En los últimos meses de 1996, y en un contexto de ausencia de presiones inflacionistas, la economía mundial consolida la tendencia de expansión que venía reflejando a lo largo del año. La recuperación es prácticamente generalizada en el bloque de países industrializados, destacando especialmente el área anglosajona, mientras en Japón todavía persiste un cierto debilitamiento. En la Unión Europea, en su conjunto, los resultados del último trimestre confirman las expectativas de mayor dinamismo en la segunda mitad del año, si bien algunas de las principales economías han mostrado síntomas de ralentización.

En este contexto internacional, la economía española registra en el cuarto trimestre un mayor ritmo de crecimiento del PIB, favorecido por la notable aportación del sector exterior. Esta mejora se ha trasladado al mercado laboral, intensificándose el proceso de creación de empleo y reducción del número de parados, y ha sido compatible con una aceleración de la tendencia de moderación de la inflación, que ha posibilitado nuevos recortes del tipo de interés oficial del dinero.

La economía andaluza también ha mostrado un mayor dinamismo en los meses finales del año. De esta forma, el perfil de crecimiento se caracteriza por un menor ritmo de actividad en la primera mitad de 1996 y una progresiva reactivación en el segundo semestre. Con todo, el balance del año es muy positivo, superándose los niveles de actividad del ejercicio anterior, y lográndose importantes avances en el mercado laboral. Desde la perspectiva de la oferta, y tras varios años de caída de la producción, el sector primario recupera tasas positivas de crecimiento; junto a ello, los sectores no agrarios mantienen la favorable evolución observada en 1995, siendo nuevamente muy significativa la aportación de los servicios.

Por el lado de la demanda, el mayor impulso procede del exterior, con una aportación positiva al crecimiento de la economía andaluza en 1996, debido al creciente dinamismo de las exportaciones a medida que ha ido avanzando el año, y al tono más moderado de las importaciones.

En el mercado laboral, los resultados han sido muy favorables, con una notable intensificación del ritmo de creación de empleo, hasta alcanzar las tasas de crecimiento más elevadas de la presente década, y próximas a los máximos registrados en el ciclo expansivo de la segunda mitad de los ochenta.

Este dinamismo de la economía andaluza está siendo compatible con un proceso de continua reducción del ritmo de crecimiento de los precios, más intenso que a nivel nacional, situándose la tasa de inflación en niveles mínimos históricos.

Los primeros resultados que se disponen de 1997 reflejan la continuidad de estas tendencias de evolución que, de mantenerse, significarían que la economía andaluza está en una fase de crecimiento sostenido, en condiciones nominales más estables, que permitirían la continuidad del proceso de creación de empleo.



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