Sevilla (abril de 2007). El Guadiamar nace en la población de El Castillo de las Guardas, en Sierra Morena, y en su camino hacia el sur, se extiende por el Aljarafe sevillano. Se trata del último de los grandes afluentes que recibe el Guadalquivir por la margen derecha.
El Guadiamar y su cuenca enlazan el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, en Sierra Morena, con el Espacio Natural de Doñana, en las marismas del Guadalquivir.
Repartidos entre las provincias de Sevilla y Huelva, los municipios que forman parte de la cuenca, han creado un territorio diverso y humanizado, donde los usos de la tierra han jugado un importante papel en la formación de sus paisajes: metalúrgicos, comerciantes, ingenieros, agricultores y ganaderos.
Decenas de culturas consiguieron cubrir sus necesidades aprovechando sus recursos naturales. Tartessos, fenicios, romanos, musulmanes y cristianos han dejado una atractiva historia que aún hoy es posible rastrear acercándose al patrimonio cultural del Guadiamar, con Bienes de Interés Cultural que son objeto de protección y tutela por parte de la administración pública.
La herencia arqueológica e histórico-artística se puede admirar a través de los vestigios dejados en poblaciones y propios paisajes que, en algunos casos, revelan, a través de hitos, épocas de conflicto: torres fronterizas, murallas defensivas. Otras veces, indican el aprovechamiento de algún recurso como el agua: abrevaderos, molinos, acueductos. O, incluso, marcan el carácter religioso o civil de una época: mezquitas, ermitas, iglesias, palacios. Todo un legado, en fin, que debe preservarse para su disfrute y conocimiento por generaciones venideras.
Valores naturales
El Guadiamar discurre por un mosaico de paisajes mediterráneos. Las dehesas y bosques predominantes a los pies de la sierra son sustituidos, cuando se llega al valle medio, por paisajes agrícolas. Finalmente, antes de encontrarse con Doñana, aparecen paisajes sobre arenales y marismas.
El bosque en galería, que recorre sus riberas a lo largo del valle medio, se torna unas veces espeso y otras, aclarado e incompleto. Esta linealidad que aporta riqueza al paisaje apenas queda unida por setos y lindes entre cultivos, muros de piedra entre las propiedades, o vías pecuarias: vestigios de otras épocas en las que imperaba cierto acuerdo con la naturaleza; unos trazos que tantos beneficios han aportado tanto a los cultivos como al trasiego y refugio de animales.
Por las características del paisaje, el Guadiamar se puede dividir en tres tramos:
Aprovechamiento humano
En los últimos cincuenta años, la intensa presión humana sobre la cuenca ha ido provocando la pérdida progresiva de la mayor parte de sus valores naturales y culturales. El bosque mediterráneo, los bosques de ribera y la vegetación de las marismas naturales han ido desapareciendo paulatinamente.
El cauce ha sido utilizado como vía de desagüe de vertidos agrícolas, urbanos y mineros que han mermado la calidad de sus aguas. La rotura de la balsa minera de Aznalcóllar, en la primavera de 1998, que provocó la salida de más de seis mil millones de litros de aguas y lodos contaminantes, constituyó una de las mayores catástrofes ambientales de España. Pero también supuso una oportunidad para solucionar, además, los problemas derivados de la profunda transformación que la zona venía sufriendo y que había convertido al Guadiamar en un río muy alterado.
A través del Corredor Verde del Guadiamar, más allá de la recuperación del pasillo formado por el río y sus riberas, se pretende restablecer las relaciones entre los paisajes naturales de la sierra y el litoral, que no pueden seguir aislados si se pretende asegurar su supervivencia.
También se quiere compatibilizar el desarrollo de la agricultura, la gestión de los recursos naturales, la mejora ambiental y el fomento del conocimiento y del contacto con el medio.
El Paisaje Protegido Corredor Verde del Guadiamar constituye una buena oportunidad para restablecer las relaciones entre los paisajes naturales y la conservación de la diversidad biológica, en un escenario en el que también tenga cabida el ser humano.