Los voluntarios ambientales trabajan en turnos de dieciséis días, desde el 15 de junio hasta el 14 de agosto. Los participantes realizan también actividades formativas relacionadas con espacios naturales protegidos, fauna y flora, migración de aves, y otras complementarias.
El trabajo de crianza y posterior seguimiento de las aves lo realizan grupos de cinco voluntarios con dos ‘padres adoptivos’ con experiencia en la crianza de esta especie y con un técnico de seguimiento de aves. En cada jornada, los voluntarios, en parejas, se ocupan de preparar la comida de los pollos, de su crianza en los aviarios construidos en la Sierra de Retín, o del seguimiento de los mismos por los alrededores, una vez que hayan realizado sus primeros vuelos.
Esta iniciativa, que cuenta con la colaboración de la Sociedad Gaditana de Historia Natural, se enmarca en el Programa de Voluntariado Ambiental de la Consejería de Medio Ambiente. Desde su inicio, en el año 1995, han participado en él más de 50.000 personas.
En cuanto al ibis eremita, es un ave colonial, con un tamaño medio de 70 a 80 centímetros de altura, que habita en zonas áridas o semiáridas de estepas, pastizales y campos de cultivo. Esta especie, que se alimenta principalmente de insectos y de pequeños vertebrados, nidifica y tiene su refugio en cortados y acantilados costeros. Las poblaciones del ibis eremita han sufrido un dramático declive a lo largo de los últimos siglos, provocado por la perdida de hábitat, persecución, y molestias causadas por el hombre, contaminación en tejido por pesticidas y la agricultura intensiva. En la actualidad tan solo quedan unas 250 aves en libertad localizadas en el sureste de Marruecos.