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Conocer para intervenir: criterios, métodos y técnicas

El patrimonio cultural es una construcción social cuyos significados son reformulados en cada generación.

Partiendo de este concepto, en el IAPH entendemos la intervención como un proceso crítico y riguroso encaminado a conservar, evidenciar y hacer legibles los valores de los bienes sobre los que se actúa, de manera que se garantice su transmisión a las sociedades del futuro.

Este proceso crítico basa la toma de decisiones en un conocimiento profundo e integral del bien y sigue un desarrollo metodológico que, ordenado en las fases de conocimiento, reflexión, intervención y mantenimiento, garantiza la calidad de las intervenciones. La transferencia del conocimiento generado se concibe transversal a la conservación, como motor para el desarrollo sostenible de la sociedad.

El proyecto de conservación

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En el artículo 22 de la Ley se explicitan los requisitos del proyecto de conservación: La Ley 14/2007 de Patrimonio Histórico de Andalucía define el proyecto de conservación como el instrumento operativo que justifica, describe y planifica los procesos de intervención sobre bienes inscritos en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. Se trata de un conjunto ordenado de documentos en los que se definen y determinan, con carácter previo, las características y exigencias técnicas, así como las tareas científicas y operativas y los recursos de todo tipo que son necesarios para la intervención.

  1. “Los proyectos de conservación, que responderían a criterios multidisciplinares, se ajustarán al contenido que reglamentariamente se determine, incluyendo, como mínimo, el estudio del bien y sus valores culturales, la diagnosis de su estado, la descripción de la metodología a utilizar, la propuesta de actuación desde el punto de vista teórico, técnico y económico y la incidencia sobre los valores protegidos, así como un programa de mantenimiento”.
  2. “Los proyectos de conservación irán suscritos por personal técnico competente en cada una de las materias”.

El proyecto de conservación es la herramienta básica en el desarrollo de la metodología de trabajo en el IAPH. En este proceso participan diferentes profesionales para garantizar los criterios multidisciplinares que deben regir en la toma de decisiones proyectuales. En líneas generales esta metodología se ordena en las siguientes acciones:

Estudios previos > Diagnóstico e identificación de valores culturales > Propuesta de intervención > Ejecución > Puesta en valor > Memoria Final y Programa de Mantenimiento

  • Los estudios previos -que seguirán en proceso de actualización permanente durante todo el proceso- tienen como objetivo la caracterización patrimonial del objeto de la intervención. Incluyen, en función de la tipología del bien: estudios históricos, arqueológicos, antropológicos, estructural, constructivo, medios físicos de examen, caracterización de materiales, evaluación de tratamiento, etc.
  • El diagnóstico y la identificación de valores tienen como objetivo construir una lectura contemporánea del bien cultural a partir de la reflexión crítica interdisciplinar y de un ejercicio interpretativo basado en el conocimiento adquirido.
  • El proyecto justifica, describe y valora económicamente la propuesta de intervención incluyendo un informe sobre la incidencia de las actuaciones en los valores culturales del bien. Esta propuesta se basa en los siguientes criterios generales:
    • El respeto a la autenticidad (entendido el tiempo del bien cultural como suma de todos sus tiempos)
    • La legibilidad cultural del bien como objetivo
    • La compatibilidad (material y conceptual)
    • La mínima intervención
  • Durante la fase de ejecución se desarrollan materialmente las actuaciones y tratamientos de conservación definidos en el proyecto.
  • La puesta en valor, como fase final de la intervención, persigue mejorar la lectura del bien cultural y sus valores, así como hacerlo accesible desde el punto de vista físico y también social.
  • El proceso se cierra con la redacción de la memoria final de la actuación y el programa de mantenimiento como instrumentos que garantizan la buena gestión de la conservación del bien en el futuro.

La gestión documental y la representación gráfica acompañan el desarrollo del proyecto de conservación. La participación social es, así mismo, un proceso transversal a la intervención que garantiza un diálogo con la ciudadanía para la toma de decisiones consensuadas.

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