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Antonio Vegara Jiménez. Docente del SEP Tarifa.

En Tarifa, donde el viento y el mar moldean la vida cotidiana, Antonio Vegara Jiménez lleva más de tres décadas enseñando en Educación Permanente. Desde 1991, su aula fue un punto de encuentro para generaciones de adultos que buscaban seguir aprendiendo. Pero en 2011, su trayectoria dio un giro inesperado cuando decidió convertir un problema ambiental en una oportunidad educativa. Así nació Algas Marinas del Estrecho, un proyecto que ha unido emprendimiento, ciencia, sostenibilidad y comunidad en una misma historia.
viernes 27/03/2026
Antonio Vegara Jiménez compartiendo las claves de su proyecto durante la entrevista para Andalucía Educativa
Antonio Vegara Jiménez compartiendo las claves de su proyecto durante la entrevista para Andalucía Educativa

Por MªSalvadora Gago Ramírez, corresponsal de la Delegación Territorial de Desarrollo Educativo y Formación Profesional y de Universidad, Investigación e Innovación en Cádiz. Fotografía: Archivo personal de Antonio Vegara Jiménez.

Todo comenzó con una serie de coincidencias que, vistas con perspectiva, parecían estar destinadas a encontrarse. La Coordinadora Provincial de Educación Permanente de la provincia de Cádiz, Lucy Simón, propuso a Antonio impartir el Plan Educativo de Fomento de la Cultura Emprendedora. Al mismo tiempo, un grupo de alumnado de Bolonia, recién titulado en la prueba libre para el Graduado en ESO, pedía continuar formándose. Y fue entonces cuando el biólogo de la Universidad de Sevilla, José Carlos García Gómez, le habló del potencial del alginato presente en las algas de arribazón que se acumulaban en la playa de Bolonia, aportando la pieza que completaba el rompecabezas. Con todos esos elementos, Antonio y su alumnado iniciaron un camino que pronto se convertiría en una aventura educativa sin precedentes.

En la Navidad de 2011 elaboraron 700 pastillas de jabón con extracto de alga nativa. Las vendieron todas en el mercado navideño de Tarifa. Ese éxito fue el impulso que necesitaban para seguir creando: cremas, tónicos, champús, jabones, siempre acompañados por universidades, profesionales de la cosmética y Andalucía Emprende. La espiral de aprendizaje y experimentación ya no tenía vuelta atrás.

El impacto no tardó en llegar. En 2013, tres alumnas constituyeron la sociedad limitada Algas de Bolonia, a quienes se cedieron fórmulas, protocolos y métodos de extracción. Registraron tres productos cosméticos en el Portal Europeo de Notificación de productos cosméticos. Pero el camino no estuvo exento de desafíos. En 2015, la invasión descontrolada de Rugulopteryx okamurae obligó al grupo a reinventarse. De esa crisis surgió un nuevo enfoque: aprovechar la especie invasora para crear productos cosméticos y, más tarde, bioestimulantes agrícolas y forestales.


 

El proyecto fue evolucionando y con él, el perfil del alumnado. Principalmente mujeres de entre 40 y 60 años, con sensibilidad ambiental y ganas de aprender haciendo. Ellas han sido el motor de las simulaciones empresariales que hoy conforman la línea cosmética del proyecto: Algaluz Tarifa Mar de Algas, Algaria, Casimar, Caminando entre algas y Flor de Mar. Más tarde llegarían SEASOFT y de Parque a Parque, centradas en el desarrollo de bioestimulantes capaces de mejorar la salud de alcornoques afectados por "la seca" o de ayudar a los aguacates a soportar el estrés hídrico.

     Es mi maestro. -Luz Pelayo   

En este contexto, el testimonio de Luz Pelayo, una de sus alumnas, refleja cómo la educación puede transformar vidas de forma inesperada. "Es mi maestro", afirma, recordando que lo conoció mientras trabajaba como limpiadora en el colegio donde él impartía prueba libre para graduado en ESO para mayores de 18 años. Mientras esperaba a que terminara la clase, él la invitó a sentarse y le puso tarea. "Gracias a eso conseguí sacarme el título de Secundaria". A partir de ahí, su camino se abrió: la constitución de la sociedad limitada Algas de Bolonia, la creación de la Asociación del alumnado Algas del Estrecho y hasta una reunión con Catalina García, consejera de Medio Ambiente para recibir en persona la autorización de recolección del proyecto Algas y Sostenibilidad. Su historia es un ejemplo vivo de cómo una oportunidad educativa puede cambiar un destino.

La huella que el proyecto ha dejado en el entorno ha sido tan profunda como la que ha generado en el ámbito educativo. Ha tejido alianzas con investigadores, administraciones, empresas y colectivos locales; ha contribuido a frenar la proliferación de la especie invasora, a salvar árboles enfermos y a recuperar saberes tradicionales. Pero, sobre todo, ha devuelto autoestima y protagonismo a un alumnado que se ha visto capaz de transformar un problema ambiental en una oportunidad de futuro.

      Antonio es de las personas que consiguen que creamos que le vamos a dejar un mejor planeta a nuestros hijos. - Francisco Javier Piñeiro   

Esa transformación también se refleja en las voces de quienes han aprendido junto a él. Francisco Javier Piñeiro, otro de sus alumnos, resume su experiencia con un titular que lo dice todo: "Con Antonio, la palabra maestro tiene otro significado". Para él, Antonio es "maestro en la enseñanza, en la dedicación y en ayudarnos a mejorar en todos los ámbitos". Su reflexión apunta a la dimensión ética del proyecto: "No hay suficiente dinero para pagarle todo lo que devuelve a la sociedad". Y concluye con una mirada hacia el futuro: "Es de las personas que consiguen que creamos que le vamos a dejar un mejor planeta a nuestros hijos".

Los reconocimientos no han tardado en llegar: premios de innovación educativa, galardones municipales, menciones autonómicas, distinciones nacionales... una larga lista que confirma que lo que ocurre en la SEP Tarifa es mucho más que un proyecto: es un ejemplo de cómo la educación puede cambiar realidades.

Pero Antonio también mira más allá de los logros. Desde su experiencia, defiende que la Educación Permanente responde a necesidades sociales reales, aunque arrastra un problema estructural: la falta de instalaciones homologadas. Desde 1991 no se han actualizado los convenios que garantizan espacios adecuados, y muchos docentes trabajan en aulas improvisadas, sin la estabilidad que merecen ellos y su alumnado.

Por eso, cuando se le pregunta qué mejorar, su respuesta es clara: dignidad presupuestaria, instalaciones adecuadas y reconocimiento para una etapa educativa que sostiene la formación a lo largo de la vida.

En palabras de Antonio, todo este recorrido solo tiene sentido si se entiende desde la fuerza colectiva que lo impulsa. Y quizá por eso, cuando se le pide que resuma lo que ocurre en Tarifa, recurre a una frase que ya forma parte de la identidad del proyecto: "Nosotras no somos la solución, pero sí quienes la provocamos". Una declaración que, entre algas, viento y aprendizaje compartido, adquiere en Tarifa un significado especialmente profundo.

 

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