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Opinión

Entre pantallas y papel. El debate escolar como herramienta didáctica

Collage debate
Rosa Gea
Profesora de Lengua castellana y Literatura del IES Alto Almanzora de Tíjola (Almería) y entrenadora del equipo ganador del I Torneo de Debate Educativo de Andalucía

Asistimos a un escenario de cambio. Desde el nacimiento de la escritura o de la imprenta, el ser humano jamás ha tenido tanta facilidad para acceder a la información. Y, sobre todo, jamás ha tenido tal oportunidad para compartirla y formar parte de la cadena de transmisión. En este nuevo universo comunicativo del siglo XXI, la escuela juega un papel fundamental a la hora de desarrollar habilidades fundamentales para la vida real. Por un lado, no cabe duda de que gran parte de nuestros jóvenes estudiantes afrontarán retos que exigen habilidades como saber gestionar las autopistas digitales de la información. Por otro, necesitarán comunicarse oralmente de manera coherente y eficaz en múltiples contextos. De hecho, las nuevas tecnologías nos han puesto en contacto no solo para leer y escribir noticias, opiniones o crear blogs; sino, también, para hablarnos y escucharnos a través de las pantallas.

Ahora bien, esto plantea una cuestión: ¿están nuestros jóvenes preparados para discernir entre la inmensa avalancha informativa? Y, además, ¿están preparados para expresarse oralmente de forma adecuada, coherente y eficaz?

En este sentido, el debate escolar ofrece la oportunidad de afrontar estos retos desde una perspectiva integradora y en constante relación con la realidad extraacadémica por varias razones.

En primer lugar, el debate escolar fomenta el pensamiento crítico. Los equipos, formados por cuatro miembros, tienen que preparar con antelación la defensa tanto de la postura a favor como en contra de una pregunta susceptible de ser planteada desde diversas perspectivas. Esto requiere concretar el problema, valorar opciones, asegurar la credibilidad de las fuentes y priorizar la relevancia de los distintos argumentos. Esta dinámica lleva a volver a leer y volver a escribir la información a la hora de construir el hilo argumental. Este tipo de habilidades adquieren un especial valor de cara a preparar al alumnado ante futuras situaciones cambiantes y con la aparición de nueva información.

En segundo lugar, el debate desarrolla habilidades comunicativas orales que son fundamentales para triunfar en determinados ámbitos profesionales y para participar en la vida ciudadana. Por un lado, la preparación de las distintas intervenciones conlleva aprender a sintetizar las ideas construyendo mensajes eficaces y, por otro, obliga a mantener una escucha activa ante las intervenciones de los demás. A esto hay que sumar que ayuda a perfilar aspectos como el tono de la voz y los gestos.

Un proyecto más amplio: la biblioteca

Ante el hecho de que dentro del proceso de preparación de un debate, la fase más enriquecedora es la fase documental, cabe considerar este tipo de proyectos como una experiencia para promover el uso de la biblioteca como fuente de información. Para ello, una de las tareas fundamentales de los docentes es la de orientar al alumnado en el manejo de la información con pequeños retos. ¿Dónde buscar información? ¿Es fiable? ¿Cómo organizarla? Punto crucial que condiciona la calidad y profundidad del hilo argumental. Pero, además, es un buen momento para diversificar las fuentes y compaginar la información digital con la que proporcionan los recursos de la biblioteca.

Por ejemplo, se pueden incluir en pequeñas actividades el hecho de manejar un índice, buscar el significado de palabras en un diccionario o bien contrastar conceptos en diversos manuales o enciclopedias. Son pequeños gestos que se pueden aprovechar para guiar la forma de organizar la información en pantallas o a papel con un mínimo de criterio.

 

El objetivo es aprender a manejar información con fiabilidad, respetar el origen de las fuentes y considerar la relevancia de las bibliotecas como un medio que está al alcance de todas las personas.

 

Por otro lado, el alumnado debe tratar todo este acopio de información con cierta flexibilidad para poder improvisar ante las múltiples posibilidades que se pueden plantear durante el transcurso de un encuentro de debate escolar. Esto incide directamente en su desarrollo individual, dado que contribuye a fomentar su autonomía e iniciativa personal.

 

Por esta razón, resulta especialmente significativa una idea que señala Manuel Bermúdez, impulsor del debate académico en España, en su obra Manual de debate: “El debate escolar va más allá de vencedores o perdedores”. El verdadero triunfo es la experiencia de aprendizaje que vive el alumnado durante todo este proceso de preparación. Los jóvenes estudiantes se convierten en ganadores de conocimiento, vencedores de sus miedos y victoriosos del uso de la palabra.

 

En un torneo de debate educativo, los campeones son muchos más que los equipos que llegan a la final. Son la totalidad de alumnos y alumnas que integran los proyectos de debate escolar. Tras un largo proceso jalonado de pequeños retos educativos, los estudiantes tienen la oportunidad de comprobar que las mejores armas para superar el pánico escénico no son más que la comprensión del conocimiento y la planificación minuciosa de lo que al final se convierte en un sencillo guión para hablar.

 

A lo largo de la andadura de un proyecto de debate escolar, la biblioteca puede ir adquiriendo protagonismo de forma silenciosa, pero constante. Puede llegar a convertirse en el ágora que permite reunir al alumnado durante los recreos o las tardes para complementar los retos del día a día iniciados previamente en las aulas y convertirse en el escenario de encuentros de debate.

En pocas palabras, la biblioteca supone un lugar por excelencia donde buscar y cultivar las ideas que irán conformando las distintas intervenciones de los jóvenes estudiantes a la hora de debatir. Además, constituye un lugar donde dialogar y compartir un trabajo que circula tanto desde las actividades de la pantalla al papel de los cuadernos y los libros como desde el papel de los libros hacia las pantallas. La información de las pantallas parece ilimitada, pero es muy limitada si no se aprende a utilizar desde la reflexión.


Bibliografía:

- Bermúdez, Manuel y Lucena, Jorge; Manual de debate, Editorial Almuzara, 2019.

- Montolío, Estrella; Manual práctico de escritura académica, Editorial Ariel, Barcelona, 2002.

- Tusón, Jesús; La escritura, Editorial Octaedro, Barcelona, 1997.

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