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Notas al programa: Lenguas malas

Lenguas Malas

Son pocos los que podrían afirmar que no les gusta el cotilleo y los chismes. Una gran mayoría caemos inevitablemente en las habladurías con nuestras comadres y compadres. Y caemos, además, desde hace muchos años. ¡Siglos, incluso! Del reflejo musical de esta cotidiana afición a comentar los derroteros de las vidas ajenas en el Renacimiento español va este programa.  Aunque hay algo más: las acciones que se comentan, normalmente fuera de la moral convencional, sirven a los compositores para reflexionar sobre la moral en general y proponer seguir de cerca las enseñanzas de la religión. Muchas veces, esto se consigue a través de la figura de las mujeres: ellas portan, según el modelo de la época, el pecado (Eva) y la salvación (Virgen María). Se da así una compleja relación entre lo que de hecho sucedía, lo que se contaba que sucedía y lo que se creía que se debía hacer. Me temo que, en esto, no hemos cambiado mucho, pues seguimos con conflictos similares. El nombre del programa deriva de una de las piezas que escucharemos al final, Corten espadas afiladas, donde se condenan las noticias falsas y se reflexiona, brevemente, sobre el daño que puede hacer, pidiendo a Dios que se nos libere de ellas.

Musicalmente, el concierto está articulado en torno a “ensaladas”, glosadas de alguna forma con otras piezas, sobre todo villancicos. Una ensalada es la mezcla de pequeñas piezas que, juntas, cuentan una historia. Es decir, es una suerte de  (proto) teatro musical sin representación de carácter popular. Las pequeñas piezas son de diferentes estilos, algunas adaptadas de obras ya conocidas por la gente y otras de nueva creación. Además, se utilizaban diferentes idiomas y, al final, se incluía una reflexión en latín, que hace las veces de moraleja de la historia. Los villancicos, por su parte, no estuvieron asociados sino hasta el siglo XVI a la Navidad. Antes hacían referencia a música popular de las “villas”, de ahí su nombre. Lo interesantes de los que aquí aparecen es que, aunque tratan en muchos casos temas religiosos, se hace desde la cotidianidad y cercanía, como si estos asuntos fuesen también un tema más de las tertulias cotidianas.
Se abre con Sus, sus, sus, un villancico de la ensalada La Trulla de Bartomeu Cárceres.   En La trulla, que significa “bullicio”, diferentes pastores llegan de diferentes puntos geográficos y cantan -cada uno en su idioma- a la virgen, hasta que ella misma se anima a cantar para agradecer haber sido elegida para ser la madre de Jesús. Éste también interviene con un alegato amoroso a su madre. En el fragmento que vamos a escuchar, los pastores cantan todos juntos a la virgen. Como vemos, es una música festiva y alegre: la virgen ya no es una entidad abstracta, alejada, sino cercana, familiar: el cielo ha bajado a la tierra. Es el primer ejemplo de esta confrontación entre las dos mujeres (Eva y la Virgen), pues ya se nombra que la Virgen viene a “remedir el daño de Adán”. En la misma línea se encuentra el villancico anónimo Dadme albricias hijos d’Eva, perteneciente al Cancionero de Upsala, que celebra que haya nacido el “nuevo Adán”. Tiene una estructura de pregunta y respuesta, imitando así la situación de diálogo.  Antes escuchamos Verbum caro factum est, otro villancico anónimo de la misma colección, donde también se celebra el nacimiento de Jesús, algo que se anuncia en el mismo título: “el verbo se hizo carne”. Tiene cierto carácter de danza. Esto remarca la artificialidad de la posterior división rígida entre la música “culta” y la “popular”. Tratar temas sacros o de gran relevancia social solo se transmitían entre todo tipo de gente si se narraban mediante recursos populares, algo fundamental en un contexto en el que la educación no estaba al alcance de una gran mayoría.  

Riu riu chiu, también del Cancionero de Uppsala, elogia la pureza atribuida a la Virgen, representada en el texto como una “cordera” que Dios protege de los lobos mediante un río que intermedia entre el rebaño y los depredadores. Los lobos harían las veces de la serpiente en otros contextos, como amenaza alegórica del pecado. Riu riu chiu, hace referencia o bien al propio río o bien al martín pescador (“guardarríos”), un pájaro que advierte de posibles peligros en las orillas. Que no les extrañe encontrar similitudes entre Riu riu chiu y Falalalán, falalalera: ambas son asombrosamente similares, aunque no coinciden en temática, pues ésta última pieza, aunque celebra el nacimiento de Jesús, también habla de un nuevo matrimonio. Es habitual encontrar en distintas épocas de la música, una revisita o reutilización de materiales musicales: ya sea porque los compositores no daban abasto para componer siempre obra nueva (no había, como ahora, un canon de música que se interpretase una y otra vez), o bien porque era música popular que iba experimentando modificaciones según pasaba a unos y otros o bien por otros motivos que desconocemos, pues solo conocemos lo que nos ha llegado escrito -y ya sabemos que solo una minoría podía escribir en aquellos años-.

El Jubilate es una ensalada compuesta tras la batalla de Pavía (febrero de 1525), donde se enfrentaron Carlos I de España y V de Alemania y Francisco I de Francia. La exaltación hispano-alemana, gracias a la victoria frente a Francia, marca significativamente el texto. Lo que aparentemente es, de nuevo, una alabanza a la Virgen y al nacimiento de Jesús, se convierte en una burla a Francisco I, al que el diablo llama “poltrón François”, es decir, “Francisco holgazán”. El diablo es un personaje que se burla de la pureza de la Virgen, la cual, al final, le hace que baile ridículamente una “girigonça”
El programa sigue con una visita a canciones de amor y desamor, uno de los temas predilectos del Renacimiento y, diríamos, de toda la historia). Dindirindin era un hit renacentista, muy conocido y querido en muchos lugares de España. Trata de una doncella que le pide a un ruiseñor que le diga a su amante que no puede ir a verle porque ya está casada: el equivalente a que hoy nos dejen por Whatsapp o Email... En Pase el agua es al revés: es el amante el que le pide a su amada que coja tres rosas, que simbólicamente representa la virginidad: es decir, le pide que se la entregue y, por tanto, se comprometan -según la moral de la época-. También Prado verde y florido, de Francisco Guerrero, trata sobre el desamor: un pastor le pide a la naturaleza, a la que se siente tan cercano, que “ablande” a su pastora. Es una música meditativa e interior, como una especie de monólogo que el pastor lleva a cabo consigo mismo. Ese carácter intimista también se encuentra en Si la noche haze escura, donde no es tan importante el texto sino el “afecto”, o sea, la emoción que transmite. El uso de las disonancias y la forma de marcar cada frase intenta imitar, aparentemente, el llanto de la muchacha por su amado. Teresica hermana, también incluida en el Cancionero de Uppsala, no es una canción espiritual precisamente: es una hermosa declaración de deseo entre el que escribe, probablemente un trovador que llama a su amada Teresa (sabemos que es un cantor popular por eso de “de la fararirirá”, que es como decir “lalala” -como Massiel) y el de la propia Teresa, una monja -que, por lo visto, no tiene una gran vocación-. El tema, por tanto, no es en realidad el deseo o amor entre ambos, sino la prohibición. En la misma línea va El fuego, donde se habla de la tensión entre la pasión y la pureza. Lo que se nos invita es a echar agua sobre nuestro “fuego interior”, es decir, a controlar nuestros deseos. En Huyd, huyd se nos habla de una experiencia habitual: la fragilidad del amor, que nos puede hacer pasar del gozo a la pena en cuestión de segundos.

La tricotea es una pieza atribuida simplemente a alguien llamado Alonso incluida en el Cancionero de Palacio. Básicamente, la letra no significa nada que sepamos. O bien era un juego de palabras, o una broma, o algo comprensible en la época o, como proponen algunos teóricos, un intento de imitar el guirigay lingüístico de algunas tabernas (lo que explicaría la mezcla de idiomas). Lo interesante es que la música acentúa la fonética de las palabras, por tanto nos encontramos con uno de los primeros ejemplos en los que la fonética es ya interesante de por sí. La justa es una de las ensaladas más complejas. Representa la salvación de Cristo mediante la metáfora de un torneo medieval: ¡como vemos, no escatimaban en figuras dramáticas! Musicalmente, se representan los caballos o el bullicio y se recurre a un gesto de gran modernidad: la referencia directa al público mediante el personaje de Juanilla. La Bomba, por último, es una historia de aventuras: el barco en el que navegan unos marineros sufre un accidente. Ya se ven morir y deciden rezar a todos los santos que conocen y prometen meterse a monjes si se salvan. Finalmente avistan un barco que les salvará. Tras celebrarlo cantando una versión de Dindirindín (narrando incluso el proceso de afinar la guitarra), se desdicen de la devoción.


Marina Hervás, julio de 2019

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