Nov
02
|
03
21:00
Teatro

ORIOL BROGGI / LA PERLA 29

Bodas de sangre

De F. G. LORCA Dirección y espacio: ORIOL BROGGI Creación musical: JOAN GARRIGA

 

LORCA TOMARÁ EL ALHAMBRA CON GUITARRAS, ACTORES Y MÚSICOS.

 

Oriol Broggi, el hombre que ha logrado algunos de sus mayores éxitos con las obras de Wajdi Mouawad -su puesta en escena de Incendios no desmerece la que realizó Mario Gas-, y que ha llevado la tragedia al siglo XXI. Qué mejor ocasión para que el Alhambra se reencuentre con La Perla 29 ahora que se han atrevido por primera vez con uno de los grandes trágicos del siglo XX: Federico García Lorca.

Una intensísima y memorable puesta en escena.

Como sabemos, la historia de Bodas de sangre es sencilla: una novia que ha tenido un exnovio, Leonardo, único personaje con nombre propio. El novio, la madre del novio, el padre de la novia, la vecina, la criada, la muchacha, la niña.

 

A estos personajes, explica Broggi, he añadido el personaje de la música personificado en músicos de carne y hueso, porque la música está muy presente en el teatro de Lorca.

 

La crítica publicada por El País acababa: Hay muchas maravillas en esta función. La música, por ejemplo, que en manos de Joan Garriga, Marià Roch y Marc Serra (y exquisitamente modulada por Damien Bazin) es una voz de muchas aguas: Andalucía, wéstern, esencias mexicanas, rumba catalana. Resuenan en mi memoria la Nana del caballo grande que borda Clara Segura y todos corean, los atisbos de soleás y alegrías, los ecos de Morricone; la canción de la boda, que Garriga canta, a mis oídos, “por Manzanita”, y el fragmento de La farándula pasa que Lorca compuso para La Barraca.

 

En palabras de Marcos Ordoñez: La banda de La Perla realiza con Bodas de sangre una enorme y flamígera tragedia de pasión y muerte. Escenario a cuatro bandas, con vallas de madera… entre campo árido y pista circense, con luces altas, casi un homenaje a los claroscuros de El público de Lluís Pasqual. A un lado, un piano en la arena. Al otro, tres esqueletos que alzan trompeta, guitarra y violín, como en una cantina de Cuernavaca en el Día de los Muertos. Joan Garriga teclea un estudio de Chopin. Entran los enlutados, hundidos en una melancolía irremediable. Broggi marca un ritmo lento, litúrgico, pero de inquietud creciente: vamos a presenciar la crónica de una doble muerte anunciada.

 

Conmovido, impresionante silencio del público y precioso remate, en el que todo el reparto canta un singular cruce entre Widow’s Grove, de Tom Waits, y La leyenda del tiempo, de Camarón. Huracán de aplausos para un espectáculo que merece larga vida.

 

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