28/02/2020

Discurso del presidente de la Junta, Juanma Moreno, en la entrega de distinciones por el 28F

"Celebramos lo que somos, sí. Con orgullo de pueblo milenario, pero con la humildad de quien sabe que aún queda camino por recorrer"

Bienvenidos a este día de celebración, que es el día grande de todos los que sentimos Andalucía. De todos los que cada día, con nuestro trabajo, con nuestra ilusión, en cualquier rincón del mundo, hacemos grande esta tierra. Hoy celebramos lo que somos: Andaluces.

Andaluces con almas de luz, como nos llamó Blas Infante.

Almas de hombres y mujeres que aman a su tierra y que luchan por ella. Así lo cantó Carlos Cano. Hombres y mujeres que trabajan y se esfuerzan, que crean, cantan y lloran en andaluz; el español más hermoso de todos.

Celebramos lo que somos, sí. Con orgullo de pueblo milenario, pero con la humildad de quien sabe que aún queda camino por recorrer. Conocedores de nuestro pasado. Dueños de nuestro presente. Libres para elegir nuestro futuro. Conscientes de nuestros problemas y orgullosos de nuestros logros. Tolerantes, valerosos, poetas, emprendedores… Andaluces todos.

Hoy, mujeres y hombres de Andalucía, celebramos lo que somos y también lo que sentimos. Hoy decimos a los cuatro vientos cómo queremos que sea nuestra Andalucía: líder, fértil, solidaria, innovadora… En definitiva, mejor.

Éste no es un 28 de Febrero más. Hoy se cumplen 40 años desde que nosotros, los andaluces, pedimos, es más, reclamamos en las urnas, el derecho a la autonomía plena en el escenario de la España constitucional que entonces acababa de nacer.

Tenemos motivos para celebrarlo. En el marco de la autonomía que entonces logramos, los andaluces hemos avanzado con el paso firme de varias generaciones.

Ejemplo de esta Andalucía mejor son los 16 galardonados que hoy reconocemos como hijos predilectos, con la medalla Clavero Arévalo y como referentes en las ciencias sociales y las letras, las artes, el deporte, la solidaridad, la economía, la investigación, la proyección de Andalucía, el medio ambiente y los valores humanos.

Todos ellos son el mejor exponente de la Andalucía moderna e innovadora por la que todos trabajamos.

Festejamos que esta Andalucía ya no es aquella tierra desamparada que con valentía, incluso con arrojo, denunció Antonio Burgos, desde hoy Hijo Predilecto de Andalucía, en los primeros años 70.

En su ensayo Andalucía, tercer mundo, Antonio Burgos hizo una fiel y severa recreación de la Andalucía de aquel momento. Aquel libro y sus artículos en ABC aportaron un conocimiento profundo de las necesidades de esta tierra, también de su forma de hacer y de sentir y contribuyeron a la aparición de una conciencia propia, germen del nacimiento de nuestra autonomía.

Su estilo personal como cronista y novelista, su periodismo insobornable, su condición de maestro de varias generaciones de profesionales le han convertido en un escritor y articulista imprescindible para conocer la Andalucía del último medio siglo.

Y si hablamos de estilo personal, el de Curro Romero supera cualquier barrera de lo convencional. El maestro de Camas, medalla de Andalucía en 1993, es la plasmación en el toreo de una forma de ser andaluz lejana al tópico: la del andaluz elegante, refinado y sutil.

A lo largo de su carrera, Curro ha firmado con su pequeño capote verónicas que más que pases parecían poemas. El capote de Curro dibujaba en el aire versos de Juan Sierra y de Joaquín Caro Romero.

Me gustaría traer hoy aquí el pensamiento de otro poeta, buen amigo de Antonio Burgos, el sevillano Rafael Montesinos: “Andalucía es obra exclusiva de su pueblo”.

Y por eso, porque Andalucía es obra de su pueblo, creo que la autonomía no la ganó un partido ni una corriente política.

La autonomía la ganó una inmensa mayoría de andaluces que, sin distinción de ningún tipo, creyeron y siguieron a idealistas como Manuel Clavero o Rafael Escuredo.

Nadie mejor que el profesor Clavero Arévalo para dar nombre a una medalla con la que reconocemos los valores esenciales de lo que hoy conmemoramos y nadie mejor que Rafael Escuredo para ser el primero en recibirla. Ellos concibieron la defensa de Andalucía como una suma de voluntades.

No tendremos que buscar muy lejos, bastará con mirarnos a nosotros mismos y recuperar aquel primer espíritu, el soplo original con el que nació nuestra autonomía, para guiarnos en la consecución de nuevos éxitos.

“Un pueblo esperanzado, un pueblo que cree en el futuro, es el mejor valedor de sí mismo”. Es una frase de Rafael Escuredo, escrita en aquellos años y que hoy sigue plenamente vigente.

Rafael Escuredo creyó en el futuro de Andalucía. Lo hizo con entusiasmo y con firmeza, sin miedo a las dificultades.

Presidente en los años en los que decidíamos nuestro porvenir, apostó con rotundidad por una autonomía que nos ofreciera las garantías del desarrollo y el progreso que hasta entonces se nos habían negado.

Escuredo fue, en muchos aspectos, un visionario. Tuvo claro desde el primer momento el papel protagonista que Andalucía debía jugar en la España democrática que estaba despertando.

En la conciliación y el respeto que alumbraron la Transición, y que hoy reivindico, encontró la llave que abría la puerta a la Autonomía.

Una Autonomía que tiene referentes significativos como la prudencia de Plácido Fernández Viagas, la valentía de Escuredo y la sabiduría de Don Manuel Clavero Arévalo.

A todos ellos parecía guiarles el pensamiento de María Zambrano. Decía la pensadora malagueña: “Todo extremismo destruye lo que afirma”.

A Don Manuel Clavero rendimos desde hoy un justo aunque tardío homenaje con la creación de la medalla que lleva su nombre.

Lo acredita su autoridad moral, su sacrificio personal y su sabiduría. La altura política e intelectual de Manuel Clavero es patrimonio de los andaluces y debe servirnos de modelo en la construcción de la Andalucía del futuro.

Gracias en gran parte a ellos y, sobre todo, al talento y al sacrificio de los andaluces y andaluzas, hoy somos una realidad ilusionante, con una economía fuerte, una sociedad pujante y un territorio dotado de infraestructuras y servicios que nuestros padres y abuelos nunca habrían imaginado.

Felicidades por todo lo que hemos conseguido, andaluces. Felicidad sin complacencia. Con la conciencia de que no vivimos en una sociedad perfecta, que queda aún mucha tarea por delante.

El 28 de Febrero es sobre todo el día de los andaluces que lo están pasando mal, de los que no encuentran empleo, de las que sufren la violencia de género y de los más vulnerables. Deben sentir hoy, más que nunca, el apoyo de sus paisanos andaluces y de su Gobierno. Estamos en la obligación de dedicarles el mayor de nuestros esfuerzos. Ellos son, como el que más, partícipes de esta nueva Andalucía.

Tengamos la seguridad de estar recorriendo ya el sendero que nos lleva a superar esas injusticias y no olvidemos nunca lo que, juntos, hemos avanzado.

Que el necesario deseo de mejorar lo que aún no funciona bien no nos oculte el hecho irrefutable de la Andalucía capaz que hemos levantado los andaluces.

Que la legítima exigencia de unos mejores servicios públicos, de una mejor calidad de vida, de una relación más amable con las instituciones no nos vele la fotografía auténtica de esta Andalucía nueva que es de todos.

Trabajemos para mejorar los resultados de nuestro sistema educativo y la calidad de nuestra sanidad, pero tengamos muy presente lo que también somos: productores de una agricultura de excelencia que alimenta a una gran parte de Europa, los mayores productores de aceite de oliva del mundo y del mejor aceite de oliva, récord en exportaciones, una potencia turística mundial y pioneros en trasplantes

Y todo eso, gracias a un esfuerzo colectivo. Lo hemos hecho juntos. Hemos superado obstáculos que parecían insalvables. Hemos atravesado desiertos y soportado tormentas y aún nos queda camino, porque somos ambiciosos. Seguiremos adelante y debemos hacerlo unidos.

Yo no he venido a hablarles del pasado sino a reforzar el presente y convocarles al futuro y a hacerlo desde la excelencia que representan los galardonados de hoy.

Como la jienense María Castellano, primera mujer catedrática de una facultad de Medicina en España, experta en psiquiatría forense y derecho sanitario, y que ha hecho importantes aportaciones en la investigación de la violencia contra la mujer y en el medio familiar.

En esta batalla, que es de todos, también ha sido pionera Ana Bella Estévez. Su Fundación Ana Bella Red de Mujeres Supervivientes es ejemplo de cómo el asociacionismo puede mejorar el mundo, en este caso en el ámbito de uno de los problemas más graves que padece nuestra sociedad, la violencia de género.

La excelencia también la representa el gaditano de El Puerto, Joaquín Sánchez, futbolista del Real Betis y de la Selección Española. Joaquín transmite a todos una forma singular de entender el fútbol y de entender Andalucía, que ha llevado por todos los equipos en los que ha jugado, entre ellos el Málaga.

Joaquín, el eterno ‘JoaquínArte’, el futbolista de la finta y el sprint, nos sigue sorprendiendo cada jornada con su entrega y su pasión y con su cercanía y simpatía ha sabido llegar al corazón de todos por encima de las afinidades futbolísticas. El arte no entiende de rivalidades.

Esta nueva Andalucía que ellos representan es una tierra en busca de nuevos horizontes y esa nueva realidad necesita nuevas propuestas.

Creo llegado el día de dar un paso adelante, fundamentado ineludiblemente en el legado de quienes nos antecedieron, pero con la mirada puesta en el futuro. Es la hora de definir, entre todos, un nuevo andalucismo, el andalucismo moderno, este andalucismo constitucional del siglo XXI.

“Desechad tristezas y melancolías”, escribió Lorca. Hagamos caso al poeta y emprendamos pronto esta tarea, esencial para entender lo que ha pasado y lo que ha de pasar en Andalucía.

Vivimos un momento idóneo para asumir esa responsabilidad. Andalucía está cambiando y esa transformación va mucho más allá de las caras o del Gobierno. Participamos de un cambio de mentalidad que supera las barreras convencionales de los partidos y de las instituciones.

No podemos permanecer inmóviles en una sociedad en permanente evolución. Es nuestra obligación como gobernantes atender a esa transformación social y responder a sus necesidades y es tarea de todos dotar a esa nueva realidad de un ideario que la vincule a los principios de igualdad y libertades que nos garantiza la Constitución.

Recuperar el tiempo perdido será sinónimo de recuperar el orgullo.

Es necesario desterrar los arquetipos que durante siglos se nos han atribuido injustamente y que, aún hoy, nos hacen un enorme daño. El tópico es la tumba de la imaginación. El tópico nos atenaza y nos condena. Los tópicos se rompen cambiándolos, no diciendo que queremos cambiarlos.

Como los que ha roto a lo largo de 350 años la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, vigilante celosa de la esencia del toreo y, al mismo tiempo, pionera en la apuesta por la pintura de vanguardia en sus carteles, además de colaboradora generosa en actividades sociales y en la conservación del rico patrimonio cultural de esta gran ciudad que es Sevilla.

O como el Salón Internacional del Caballo, que a lo largo de 30 ediciones se ha convertido en el principal referente mundial del caballo en todos sus ámbitos, desde el económico al artístico, y ha ayudado a desterrar tópicos sobre este mundo tan ligado a nuestra historia y nuestras costumbres.

Hagamos como ellos y recojamos lo mejor de nuestra memoria y afrontemos con valentía un mañana para el que estamos preparados. Queremos ser lo que fuimos, sí, pero nunca vivir de lo que fuimos. Ya no somos meros espectadores del porvenir, lo estamos construyendo desde Andalucía.

Haciendo Andalucía más atractiva para la inversión, cuidando nuestro patrimonio cultural y medioambiental, trabajando para mejorar los servicios públicos, siendo cada día más transparentes. Así es como edificamos el futuro.

En nuestra Historia y en nuestra forma de ser atesoramos vocación española y universal. Tenemos un papel que cumplir en la frialdad del mundo globalizado: exportar y fomentar el modelo andaluz del sentido de la vida, que es sociable, conciliador, entusiasta e imaginativo.

Lo demuestra con su música y su poesía la malagueña Vanesa Martín, creadora de un estilo que mueve sensibilidades por medio mundo y que, después de siete discos de enorme éxito, se ha convertido en uno de los emblemas de la nueva música andaluza y española. Vanesa es una fiel exponente de la Generación de la Autonomía que está ya edificando nuestro presente.

Como lo es también Antonio de la Torre, uno de los mejores actores de nuestro cine. Ganador de dos premios Goya -es el actor con más nominaciones- y protagonista de algunas de las películas más representativas del cine andaluz y español de las últimas dos décadas

De la Torre, también periodista y escritor, es un orgullo para nuestra tierra y representa como nadie el potencial creativo del cine andaluz.

Ellos nos demuestran algo y es que el mundo es mejor con el talento de Andalucía y más bello cuando habla en andaluz.

Estas cualidades no son producto de ningún tópico ni componen ningún dogma: son una realidad compartida; el resultado natural de siglos y siglos de tránsitos humanos por esta tierra, de ser la puerta de España y de Europa a África y América.

A lo largo de siglos, hemos fortalecido lazos sentimentales con aquellos países a los que estamos unidos por Historia y cercanía, tanto en Iberoamérica como en el Norte de África.

Es más fácil gracias a personas como André Azoulay, marroquí de origen judío sefardí, andaluz y español de corazón. Consejero del Rey de Marruecos, fue el impulsor de un programa de reformas económicas y financieras determinante en la mejora de la calidad de vida de nuestros vecinos marroquíes. André, copresidente de la Fundación Tres Culturas del Mediterráneo, es un firme defensor del entendimiento entre los pueblos y las culturas y un gran amigo de Andalucía.

Desde Andalucía se han descubierto nuevos mundos y nuevas rutas. De aquí partió y aquí regresó la primera expedición que dio la vuelta al mundo, el primer paso de la globalización.

No fueron episodios esporádicos. Lo demuestra que hoy, cuando celebramos los 500 años de aquella gesta, desde el Observatorio de Calar Alto, en Almería, descubrimos planetas y exoplanetas.

Calar Alto y Sierra Nevada son las dos ventanas de Andalucía que dan directamente al Universo. A través de ellas, el Instituto de Astrofísica de Andalucía nos asoma al futuro y busca soluciones a los grandes enigmas del pasado remoto.

Los investigadores del Instituto han situado a Andalucía en la vanguardia de la investigación astrofísica y son piezas esenciales en la aventura del hombre por conocer mejor nuestro Universo. La universalidad está en nuestra cultura y en nuestro escudo: Andalucía por sí, para España y la Humanidad.

Los andaluces hemos ofrecido al mundo a lo largo de la Historia nuestro espíritu emprendedor y solidario. Muestra de ello es la inestimable labor de la Legión Española en sus misiones de paz: casi una treintena en África, Europa y Asia en los últimos 27 años.

En el centenario de su fundación, la Legión es un referente de la vanguardia y el sacrificio de las Fuerzas Armadas. Sacrificio real, como lo ponen de manifiesto los siete caballeros legionarios caídos en misiones de paz y forman parte del corazón de Andalucía desde sus unidades en Viator y Ronda. La especial relación de los legionarios con la Semana Santa andaluza pone de manifiesto su integración en la cultura y las tradiciones de nuestra tierra.

Los andaluces nos sentimos más españoles en tanto nos sentimos más andaluces. Ninguna contradicción habita entre uno y otro sentimiento. El nacionalismo disolvente que ha llevado la inquietud y a la zozobra a otras partes de España no tiene espacio aquí.

Y precisamente por ese motivo, hoy, más que nunca, España necesita a Andalucía. Necesita de nuestra generosidad y de nuestra firmeza en los valores que nos definen como pueblo. Nos corresponde una tarea fundamental en la superación de los desafíos que vive nuestro país.

Andalucía nunca le ha fallado a España, y tampoco lo va a hacer ahora.

Pero también Andalucía necesita a España. Es vital impulsar el crecimiento del empleo y alcanzar cuanto antes niveles de bienestar y progreso equiparables a las regiones más desarrolladas de España y de Europa.

Estoy firmemente convencido de que Andalucía está en condiciones de medirse con Madrid, con Cataluña o con Baviera pero sólo podremos competir si tenemos las mismas herramientas que ellas tienen.

Atesoramos un enorme potencial. Tenemos el talento, la capacidad y la fuerza y estamos transformando Andalucía para hacer posible esta ambición.

Pero es necesario contar con los instrumentos adecuados y con una financiación suficiente y justa. Los recursos que garanticen unos servicios públicos de calidad y que nos permitan abordar los retos que hemos asumido como vitales para el futuro.

Como la imprescindible protección de nuestro patrimonio natural, amenazado por el cambio climático al que somos especialmente vulnerables. Debemos convertir la amenaza en oportunidad, y situar a Andalucía en la vanguardia de la economía verde.

Lo conseguiremos gracias a personas como la catedrática de la Universidad de Granada Montserrat Zamorano Toro. Montserrat, directora de la Escuela Superior de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos de Granada, ha abierto nuevas líneas de investigación en la mejora de la gestión de residuos.

La profesora Zamorano ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional como investigadora a señalarnos el camino que debemos seguir para frenar el deterioro de nuestro planeta.

Estamos orgullosos de nuestro patrimonio natural, de los paisajes únicos de Andalucía. Compartimos un afán por proteger, impulsar y mostrar aquello que la mayoría de andaluces sentimos como propio.

La Medalla Proyección de Andalucía a la Real Sociedad de Carreras de Caballos de Sanlúcar, en su 175 Aniversario, es un reconocimiento sincero a un espectáculo único en el mundo como es la belleza de los caballos andaluces compitiendo en el hipódromo natural de las magníficas playas de Sanlúcar.

Son las carreras de caballos más veteranas de cuantas se celebran en nuestro país y uno de los principales eventos deportivo-culturales de nuestra tierra, que cada año atrae a miles de visitantes y proyecta al mundo la mejor imagen de Andalucía.

Nuestra tierra es hermosa y fértil. Lo ponen de manifiesto entidades como la Comercializadora Agrícola Verdita, producto del acuerdo entre tres firmas del sector hortofrutícola almeriense, que ha hecho de la calidad su primera seña de identidad.

La unión nos hace más fuertes, también en el campo. Verdita se ha convertido en poco tiempo en un referente nacional e internacional, con más de 4.000 trabajadores y con una producción en torno a 600 millones de kilos de vegetales en cada campaña.

La Andalucía rural es la mejor garantía para la conservación de la riqueza natural. La apuesta por nuestros pueblos pasa por la protección de su forma de vida y, muy especialmente, de uno de nuestros principales motores económicos, que es la agricultura y la ganadería.

El campo andaluz, hoy amenazado, necesita una certeza de futuro, que sólo será posible con la implicación real de todas las administraciones con medidas valientes y con recursos suficientes.

Y en este terreno, como en todos los demás, Andalucía tiene un Gobierno firme que no va a tolerar ningún trato desigual.

El principio que guió a Rafael Escuredo en el duro camino hacia la autonomía sigue hoy muy vigente: No es posible ser libres si no somos iguales. Así, nos reconoce nuestra Constitución, iguales y libres, y así, lo exigiremos en todos los órdenes y hasta las últimas consecuencias.

Que nadie piense que concebimos igualdad como conformismo. Ambicionamos el liderazgo andaluz en una España que nos necesita, porque España será mejor si Andalucía es mejor y necesitamos ser iguales para ser mejores.

Como presidente de todos los andaluces y de la comunidad donde vivimos más españoles, siento la responsabilidad y la obligación moral de defender la igualdad que consagra nuestra Constitución.

Eso hicieron los andaluces el 28 de Febrero de 1980: alzar su voz contra el intento de vulnerar la igualdad de derechos por parte de los nacionalismos egoístas y no lo consentimos. Ni entonces, ni ahora, ni nunca.

Andalucía y los casi 8,5 millones de andaluces somos hoy, como hace cuatro décadas, una garantía para el proyecto común y compartido que amamos y que se llama España.

Porque hoy, como entonces, esos principios están siendo cuestionados por intentos de romper la convivencia en igualdad de derechos y obligaciones.

Los andaluces, 40 años después, estaremos de nuevo a la altura de las circunstancias, con determinación a la hora de defender a Andalucía de cualquier intento de discriminación o privilegio. Y les invito a sumarse a ello.

Me gustaría ver una Andalucía unida en este propósito. Unida para reivindicar lo que es justo, sin importar los colores.

En esta empresa, nuestro color debe ser el andaluz y nuestra única sigla, la A de Andalucía.

Los galardonados en este 28F son el testimonio de la Andalucía de hoy que estamos levantando entre todos: integradora, orgullosa, vanguardista, plural y segura de nuestras fortalezas.

Ellos y muchos otros como ellos: millares de andaluces y andaluzas que nunca recibirán el homenaje público en un acto de estas características.

Pero que cada día, con su tesón y su talento levantan Andalucía. Son el mejor antídoto contra los prejuicios. La prueba de que Andalucía funciona y que va a seguir funcionando a pesar de los obstáculos que encontremos en el camino. Ese es el firme compromiso del Gobierno andaluz, que expresé desde este mismo lugar hace justo un año y que mantenemos en toda su extensión y con todas sus consecuencias.

El referéndum del 28 de Febrero de 1980, del que hoy conmemoramos su cuadragésimo aniversario, nos puso por primera vez ante un espejo. El reflejo nos mostró diversos, con nuestros acentos y nuestras costumbres particulares, pero firmes en el propósito de construir un proyecto común.

Que nadie contemple la singularidad de lo andaluz como una dificultad, porque es nuestro mejor atributo. La diversidad nos hace más fuertes.

Reforzar los vínculos entre todos los andaluces es otro de nuestros objetivos irrenunciables y para eso es esencial que nadie se sienta relegado. Iguales en derechos y servicios, iguales con el resto de españoles e iguales entre nosotros. Esa es la meta.

Hoy renovamos el compromiso con Andalucía que millones de ciudadanos manifestaron hace 40 años en las urnas y lo renovamos para adaptarlo a esta nueva Andalucía, ampliándolo y reforzándolo.

Queridos amigos. Creo, como el granadino Ángel Ganivet, que el horizonte está en la mirada y Andalucía es una mirada hacia el futuro.

Hoy les invito a levantar los ojos, a poner la vista en el horizonte y a imaginar la Andalucía que queremos. Les invito a soñar, pero a soñar con la mente clara y los brazos dispuestos.

En todos y cada uno de los andaluces habita la semilla de la que ha de brotar la Andalucía que queremos para nosotros y para nuestros hijos.

No vamos a eludir nuestra obligación. Podemos hacerlo si lo hacemos juntos. Muchas gracias. Feliz Día de Andalucía.

 

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