La sierra que se levanta a espaldas de Granada es la clave del ciclo del agua
que organiza la vida desde las cumbres a las tierras de la Vega. La humedad
traída por los frentes borrascosos se condensa en las alturas aumentando
las precipitaciones. En las cimas, el delicado equilibrio entre los tres estados
en que se nos presenta tan preciado recurso se inclina sin disimulo hacia el
líquido y muy especialmente al sólido. Agua abundante pero congelada, en
unas condiciones de glacial hostilidad, que exige especiales adaptaciones
para que la vida se desenvuelva.
Poco a poco, conforme aumentan las temperaturas, el inmenso depósito
de hielo y nieve acumulado durante los meses fríos se transforma en agua
líquida que reactiva el ciclo. Agua que se infiltra en el subsuelo, que alimenta
lagunas, fuentes y borreguiles hasta terminar en torrentes y acequias que
irrigan las tierras bajas para, en último término, acabar en el mar.
Agua
& Naturaleza
(