado. Como llegó a escribir: El tesoro artístico de toda una raza, va camino del olvido.

Se celebró este evento en el Patio de los Aljibes de la Alhambra. Supuso un acontecimiento marginal (el flamenco no estaba bien visto, que es como decir, en palabras del poeta, en España era cosa ya de baja estofa la guitarra y el cante jondo). Significó el primer paso, la primera piedra que sirvió para levantar el gran edificio que hoy día constituye el flamenco.

Entre estos amigos se encontraba el músico y compositor gaditano, afincado en Granada, Manuel de Falla (auténtica gloria de España y alma de este concurso) que por su parte ya había advertido la riqueza cromática del flamenco, basada en los primitivos sistemas musicales de la India, con la que impregnó sus más variadas obras.

Falla constituye otro puntal, el segundo eslabón en esta cadena breve pero resistente que determinó el núcleo creativo del flamenco del siglo XX en Granada.

En El amor brujo Manuel de Falla imbrica sus notas sin complejos en las formas compositivas del flamenco, como ya hicieron Albéniz, Debussy o Korsakow.

Todo esto sin embargo no surgió de la mente de estos pensadores, sino que provenía de la tradición, del flamenco de a pie, de las fiestas y explosiones de este arte al que aún no se le consideraba como tal, desarrollado en patios de vecinos y reuniones más o menos privadas y, sobre todo, en las zambras gitanas del Sacromonte, exteriorización única en todo el orbe de influencia flamenca, proveniente de las zambras moriscas habidas en nuestra ciudad desde el siglo XV.

El ejemplo del 22 no cuajó por razones que no vienen al caso, pero el flamenco granadino siguió creciendo, sabio y marginal, con sus normales vaivenes. Nombres como los de Frasquito Yerbabuena, Juanillo el Gitano, José Celestino Cobos Cobitos, Paco el del Gas, el Niño de Jun o Vitorino de Pinos, y los Ovejillas o los Habichuela en la guitarra, Mario Maya, Manolete y La Yerbabuena en el baile se escriben con letras de molde en nuestra memoria. Hasta llegar a la cima, al más alto creador de nuestros días, al tercer vértice de esa piedra angular que estamos trazando.

En la figura de Enrique Morente se encierra todo el corpus de la tradición y de la vanguardia del flamenco. Como el gran pintor que demuestra su dominio figurativo para desembocar holgadamente en la abstracción, Enrique se ha empapado del cante de siempre, de la historia y del buen gusto. No sólo ha reivindicado a artistas como la Peñaranda o Antonio Chacón, sino que los ha dignificado.

Morente era un visionario que, según decía, iba diez años por delante de sí mismo. Su labor creativa e intelectual hacía que se fuera reinventando a cada paso. Sus grabaciones son arriesgadas, distintas, provocadoras.

El ‘ronco del Albaicín’, como se le llegó a conocer, con una orquesta sinfónica en la cabeza y con una inquietud y necesidad de expresión inusitadas, dio el salto en vida, hasta ser considerado un clásico. ¿Por qué clásico? Porque quien lo escucha va tomando conciencia a medida que avanza en la obra de que el tiempo no podrá ejercer su trabajo acostumbrado de marginación y olvido, y su música vivirá siempre un intacto presente.

Hogaño, el maestro granadino es referente de todas las generaciones que detrás de él van empujando. No hay artista flamenco, ni de otras músicas, que no se descubra ante su pureza y su mestizaje, entre su grito y sus ‘medio tonos’, entre su idea de conjunto y sus propuestas corales.

La función que proponemos para esta edición de Lorca y Granada en los Jardines del Generalife circunda estas tres personalidades. No a través de las personas sino a través de sus obras, de su pensamiento y de nuestra admiración. Con un elenco mayoritariamente granadino nos proponemos mostrar el estado del flamenco actual, reflejo del flamenco pasado; el siglo XXI como fruto del siglo XX en sus más ilustres creadores.

En los albores del siglo XXI Granada cuenta con la más amplia y completa nómina de artistas flamencos, guitarra, cante y baile, que se haya dado nunca en su historia; por su calidad puede llegar a ser la que materialice una industria cultural de referencia granadina con proyección en el mundo. Talentos con la suficiente madurez como para poder estructurar un proyecto de gran formato que consolide la marca de Granada como Territorio Flamenco de primer rango.

 

Fotografías: Pepe Torres. © AAIICC

 

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