Liderazgos en igualdad


Marco conceptual: Género, poder, liderazgo y empoderamiento

1.4. Empoderamiento

En relación con el poder y el liderazgo cobra relevancia el empoderamiento como concepto relacionado con el impulso del desarrollo personal y colectivo de las mujeres. Es este un concepto, cada vez más popular, aunque no siempre se emplee de manera conveniente.

El empoderamiento es un proceso a través del cual una persona o un grupo es capaz de hacerse responsable de su situación, de señalar sus necesidades e intereses y acceder a los recursos que podrían satisfacerlos.

Insistimos, es un proceso no un estado de la mujer en particular ni de las mujeres como grupo. Queremos decir que en su construcción no sólo se ponen en juego capacidades personales, habilidades, estrategias, negociaciones y pactos. El contexto juega un papel muy importante y este no siempre es el adecuado para que este proceso se dé; por ello es un proceso que, en ocasiones se estanca o, incluso, puede involucionar.

Recordarás las protestas de las mujeres iraníes tras la muerte de Misha Amini en 2022. Las mujeres que en la calle cortaban su cabello y quemaban sus pañuelos, desde entonces, desafían el orden establecido, se empoderan y luchan por sus derechos, pero esto no es suficiente. El contexto político de su país y la política estratégica impide que su lucha sea reconocida y tenida en cuenta, por esta razón, se encuentran desprotegidas y, en este sentido, no se favorece su empoderamiento, más bien al contrario, son castigadas duramente para que se mantengan en una posición de total subordinación.

Para saber más

Para saber más

En este enlace encontrarás información sobre las protestas.

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 Protestas mujeres iraníes

En este enlace encontrarás un fragmento de la película de animación Persépolis. La autora del libro gráfico es Marjane Satrapi, Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2024. Mencionamos esta obra porque representa un ejemplo de empoderamiento personal y colectivo que, aunque se inscribe en el mundo de la cultura y no en el mundo práctico, sustenta la defensa de los derechos humanos de las mujeres en Irán en un contexto social muy difícil.

Persépolis (fragmento) (youtube.com)

En contextos políticos democráticos y de reconocimiento de los derechos humanos las posibilidades de empoderamiento de las mujeres son mucho mayores, pero esto no significa que determinados colectivos y mujeres en situación de vulnerabilidad puedan acceder a los recursos disponibles en su comunidad o vivir en su cotidianidad con seguridad y con la posibilidad de hacer realidad sus intereses, deseos y sueños.

Pensemos en las violencias machistas, pero también en el relato que sobre las mujeres y su papel social o político encuentran algún hueco en nuestra sociedad y que aluden, por poner algún ejemplo, a que ahora los verdaderamente discriminados son los hombres o que cuestionan los derechos conquistados por las mujeres en nuestro país.

Por tanto, el empoderamiento tiene un carácter multidimensional que no sólo contempla los aspectos relacionados con la persona y/o grupo, sino que tiene presente el grado de reconocimiento de la sociedad en su conjunto hacia esa persona y/o grupo. En el caso de las mujeres, desde determinados ámbitos, los avances son cuestionados y, por ende, la capacidad de acceder a los recursos, de controlarlos o, incluso, de que cada mujer se coloque en el centro de su propia vida y tome decisiones de manera autónoma teniendo presente sus deseos e intereses.

Reflexiona

Reflexiona

Pongamos un ejemplo: imaginemos a una estudiante que, en una asamblea universitaria, pide la vez para hablar delante de doscientas personas. La alumna ha sido capaz de sobreponerse a su posible timidez personal, a las dudas de si el contenido de lo que quiere plantear puede ser interesante o no, o a forzar la voz si no hubiera medios técnicos que le faciliten hablar en público.

Si bien todas estas situaciones pueden dificultar que tome la palabra cualquier mujer u hombre, en el caso de las primeras hay que añadir otras cuestiones relacionadas con la cultura de género. No olvidemos que tomar la palabra en público es un símbolo y un ejercicio de poder.

Imaginemos que la asamblea facilita que la estudiante hable, supongamos que se hace el silencio y atienden a su discurso, no habría problemas, en principio, para que ella expusiera sus argumentos. Pensemos ahora que la asamblea no lo hace, la estudiante y el esfuerzo de esta por sobreponerse a las dificultades personales y culturales (de cultura de género) habrán sido infructuosas. Posiblemente la falta de atención y los murmullos acaben por silenciar su voz y quién sabe si la de otras compañeras.

Un estudiante podría encontrarse en una situación similar, pero no exactamente igual porque su cultura de género lo autoriza para hacer uso de ese instrumento de poder que se simboliza en tomar la palabra en público.

Reflexionemos a partir de este ejemplo sobre nuestra experiencia personal, en cuántas ocasiones, en ejemplos similares las voces de las mujeres son desestimadas o han de redoblar sus esfuerzos para ser atendidas, mientras que los hombres cuentan con cierto reconocimiento del cual pueden hacer uso o no, pero que, en principio, les habilita para participar por el hecho de ser hombres. Pensemos, por ejemplo, cuántas veces, el discurso de un hombre cobra más relevancia y autoridad aun teniendo el mismo contenido que el discurso de una mujer.

Con este ejemplo, queríamos hacer hincapié en que, sin duda, es muy importante que las mujeres a nivel individual y colectivo analicen, potencien y traten de expresar su empoderamiento. Pero es igualmente importante que en cada contexto las mujeres sean reconocidas y que cuenten con una imagen de autoridad.

A nivel organizacional el empoderamiento necesita de procesos pautados y estructuras que faciliten la participación de todas las personas, tanto en la toma de decisiones como en el control de los recursos. Esto para las mujeres, como género, es de vital importancia porque controlar los recursos y tomar decisiones no forma parte de su cultura de género.

En los procesos de empoderamiento individuales las personas crean o acceden a oportunidades de control sobre sus propios destinos e influyen en las decisiones que afectan a sus vidas.

En el empoderamiento colectivo se puede valorar la transformación del grupo, de la organización y quién sabe si de la sociedad misma.

En ambos casos, no se trata de acceder al poder o al control de los recursos sin más, sino de generar cambios positivos, en primer lugar, para que el resto de las mujeres puedan ejercer sus derechos humanos y de ciudadanía plenamente y, en segundo lugar, para impulsar la construcción de una sociedad plenamente democrática y justa.

En esta línea se pronuncia Marcela Lagarde (2005) cuando señala como elementos ineludibles de este proceso, reconocer la legitimidad de la autoridad simbólica de las mujeres, de todas las mujeres, más allá de sus diferencias.

Según esta autora, el empoderamiento ha de promover “poder de género”, esto es, ha de sumar poder para el resto de las mujeres. En ningún caso, puede representar un poder personal y aislado que se ejerza en detrimento de otras personas y, por supuesto, que reste poder simbólico a las mujeres como género (111-120).