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Una maestra llamada Furia

En el CEIP Ramón y Cajal de Albuñuelas (Granada), la educación convive cada día con Furia, una perra que se ha convertido en parte esencial del clima emocional y pedagógico del centro. Su llegada no fue un gesto anecdótico, sino el inicio de un proyecto educativo que ha demostrado, con evidencia y ternura, que un animal puede mejorar la convivencia, reducir el estrés, favorecer la lectura y fortalecer los vínculos entre el alumnado. En este pequeño colegio rural, donde la vida se mezcla con el entorno y la comunidad, Furia ha pasado de ser una acompañante silenciosa a convertirse en un recurso educativo único, capaz de cambiar la forma de aprender y de relacionarse.
jueves 30/04/2026
Un día cualquiera en el aula, acompañando y trabajando
Un día cualquiera en el aula, acompañando y trabajando

Por Mariajosé Cortés Moreno y Luis Sancho Rodríguez. Técnicos del servicio de Planes y Programas de la Dirección General de Innovación y Formación del Profesorado. Fotografía: Archivo fotográfico del CEIP Ramón y Cajal de Albuñuelas (Granada)

 En el CEIP Ramón y Cajal de Albuñuelas, un pequeño centro rural, la educación tiene un latido especial. Ese latido tiene nombre propio: Furia, una perra que desde hace años forma parte del paisaje emocional y pedagógico del colegio.

 

Su presencia no es casual ni improvisada, sino el resultado de un proyecto sistematizado y profundamente humano que ha demostrado mejorar el bienestar, la convivencia y el aprendizaje del alumnado. La trayectoria de Furia en los centros educativos es larga: lleva doce años acompañando al docente responsable en los distintos colegios donde ha trabajado, aunque ha sido en este centro donde su presencia se ha consolidado de manera más constante, especialmente a través del programa Hábitos de Vida Saludable y Educación Emocional. El contexto rural, donde los animales forman parte de la vida cotidiana del alumnado, la ausencia de alergias y el apoyo del equipo directivo y de las familias hicieron posible que Furia se integrara como acompañante pedagógica. De esta integración nació el proyecto "Lee con Furia", en el que la perra actúa como oyente paciente y no enjuiciadora, permitiendo que niños y niñas con dificultades lectoras ganen confianza, mejoren su fluidez y avancen en comprensión lectora.

José Antonio Nievas Molina, docente responsable de Furia, recuerda con claridad su primer día en el centro: la expectación, la curiosidad y la mezcla de sorpresa y ternura entre el alumnado. Desde entonces, el ambiente del aula ha cambiado de manera notable. Su presencia reduce el estrés, favorece la calma y mejora la concentración. El alumnado más tímido se siente más seguro y quienes necesitan regular sus emociones encuentran en ella un apoyo silencioso pero eficaz. A veces, mientras trabajan, Furia se acerca y se tumba junto a ellos; ese simple gesto basta para que entren en un estado de serenidad que se refleja en su rendimiento. También se generan nuevos roles: los niños y niñas asumen tareas de cuidado (dar agua, cepillar, acompañar al patio) que fortalecen su sentido de responsabilidad y competencia.

El impacto es especialmente visible en alumnado tímido, recién llegado, con dificultades de socialización o con necesidades educativas especiales. Furia actúa como un puente emocional que facilita la integración y la comunicación. Un caso significativo es el de una alumna angloparlante que comenzó a usar palabras en español al interactuar con ella: "sienta", "tumba", "aquí", "lado". A través del juego y las rutinas con la perra, empezó a relacionarse con sus compañeros y a participar en actividades grupales. La relación entre Furia y el alumnado se basa en un vínculo afectivo profundo que se convierte en motor de aprendizaje y bienestar. El perro no juzga, no corrige, no exige: acompaña. Esa ausencia de juicio genera un clima de seguridad emocional que favorece la participación, la motivación y la alegría. Furia aporta algo que ningún recurso tradicional puede ofrecer: una conexión emocional viva y bidireccional. El contacto físico reduce el cortisol, aumenta las endorfinas y transforma el estado de ánimo del alumnado. Donde un vídeo explica la empatía, Furia permite practicarla.

Un abrazo que muestra el apoyo emocional

Su presencia también ha influido en la convivencia del centro. En el patio, las actividades con Furia (adiestramiento, paseos, juegos cooperativos) fomentan la comunicación, la colaboración y la sensibilidad emocional. El alumnado aprende a cuidar, a respetar ritmos, a interpretar emociones y a trabajar en equipo. Los aprendizajes emocionales que facilita son amplios: mejora de la autoestima, reducción del miedo al error, desarrollo de la responsabilidad, aumento de la motivación, mejora de la atención y, sobre todo, un incremento notable de la felicidad general del alumnado.

Cristian, Noa, Valentina y MªCarmen, alumnado de 5º de primaria, describen a Furia como una presencia que les aporta calma y alegría. Uno de ellos lo resume así: "Lo que más me gusta de Furia es que es muy cariñosa y siempre está tranquila. Cuando la veo por la mañana me siento feliz y más relajado. A veces estoy triste y solo con estar cerca de ella me siento mejor. La clase cambia cuando está: todo es más tranquilo y agradable".

Las familias valoran de forma muy positiva la iniciativa. Observan cambios en sus hijos e hijas: más motivación para ir al colegio, más tranquilidad, más ilusión al contar su día. Reconocen que Furia aporta un componente emocional que la escuela, por sí sola, no siempre puede ofrecer. David Bailón, director del colegio, destaca que su presencia forma parte de un proyecto pedagógico incluido en la Programación General de Aula, con todas las garantías higiénicas, de seguridad y de control veterinario. La inspección educativa ha valorado positivamente la iniciativa y las familias han mostrado un apoyo unánime. Para el centro, Furia representa bienestar, alegría y un clima escolar más humano.

Furia, Cristian y José Antonio jugando en el patio

Fuera del colegio, Furia es una perra tranquila, afectuosa e inteligente. Se adapta a cualquier situación y mantiene una estabilidad emocional que la hace especialmente apta para trabajar con niños y niñas. José Antonio Nievas Molina, lo explica así: "Su estabilidad y sociabilidad con los seres humanos y otros animales. Es tranquila, tolerante y paciente; jamás ha mostrado ningún signo de agresividad hacia un niño ni hacia un adulto. Tiene gran autocontrol y su nivel de energía se adapta a la situación en que se encuentre. Por algún motivo siente debilidad por el alumnado con problemas de socialización e interactúa con ellos. Tiene la capacidad de percibir el estado emocional del niño y responder con calma. Son cualidades que no cualquier perro posee".

Con doce años, Furia se acerca a su jubilación, aunque cada mañana sigue saludando uno a uno a todo el mundo en la entrada, provocando sonrisas que iluminan el inicio del día. Y es que ella, no es solo un recurso educativo: es un ser que acompaña, calma, conecta y transforma. Su presencia demuestra que la educación emocional puede tener cuatro patas, un rabo que se mueve despacio y una mirada capaz de cambiar un día entero.

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