El río Genil es el principal afluente del río Guadalquivir. Nace en la provincia de Granada y se une al Guadalquivir en la de Córdoba tras recorrer unos 360 km de longitud y descender más de 2.000 metros de altura.
En su nacimiento se forma a partir de las contribuciones de ríos de montaña como el Valdecasillas o el Valdeinfierno, que parten a su vez del deshielo y las lagunas de alta montaña de Sierra Nevada.
La laguna de la Mosca, en la cara norte del Mulhacén es un ejemplo representativo de los numerosos aportes que recibe el río Genil en su origen. Desde esta laguna, alimentada de forma abundante por el deshielo de las cumbres de Sierra Nevada, nace el río Valdecasillas, cuyas aguas acaban uniéndose al Genil.
Tras acumular aguas en el embalse de Canales, el Genil llega a la capital granadina corriendo en paralelo a la carretera de la Sierra. En la ciudad se encuentra canalizado, en gran tramo custodiado por paseos y parques, y salvado por numerosos puentes. En plena Granada es donde el río Darro se une al Genil. El Darro pasa junto a la Alhambra por el lado norte y queda embovedado a la altura de Plaza Nueva para continuar por debajo de la ciudad. Pasa bajo la calle Reyes Católicos y en Puerta Real hace un giro para recorrer la Acera del Darro, al final de cuya vía conecta con el Genil en ángulo recto.
Destacar que en el entorno de la capital se ha extraído de oro tanto del Genil como del Darro desde época romana hasta la actualidad. El procedimiento consiste en depositar tierra del río en una batea (un plato hondo y grande) y hacer un lavado para que los materiales menos pesados sean arrastrados por el agua y los más pesados (el oro) permanezcan en la batea. Sin embargo, el oro que puede obtenerse en la actualidad se presenta en pequeñas láminas milimétricas o de menor tamaño que no lo hacen rentable, además de por otros motivos: falta de agua suficiente, conservación de la propia Alhambra o problemas de contaminación.
Superada la ciudad, el río y sus afluentes (Dílar, Beiro, Salado,…) dan vida a la Vega de Granada, una amplia llanura rodeada de montañas donde se ha desarrollado una agricultura con alta productividad y se han asentado grandes núcleos de población.
La Vega de Granada abarca el amplio espacio desde la capital hasta Loja. Viajeros y escritores se han maravillado de la fertilidad de sus campos y huertos desde la época de al Andalus, dejando constancia de sus impresiones:
Por este lado, hacia el Mediodía, la vista se extasía con las exuberantes bellezas de la vega: la floreciente feracidad de arboledas y jardines e innumerables huertas, por donde se extiende caprichosamente el Genil como una cinta de plata, acrecentándose por multitudes de arroyos encauzados en viejas acequias moriscas, que mantienen la campiña en un perpetuo verdor; por aquella otra parte, los placenteros bosques, cármenes y casas de campo, por las que los moros lucharon con desesperado valor; las alquerías y casitas, por último, habitadas al presente por campesinos, en las cuales se conservan vestigios de arabescos y de otros delicados adornos, que demuestran haber sido moradas suntuosas y elegantes.
Cuentos de la Alhambra, Washington Irving (1832)
Tras superar la Vega de Granada, las aguas del Genil se reúnen en el embalse de Iznájar. Es el mayor de Andalucía y se extiende por las provincias de Córdoba, Granada y Málaga. Construido entre 1958 y 1968, tiene una capacidad de 981 hectómetros cúbicos y un perímetro de más de 100 km.
Continuando el recorrido por el río, pocas localidades pueden estar más ligadas al mismo que Puente Genil, en la campiña cordobesa. En su orilla se encuentra un magnifico ejemplo del aprovechamiento del curso del agua. En un extremo de la isla del Tarajal (o del Obispo) se levanta en el siglo XIX la fábrica de harinas San Cristóbal. Para que el agua tuviera la fuerza necesaria para mover la turbina del complejo industrial se desviaba agua a un canal de 550 metros, haciendo uso de una presa. Unos años más tarde se instaló en el mismo edificio una dinamo para disponer de una pequeña central hidroeléctrica (pasando a denominarse La Alianza) que alimentara de electricidad al alumbrado público.
Asimismo, el río ha marcado la historia de Écija desde la antigüedad, instalándose sus primeros pobladores en una elevación junto al Genil. La vecindad del río facilitaba una vía fluvial de transporte que conectaba con el río Guadalquivir y abastecía de agua a los cultivos de los alrededores de la ciudad. Sin embargo, la dualidad prosperidad – riesgo siempre está presente en las proximidades de los ríos. Las inundaciones y los daños han sido una constante desde antiguo:
Y que en Écija le llevó el Genil los molinos, lavaderos y aceñas, casas, huertas, ganado y gente, y entró en los almacenes de aceite, y los destruyó sin dejar ninguno.
Relacion de la grande ruyna que ha hecho el rio Guadalquiuir en Seuilla, Triana y sus riberas, Alcolea y Cordoua, y assi mismo la q[ue] hizieron los rezios ayres, arroyos y rios en Granada, Ecija, Anduxar, Loxa, Antequera, Sanlucar y otras partes de Andaluzia, de Juan Serrano de Vargas Urueña (1618)
Como en tantos otros puntos de la geografía, el trabajo para minimizar los posibles daños ante lluvias torrenciales y consecuentes crecidas de los ríos es constante.
Adentrado en una campiña sevillana de terreno llano y colinas bajas, el río tiene un discurrir caprichoso entre espacios agrícolas de cereales, olivos, algodón y girasoles. Tras superar Écija y Palma del río, el Genil incorpora sus aguas al Guadalquivir. En este contacto con su afluente, el Guadalquivir ensancha su cauce formando varias islas pobladas de vegetación.
















