Despedida y final
de esta historia.
Sitiada por tierra, conectada con todo el orbe terrestre a través del mar, en
Cádiz, gracias al agua, no faltaba de nada. Ni siquiera la nieve, imprescindible
para refrescos helados tan del gusto de los gaditanos en verano, que era
traída en barco desde puertos lejanos. En realidad fue un asedio paradójico
en el que las tropas sitiadoras padecieron más penurias y necesidades que los
sitiados. Finalmente, el 25 de agosto de 1812, abandonaron el cerco de modo
subrepticio. Se fueron sin avisar. Una despedida muy a la francesa.