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Alfabetización en medios e información, competencia necesaria

La escuela necesita afrontar los cambios necesarios para satisfacer las necesidades que demanda la nueva realidad social. Si la escuela pretende formar personas capaces de insertarse eficazmente en la sociedad actual, debe trabajar para desarrollar la alfabetización en medios e información.

Alfabetización en medios e información, competencia necesaria

Rosa Piquin Cancio. Facultad de Formación del Profesorado. Universidad de Oviedo

Correo – e: piquinmaria@uniovi.es

 

Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia construcción. Paulo Freire

 

La escuela necesita afrontar los cambios necesarios para satisfacer las necesidades que demanda la nueva realidad social (el desarrollo y la masiva difusión de las TIC, la relevancia de la cultura audiovisual, los cambios económicos y de relaciones sociales, la globalización…) planteándose la consecución de objetivos que, aunque ya  se esbozaron hace dos décadas, siguen sin desarrollarse  de forma generalizada: “aprender a aprender, aprender autónomamente, aprender a vivir juntos, aprender a trabajar cooperativamente, formarse y predisponerse para aprender a lo largo de toda la vida, aprender a usar las herramientas tecnológicas, aprender a usar la información, aprender a generar conocimiento a partir de la información” (UNESCO, 1996, pp.17-18).

Antes una persona estaba alfabetizada si tenía desarrolladas las capacidades para leer y escribir. En la actualidad, esas habilidades no son suficientes. El desarrollo de la tecnología y de las comunicaciones posibilita acceder a información en todo tipo de lenguajes: textual, audiovisual, sonoro, videográfico… que exigen nuevas competencias lectoras, tecnológicas e informativas.

La UNESCO ha unificado la Alfabetización Mediática con la Informacional  empleando para ello el acrónimo AMI (en inglés: Media and Informational Literacy. MIL) considerándolas como un conjunto combinado de competencias necesarias para el siglo XXI.

AMI se ocupa de que las personas comprendan la importancia de los medios y otros proveedores de información…/… estimulando a que los ciudadanos e conviertan en productores activos de información e innovadores de los medios y productos de información, así como que sean pensadores críticos. El desarrollo de estrategias AMI en el entorno educativo es un  asunto clave, prioritario   y necesario (UNESCO, 2011, p.64).

La alfabetización informacional abarca el conocimiento de las propias necesidades y problemas con la información, la capacidad para identificar, localizar, evaluar, organizar y crear, utilizar y comunicar con eficacia la información para afrontar los problemas o cuestiones planteadas; es un prerrequisito para la participación eficaz en la Sociedad de la Información y forma parte del derecho humano básico al aprendizaje a lo largo de toda la vida.

La alfabetización mediática o educación en medios, ayuda a que la gente entienda cómo se construyen los medios (y qué se deja intencionadamente fuera) y, además, cómo le dan forma a lo que conocemos y entendemos sobre el mundo en que vivimos. Es importante aprender a “leer” toda clase de mensajes mediáticos para descubrir los puntos de vista incorporados en ellos y evaluarlos como parte del texto en lugar de aceptarlos como “naturales”.

Si consideramos los videojuegos, la televisión, la música, la radio, los periódicos, las revistas, las vallas publicitarias, Internet, y aún las camisetas, nos damos cuenta de que estamos expuestos a más mensajes mediáticos en un día de lo que estuvieron nuestros bisabuelos en todo un año. El alfabetismo en medios enseña las habilidades que son necesarias para navegar con seguridad durante toda la vida por entre este mar de imágenes y mensajes (C.M.L., 2003, p. 4).

Para que una persona esté alfabetizada en información  y en medios es necesario que sepa hacer un uso eficaz y crítico de la información y, para ello, debe ser competente en las siguientes habilidades:

  • Sentir la necesidad de informarse. Delimitar el tema.
  • Identificar y seleccionar los recursos de información.
  • Buscar en directorios, sitios Web, catálogos, bases de datos, buscadores, etc.
  • Seleccionar y examinar documentos. Analizar y explorar en qué forma se “construyen” los mensajes así sean estos impresos, verbales, visuales o multimedia.
  • Evaluar la información. Evaluar los mensajes explícitos e implícitos de los medios, comparándolos con los principios éticos, morales y democráticos propios.
  • Obtener la información: extraerla y registrarla.
  • Interpretar, analizar, sintetizar la información.
  • Organizar y redactar el trabajo, citando fuentes.
  • Hacer aportaciones personales para crear y obtener un producto informativo propio, utilizando una variedad de herramientas que sirvan para presentar y comunicar lo aprendido.

Como docentes tenemos que cuestionarnos el por qué y el para qué de todo lo que hacemos: ¿qué vamos a conseguir trabajando directamente con la documentación y con los Media que no pudiéramos lograr de otra manera? Quizás la respuesta parezca excesiva, pero esta forma de trabajo enseña ciudadanía. Nuestro alumnado aprende a desarrollarse como persona en su medio social (Piquín y Rey, 2005, p. 5). Una persona que tiene que:

  • Discriminar la información relevante de la que no lo es.
  • Saber leer cualquier tipo de información en cualquier tipo de soporte.
  • Ser capaz de entender, de interpretar, de comparar aquello que lee.
  • Aprender a ser honesta, a ser una persona que resume, que cita.... pero que no copia, que reconoce y valora el trabajo de los autores y autoras de los documentos en los que se inspira.
  • Respetar los puntos de vista de los demás, confrontándolos con argumentos y no con el desprecio o el insulto.
  • Ser responsable, informándose antes de tomar partido. Pero tomándolo, cuando es necesario.

El incremento del número de fuentes documentales y de las destrezas requeridas para acceder a los nuevos medios hace que la labor educativa resulte, cada vez más compleja. Se trata de favorecer las habilidades necesarias para el S.XXI:

La cultura mediática actual, que incluye texto impreso pero que no se restringe a éste, ofrece recursos casi ilimitados para realizar aprendizajes del mundo real, desde identificar “puntos de vista” explorando cómo diferentes ángulos de la cámara influencian nuestra percepción del sujeto fotografiado, hasta determinar si la información contenida en un sitio Web es legítima o falsa. Es incuestionable que las experiencias mediáticas ejercen un impacto significativo sobre la manera como entendemos, interpretamos y actuamos en nuestro mundo. Al ayudarnos a entender esas influencias, la educación en medios nos permite limitar nuestra dependencia de ellos (C.M.L, 2003, p.7).

Si la escuela pretende formar personas capaces de insertarse eficazmente en la sociedad actual, debe trabajar para desarrollar la alfabetización en  medios e información, lo que supone ofrecer al alumnado, por un lado, la diversidad de recursos informativos hoy disponibles, y por otro, el entrenamiento necesario en cuanto al desarrollo de las habilidades de información en el marco de contextos reales que permiten integrar los aprendizajes, propiciando la democratización de la información, la igualdad de oportunidades en el acceso a los bienes culturales, la educación permanente y el autoaprendizaje.

Debemos facilitar que nuestros estudiantes puedan enfrentarse a ese bombardeo de información, que sean capaces de cuestionar  los productos de los medios (no dando todo por bueno, reflexionando acerca de la autoría, el formato, la audiencia, el contenido y el propósito de los mismos) sabiendo seleccionar lo que es relevante, analizar críticamente y construir un aprendizaje significativo. No se trata sólo de saber encontrar la información de una forma rápida y eficaz sino de fomentar el pensamiento crítico y proporcionar los medios para aprender a aprender.

Y todo ello dentro del marco general de la práctica educativa de cualquier área o asignatura, sin descontextualizarlo del trabajo cotidiano propio de la cultura escolar, se trata de una forma diferente de aprender desde una forma más dinámica, activa y participativa en la transmisión de conocimientos.

A través de los Proyectos Documentales Integrados se busca lograr el aprendizaje de competencias como son: el  análisis, interpretación y síntesis de información procedente de una diversidad de fuentes; comunicación de ideas, opiniones y sentimientos de manera coherente y fundamentada; de trabajo en equipo y adaptación al cambio.

El rango de habilidades, que se desarrollan gracias a ellos, cubre un terreno amplio: saber formularse una pregunta e identificar necesidades de información, relacionar la pregunta con conocimientos previos, identificar palabras claves, frases y conceptos;  identificar información relevante, comprender contenidos en varios tipos de medios, evaluar los recursos, interpretar,  analizar información, adquirir el hábito de la lectura; la importancia de pensar sobre lo que leen, organizar, compartir y aplicar la información, pensar crítica y creativamente.

De estas habilidades, las más importantes en términos del aprendizaje del alumnado son aquellas habilidades cognitivas usadas por los alumnos y alumnas al definir el propósito, y realizar la lectura, evaluación, síntesis, escritura y reflexión asociadas a un trabajo de investigación determinado. Las habilidades relacionadas con la búsqueda de fuentes, sean impresas u otras, en la biblioteca u otro lugar, son habilidades necesarias pero subordinadas a las mencionadas.

Se trata de enseñar a nuestros alumnos a desarrollar destrezas de información (Informational Literacy) y de educación en medios (Media Literacy) mientras las están empleando en el contexto real de un Proyecto Documental Integrado, en un trabajo real de investigación, para asegurar la construcción activa. Apostando por la construcción individual y compartida de conocimientos y saberes a través de la investigación, de la búsqueda consciente y crítica de información, del cotejo de las fuentes multimediáticas, de la apropiación de la información, de dar entrada en las aulas a muchas voces más allá de los libros de texto o de la voz única del profesorado. Es preciso insistir en la necesidad de vincular estos aprendizajes a proyectos de trabajo específicos, tratando de que el aprendizaje  no sea un simulacro.

Hay que ser conscientes  de la falta de  conciencia crítica del profesorado en esta cuestión,  motivada entre otras cosas por carecer de formación  en este ámbito así como de la necesidad de promover cambios importantes en las actitudes del profesorado, ya que desarrollar  AMI  cuestiona nuestras prácticas educativas y, de alguna manera también, cuestiona la democracia real en nuestros centros escolares.

En ese largo caminar, merece la pena destacar iniciativas importantes como las promovidas por la Asesoría de Bibliotecas Escolares de Galicia que  ha aprovechado  la posibilidad de crear , en los centros escolares, una materia de libre configuración que permite un tratamiento sistemático de los contenidos AMI, en un denodado intento por visibilizar el importante cometido que las Bibliotecas Escolares tienen en la implementación de las competencias AMI.

En Galicia se ofrece a los centros una materia para 1º y 2º de la ESO denominada “Investigación y Tratamiento de la Información“, con el pertinente desarrollo curricular con identificación de contenidos, criterios y estándares de evaluación así como de competencias a cuyo desarrollo puede contribuir cada uno de los contenidos tratados. Adaptaciones de esta materia para 4º y 6º de primaria, también de libre configuración, están presentes en centros de primaria. “Investigación y Tratamiento de la Información” (1º/2º ESO) es una propuesta para facilitar el tratamiento, de forma intensiva a lo largo de un curso escolar (con una hora semanal), de los contenidos que constituyen el cerne [sic] de la denominada competencia informacional. El desarrollo de los contenidos que se proponen está ligado a la biblioteca escolar del centro concebida como un centro de recursos y de posibilidades para la lectura, la información y el aprendizaje (Campal, 2016).

Por otra parte es encomiable el  Informe “Integración de las competencias ALFIN/AMI en el sistema educativo: referencias,  contexto y propuestas” elaborado por el GTALFIN del Consejo de Cooperación Bibliotecaria,  planteando 10 medidas urgentes, la necesidad de que 2017 sea AÑO AMI y 50 sugerencias para implantar la Alfabetización en Medios e Información en el sistema educativo.

 

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