El progreso de las sociedades se tasa habitualmente en fórmulas estadísticas que calculan el volumen de exportaciones, el Producto Interior Bruto o el consumo de electricidad. El bienestar de los pueblos se relaciona con el número de profesionales sanitarios, la tasa de absentismo escolar o la cifra de universitarios. En todos esos ámbitos, Andalucía ha dado pasos de gigante en los últimos años. Nuestra tierra aparece hoy mejor posicionada en las tablas en las que se mide el avance y el florecimiento de los territorios. Exportamos más que nunca y a más países que nunca, el desempleo baja más rápido y el número de empresas se incrementa más que en el resto de comunidades autónomas, y nuestra sanidad tiene más médicos y más enfermeras de los que nunca haya tenido. Es evidente que queda mucho camino por recorrer, y en ello estamos, pero es legítimo que los andaluces nos sintamos orgullosos del cambio experimentado, e ilusionados por alcanzar nuevas metas que ya se vislumbran en el horizonte.
Hay una estadística, sin embargo, que ninguna consultoría se ha preocupado en analizar: la estadística del abrazo. Sabíamos sobradamente que los andaluces somos líderes en solidaridad. Nos lo ponían de manifiesto datos como el de donación de órganos, donde Andalucía destaca cada año como un pueblo generoso, capaz de entregarse en cuerpo y alma a quien lo necesita. Y nos lo han demostrado las dos últimas desgracias que, tristemente, hemos vivido en nuestra tierra, el accidente ferroviario de Adamuz y el tren de borrascas que ha asolado gran parte de nuestros campos y que ha afectado a muchos de nuestros pueblos.
El ejemplo de entrega y cariño demostrado por las buenas gentes de Adamuz y Ronda, que se podría hacer extensivo a todos los pueblos y ciudades de Andalucía –sólo había que ver las colas para donar sangre en las horas posteriores al accidente, o los ofrecimientos de enseres para las familias desalojadas a causa de las inundaciones–, ha desvelado al mundo nuestra condición de hombres y mujeres solidarios, por España y la humanidad, como proclama nuestro himno.
Por eso, hemos querido que el logotipo principal de la ceremonia con la que hoy celebramos el Día de Andalucía refleje, precisamente, dos manos que se aproximan, el abrazo infinito que los andaluces damos al mundo. Celebremos nuestra prosperidad económica y social, sigamos trabajando para alcanzar nuevas metas, pero nunca olvidemos el profundo sentido de humanidad que nos hace únicos.
Juanma Moreno,
Presidente de la Junta de Andalucía.
Feliz Día de Andalucía