La isla de Alborán se encuentra a mitad de camino entre la costa andaluza y la africana. En concreto, a 85 km de Punta Entinas (Almería) y 55,5 km del Cabo Tres Forcas (Marruecos). Pertenece al municipio de Almería y su faro está administrado asimismo por el puerto de Almería.
Tiene un origen volcánico. La superficie de la isla es plana y se eleva a una altura media de 15 metros sobre el nivel del mar. Es algo mayor de 7 ha, con una longitud y anchura máximas de unos 600 y 260 m respectivamente. Su perímetro de 2.000 m es un continuo de acantilados de entre 1O y 12 metros de altura, salvo por dos pequeñas playas.
La superficie de la isla es solo una pequeña parte emergida de la gran base que la sustenta, la dorsal de Alborán. La dorsal está orientada en dirección Noreste-Suroeste a lo largo de 45 km y tiene una anchura máxima de 10 km. La profundidad no supera los 200 m, aunque a los lados de la meseta hay un descenso brusco que puede llegar a entre 1.000 y 2.000 m de profundidad.
Además de la isla principal, hay islotes más pequeños cerca de su orilla: el Islote de Las Nubes, separado de Alborán por el Canal de las Morenas de unos 2 m de profundidad, las Rocas de los Moros o el islote próximo a las Cuevas Viejas.
Las principales infraestructuras humanas construidas son el faro levantado en el Sudoeste de la isla, un helipuerto en la parte central (a mediados del siglo XX hubo un proyecto para la construcción de una pista de aterrizaje que cruzaba la isla) y un pequeño cementerio en el extremo Noreste. Además, hay dos pequeños muelles en las playas de Poniente y Levante, y otras construcciones como un barracón militar, ya que desde 1997 se ha establecido en la isla un destacamento militar de la Armada de forma permanente.
La esterilidad de su suelo y la ausencia de agua potable han hecho que los asentamientos humanos hayan sido históricamente temporales. No obstante, su situación geográfica la ha convertido desde siempre en un punto de interés estratégico. No en vano, el nombre de la isla se atribuye al corsario tunecino Al Borani, del que se cree que tuvo su guarida en ella. Realidad o mito, lo que sí se encuentra documentado es la utilización de la isla como refugio de piratas y, más tarde, por contrabandistas. Cuenta con una costa recortada que ofrece refugio y varias cuevas de diversa profundidad.
También consta la actividad pesquera desde antiguo en la zona por su riqueza biológica, aunque dificultada por la actividad pirata. Cuando la situación se estabiliza en la segunda mitad del siglo XIX, se levanta el faro y se establecen los primeros pobladores permanentes: el farero y su ayudante. En 1907 nace la única persona natural de la isla conocida, una hija de faristas. A lo largo del tiempo la isla ha ido abandonándose (por problemas logísticos) y ocupándose (para gestionar o mantener el faro, salvaguardar su soberanía o proteger su entorno natural) en distintos periodos. El papel que juega el actual destacamento de la Armada es garantizar la seguridad y proteger la biodiversidad del espacio natural, añadiendo en los últimos tiempos la asistencia a inmigrantes.
La isla y su entorno constituyen un espacio declarado como Zona Especialmente Protegida de Importancia para el Mediterráneo (ZEPIM) por ser un lugar de gran relevancia en las migraciones de distintas especies de aves, peces y mamíferos marinos. En esta zona se produce una interacción de aguas del frío océano Atlántico y el cálido mar Mediterráneo, lo que deriva en un particular ecosistema de gran valor medioambiental.
Entre la fauna marina asociada al entorno cabe destacar la presencia de delfines, ballenas y tortugas marinas, además de especies con interés comercial como el mero, el pargo, la brótola de roca, la gallineta o la langosta común, típicas de fondos rocosos. Aunque también se capturan otras especies como sardinas, jureles, cigalas, rapes, merluzas o gambas rojas. El equilibrio entre la preservación del medio y la explotación pesquera se gestiona desde las condiciones fijadas para la actividad en la reserva marina. Dicha reserva establece dos zonas de reserva integral donde se prohíbe toda actividad pesquera y subacuática: una franja de media milla náutica alrededor de la Isla de Alborán y un círculo de media milla náutica de radio desde el entorno del bajo conocido como Piedra escuela. Además de otra franja de una milla náutica alrededor de la isla donde solo se puede ejercer con autorización y de forma restringida.
Entre el fondo marino encontramos especies de flora y fauna invertebrada protegidas como algas pardas, bosques de laminarias, corales (en particular, el coral rojo fue muy explotado por su valor comercial) o esponjas. Y entre la flora de la superficie podemos citar los endémicos: botoncillo o manzanilla gorda de Alborán, jaramago de Alborán y azuzón de Alborán.
En cuanto a las aves, destacar que es zona de cría para la gaviota patiamarilla y la gaviota de Audouin, entre muchas otras que se establecen de forma temporal.
Si quieres conocer más sobre esta isla, puedes consultar:
Entre África y Europa: Historia natural de la Isla de Alborán
Red de Información Ambiental de Andalucía (REDIAM)
Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente











