En algún momento de 1954 se dio el pistoletazo de salida a “aquello” que sería conocido como rock’n’roll. Ya sabemos que en realidad “aquello” estaba ahí desde años antes, que era música de negros o que originalmente el término hacía referencia al sexo. Da igual. Fue en 1954 cuando “aquello” explotó, cuando se expandió y después se globalizó, cuando a millones de jóvenes les descubrió un nuevo lenguaje de rebelión y disfrute. Estamos hablando, muy seguramente, del seísmo cultural juvenil más importante de la historia. A veces cuesta creer que setenta años después “aquello” siga con vida. Y no solo eso. Gracias a artistas como La Perra Blanco te das cuenta de que ese viejo lenguaje sigue conectando con la gente, despertando emociones y teniendo sentido.
Cuatro años después de su debut discográfico se edita “Get it out”, el segundo álbum de La Perra Blanco y, sin ninguna duda, lo mejor con diferencia de toda su trayectoria -al menos por ahora-. De aquel diamante en bruto se han pulido las aristas y aumentado el brillo. Lejos de agarrarse a una fórmula, La Perra da un paso adelante y expande su territorio sonoro. Su rockabilly primigenio avanza hacia ese rhythm n’ blues que tanto la atrae o hacia melodías más pop; ambos movimientos son un acierto. La composición es otro gran punto a favor en este disco que podría contar con varios singles; “Treat me (like a man should do)” arranca rezumando hammond y avisa desde el comienzo que esto es otra cosa. Ese “Came back home” de piano honky tonk con la voz invitada de Carlos Tarque. La inquietante y oscura “My mind”, o los deliciosos y melódicos “My dream” y “Please don’t break” que ya se sitúan entre las mejores canciones firmadas por La Perra Blanco.
Desde que apareció en escena Alba Blanco (La Perra Blanco) dejó claro que los clichés no iban con ella. Llegaba desde la Línea de la Concepción y se convirtió de inmediato en el soplo de aire fresco que este estilo necesitaba de forma urgente. La Perra impresionó por su juventud, por su forma de romper moldes, por no aceptar los estereotipos establecidos. Pero especialmente nos cautivó por su ferocidad tocando la guitarra, por su forma electrizante de moverse, por sus mensajes actualizados sin olor a naftalina y por un incuestionable bagaje musical. Hacía olvidar todo lo insustancial y quedarse con lo que de verdad importa; “aquello”, “esto”, el rock’n’roll.
Diego R.J.