Notas al programa. Sobre El jardín de las delicias

Orquesta Ciudad de Almería

Cuando un compositor escribe una obra maestra, en ese instante adquiere el acuciante compromiso de escribir otra que esté, al menos, a la misma altura. No es una obligación contraída con la sociedad que recibe su música. Es una responsabilidad consigo mismo: si no cumple con ella, la luz descollante de su pieza maestra ensombrece el resto de sus obras, empujándolas a un olvido probablemente injusto. No faltan ejemplos de ello en la historia de la música, pero uno de los casos más frecuentemente citados es el del valenciano Joaquín Rodrigo. Su amplia y valiosa producción ha sido eclipsada por su Concierto de Aranjuez, que disfruta de una fama que ha traspasado fronteras y que ha permanecido inalterable hasta hoy.  

Más allá de esto, la del Concierto de Aranjuez es una historia de paciencia. La paciencia de un instrumento, la guitarra, que aguardó durante siglos hasta que volvió a convertirse en un instrumento de concierto. No hay méritos individuales cuando se trata de un hecho así, pero sí puede afirmarse con poco espacio para la duda que el inspiradísimo Concierto de Aranjuez fue la obra que volvió a poner a la guitarra en un lugar que nunca debió haber perdido. Habiendo gozado de prestigio hasta la época barroca (ella y otros instrumentos de su misma familia), se vio desplazada. Durante casi dos siglos se resguardó al calor de la música popular para poder sobrevivir a un invierno tan largo. Finalmente regresó de manera brillante con el estreno de la obra que escucharemos en breves instantes, y que fue escrita por Rodrigo desde París en 1939. La guitarra volvió, y lo hizo con el orgullo de quien no ha olvidado su noble pasado. Acompañada por la Orquesta Ciudad de Almería y bajo la dirección de Michael Thomas, escucharemos su voz inconfundible; serán las magistrales manos de Tomatito las que la hagan cantar esta noche.

El segundo movimiento del Concierto de Aranjuez es una de las piezas que más adaptaciones, versiones y arreglos ha despertado en la última centuria, desde el jazz de Miles Davies hasta las bandas sonoras del anime japonés, pasando por el fado de Amalia Rodrigues y Dulce Pontes, el merengue dominicano o los coros del Ejército Rojo de la antigua Unión Soviética. Numerosísimas han sido también las adaptaciones que, más cercanas al modelo genuino, han entregado su melodía principal a otros instrumentos distintos de la guitarra, pero respetando todas y cada una de las notas que escribió Joaquín Rodrigo. Estas relecturas pueden tomarse como una suerte de traducciones que transportan a la música original a un terreno insólito, traducciones que ofrecen una mirada desde un ángulo diferente: unas veces forzado, otras veces idóneo, pero siempre estimulante.

En breve, compartiremos una de estas miradas refrescantes, la que nos ofrecerá el gran Antonio Serrano: al tiempo que sostiene su armónica, tomará también al calor de sus manos una de las más universales obras del universal Manuel de Falla, pintándola con otros colores de una intensidad muy especial. Se trata de las dos suites que aglutinan las piezas más destacadas de El sombrero de tres picos, el ballet que en 1919 lanzó la música del genio gaditano al mundo, tras su estreno en Londres a cargo de los Ballets Rusos de Sergei Diaghílev, con coreografía de Leonide Massine y decorados y vestuario de Pablo Picasso.

Podemos trazar aquí un casual y hermoso paralelismo entre la armónica, refugiada durante largo tiempo en el blues, el folk o la música escolar, y lo que le ocurrió a la guitarra durante los doscientos años previos a la composición del Concierto de Aranjuez.

Quizá tengamos esta noche ante nosotros una inmejorable ocasión para constatar que la armónica merecería una atención que, por los caprichos de la historia de la música, hasta el momento le ha resultado injustamente arrebatada. Negándole ese espacio a su voz tan característica, no hacemos sino dejar escapar oportunidades irrepetibles, excluyendo miradas que nos enriquecerían tanto como lo hará lo que escucharemos a continuación. Esta vez, será una nueva mirada sobre la música, siempre viva, de un viejo maestro, don Manuel de Falla.

Recibamos para ello a Antonio Serrano, y con él a Michael Thomas al frente de la Orquesta Ciudad de Almería.

 

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