Así, las águilas imperiales reintroducidas en la provincia de Cádiz han formado ya parejas territoriales estables y han logrado criar con éxito dos pollos, los primeros que nacían en Cádiz 54 años después de haberse extinguido en esta provincia. Ambos indicadores, el establecimiento de parejas territoriales y el nacimiento de pollos de parejas reintroducidas, marcan el punto de inflexión para conseguir una futura población reproductora y, en consecuencia, son considerados un avance exitoso en cualquier proyecto de reintroducción.
En 2002, la Consejería de Medio Ambiente puso en marcha, con la supervisión científica de Miguel Ferrer (profesor de investigación de la Estación Biológica de Doñana y presidente de la Fundación Migres), el programa de reintroducción del águila imperial ibérica en la provincia de Cádiz con el fin de alcanzar un triple objetivo: recuperar un antiguo núcleo reproductor, favorecer la interconexión entre las subpoblaciones existentes e incrementar la viabilidad global de la especie.
Asimismo, en 2005 la Consejería de Medio Ambiente y el CSIC iniciaron un plan específico de conservación para la especie en el núcleo de Doñana que, entre otras medidas, incluía el reforzamiento poblacional con el fin de incrementar el número de parejas reproductoras y revertir el sesgo sexual hacia los machos que se había producido durante la década precedente.
Ambos programas se basaron en estudios previos sobre genética, disponibilidad de hábitat, dinámica y demografía de la especie, impacto sobre las poblaciones donantes y análisis de viabilidad poblacional. Como resultado, entre 2002 y 2010 se liberaron 58 jóvenes águilas imperiales mediante técnicas de hacking (crianza en semilibertad) en tres enclaves de la comarca de La Janda. Siguiendo el mismo procedimiento se soltaron quince individuos en la subpoblación de Doñana.
Todos los ejemplares procedían de la subpoblación andaluza de Sierra Morena y eran pollos con un elevado riesgo de muerte por enfermedad, caída del nido, cainismo o abandono paterno, procedentes de los rescates efectuados dentro del Programa de actuaciones para la conservación del águila imperial Ibérica llevado a cabo por la Administración andaluza desde 2001.
A pesar de ello, la supervivencia registrada hasta el primer año de vida fue del 66,8%, una cifra muy similar a la registrada para la especie en otros estudios previos, y superior a la estimada en la población de Doñana a finales de la década de los ochenta del pasado siglo (solo el 39,2% alcanzaba los seis meses de vida). La diferencia se debe a las acciones de corrección de factores de mortalidad que se vienen realizando desde hace dos décadas.
No fue hasta mediados de 2009 cuando se localiza la primera pareja territorial estable en la provincia de Cádiz, formada por un macho reintroducido en 2007 en La Janda y una hembra de cuatro años no reintroducida, que se asentaron en una zona muy próxima al enclave habitual de suelta. Al año siguiente iniciaron la reproducción y lograron criar dos pollos que llegaron a independizarse. Además, ese mismo año 2010 se estableció otra nueva pareja territorial, también muy cerca de la zona de suelta, formada por un macho reintroducido y una hembra no reintroducida procedente de Doñana.
Resultados ajustados a las previsiones iniciales
El establecimiento de las primeras parejas territoriales y el éxito de su reproducción constituyen el punto de arranque de una futura población reproductora. Estos procesos son lentos, por ser el águila imperial una especie con madurez sexual retardada y baja fecundidad, a lo que se suma una tasa de suelta también baja (6,4 ejemplares al año de media en Cádiz). No obstante, la evolución observada hasta ahora concuerda con las estimaciones realizadas, según las cuales sería esperable la formación de dos parejas en los diez primeros años del proyecto.
Estos resultados son comparables a los obtenidos en otros proyectos de reintroducción con rapaces de gran tamaño desarrollados en otras países, como el águila calva o pigargo americano (Haliaeetus leucocephalus) en Estados Unidos, el pigargo europeo (Haliaeetus albicilla) en Escocia o el águila real (Aquila chrysaetos) en Irlanda. En estos proyectos, los primeros eventos reproductores tuvieron lugar entre seis y diez años después de su inicio.