Durante el tercer trimestre de 1998, la evolución de la economía internacional ha venido marcada por una profundización de los efectos de la crisis económica y financiera iniciada hace más de un año en el sudeste asiático. En este sentido, y en un clima de desaceleración generalizada del ritmo de crecimiento, la economía japonesa acentúa su trayectoria recesiva, agravándose, simultáneamente, la situación económica de Rusia de forma sensible. Todo ello ha determinado un efecto contagio hacia diversos países latinoamericanos, que muestran síntomas de inestabilidad.

Como consecuencia de estos acontecimientos, los mercados bursátiles mundiales, incluidos los de los países más desarrollados, han sufrido una acusada volatilidad, con importantes correcciones a la baja, que se han trasladado, con distinta intensidad, a la economía real. Así, mientras en EE.UU. se ralentiza el fuerte ritmo de crecimiento registrado en la primera mitad del año, en la Unión Europea se ha mantenido un notable dinamismo, lo que parece evidenciar que la crisis económica internacional no está afectando de manera significativa a su economía en 1998.

En este contexto, la economía española ha seguido registrando un elevado ritmo de crecimiento, si bien ligeramente inferior al del trimestre anterior, consecuencia de una menor expansión relativa de la demanda interna, junto a un cada vez más acentuado deterioro del saldo exterior.

La economía andaluza, por su parte, se caracteriza en el tercer trimestre por el mantenimiento del ritmo de crecimiento dinámico y sostenido de la actividad productiva y la demanda, que se viene observando a lo largo de 1998.

Por el lado de la oferta, se consolidan las pautas de evolución de la primera mitad del año, con un elevado ritmo de crecimiento de los sectores no agrarios, y un menor dinamismo relativo del sector primario, tras dos años de notable expansión. Por el lado de la demanda, continúa la tendencia ascendente de evolución de la vertiente interna, especialmente del componente de consumo privado, frente al deterioro que se observa en los intercambios comerciales con el extranjero.

Estos avances de la actividad productiva y la demanda se han visto reflejados, de un lado, en un nuevo aumento del tejido empresarial; de otro, en una notable intensificación del proceso de creación de empleo e incorporación de nuevos activos al mercado de trabajo, que se desenvuelve, además, en un clima de significativa reducción de las regulaciones de empleo y de la conflictividad laboral.

Todo ello, en un contexto en el que los precios acentúan su trayectoria de contención, con tasas de inflación inferiores a la media nacional, y similares a las de la zona euro.

Estas tendencias de evolución que muestra la economía andaluza en los meses más recientes, hacen prever que en el año 1998 se alcance un ritmo de crecimiento real en el entorno del 4%, por encima de las previsiones que se contemplaban inicialmente.


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