Los voluntarios, una veintena de jóvenes con edades comprendidas entre los 18 y los 30 años, conocieron también durante esos días el funcionamiento de los hábitats en los que se desarrollan las poblaciones de anfibios y las principales amenazas para estas especies.
Los jóvenes trabajaron en la elaboración e instalación de un cartel interpretativo sobre estos ecosistemas y prepararon una charca estacional que permitiera la reproducción de varias especies de sapos y sapillos.
Durante los diez días que pasaron en la Sierra Norte ayudaron igualmente a la instalación de majanos para recuperar la población de conejos, una especie clave para consolidar las poblaciones de águila imperial y lince ibérico.