La libertad duele

F. Javier Franco Miguel

A veces, un poemario pude ser el resumen de la búsqueda de toda una vida. Puede ser el descubrimiento de algo tan evidente que, durante toda una vida, había quedado desapercibido: la libertad duele.

Es el dolor de la libertad el que nos llama a la lucha. La libertad que duele es la que nos obliga a elegir, a sacrificarnos por ser nosotros mismos, por no ser manipulados ni por dioses ni por hombres. Esta es la auténtica libertad. Y en la búsqueda y descubrimiento de esta libertad se desarrollan los versos de esta obra. Una obra, por mi parte, madurada, macerada, fermentada y reposada, hasta dar con las palabras exactas que, encajando unas con otras, den el sentido preciso a la reflexión que se quiere rescatar de dentro del yo interno.

Tras introducirnos en el sentido del dolor de la libertad, partiendo de un apunte sobre el fresco de Masaccio “La Expulsión del Paraíso”, son cinco las paradas que nos propone el poeta en su recorrido plagado de reflexiones, de conclusiones –a veces tajantes- sobre la vida, sobre la existencia, sobre el cosmos, sobre la justicia, sobre la humanidad, sobre la esperanza/desesperanza, sobre la soledad y, sobre todo y ante todo, sobre la libertad.

En la primera parada (Náutica del ser), el poeta reflexiona sobre el porqué y el para qué de la existencia, sobre las relaciones del hombre con el cosmos y consigo mismo, e, incluso, sobre la relatividad de los conceptos de bien y mal.

En una segunda parada (El rastro del vagabundo), el poeta es un vagabundo que recorre sin destino un mundo tanto interior como exterior, o, más bien, los efectos interiores de esa conexión con el exterior, y ello reflexionando acerca de la justicia, la crueldad, la insolidaridad o la religiosidad, con momentos de un extraño misticismo agnóstico.

Una tercera parada (Vacíos) sirve para reflexionar sobre la muerte, la muerte o la nada, a veces lo mismo, la soledad y los vacíos que van ahuecando nuestro espíritu poco a poco para ir carcomiéndolo en forma de celdas de panal o más bien de columbarios.

La quinta parada (Condenados) es la más extensa, y en ella el poeta se carga de realismo para afrontar esa condena inevitable que es la vida. La vida descarnada, sin condimentos ni edulcorantes, desarrollándose en un entorno tan real como sucio. Todo lo humano se muestra con una crudeza sin paliativos, si bien también se vindica la rebeldía, fruto de la indignación, la rebelión en cantos de denuncia, en una más que remozada poesía social.

La quinta y última parada (Vacíos de nuevo) es un regreso que, en realidad, es un complemento, es un prisma distinto de una misma visión, más que de la muerte es de la soledad, la soledad rodeados de mundo, los paraísos perdidos de adolescencia, juventud, inocencia… Ante la realidad de la nada que nos va devorando poco a poco, sólo nos queda la lucha, la lucha por preservar los restos de libertad que nos van quedando, esos que duelen, porque si ya no duelen es que los hemos perdido definitivamente.

Por último, se cierra el poemario volviendo al lugar primigenio, al dolor de la libertad y a cómo nos mancha, en el más peyorativo de los sentidos, el asentarnos en la indiferencia y no luchar por ella, por sentir su dolor que es tanto como sentir que aún queda sentido en el estar vivos.

Talón de Aquiles
Poesía
Adulto

F. Javier Franco Miguel

En 1984 cofunda en Guadix (Granada) el «Colectivo 'Sustari'», con el que ha publicado varios poemas en la obra colectiva Antología Poética (1993), el poemario La Puerta del Desierto dentro de la obra colectiva Menacir (Colección de poemarios) (1998), y Los Cuentos de la Accitania dentro de la obra colectiva El imaginario vientre de la tierra (2007). Individualmente ha publicado el poemario Perros Despeñados, con la colaboración del pintor y catedrático almeriense Diego Bonillo (1990), el relato en separata Cuento de Rómulo (2008), la novela Himilce (2009), y el poemario La libertad duele (Talón de Aquiles, 2019); así como diversos poemas, relatos y artículos, entre otras, en las publicaciones Ideal (Almería), Wadi-as (Guadix), Iris del Guadalentín (Lorca), Tapia (Madrid), las revistas electrónicas Absolem y Gealittera, y en distintas antologías. Ha sido ganador en 1986 del «IV Premio Provincial Pedro Antonio de Alarcón de Relato» (Guadix) y del «Premio de Poesía “Semana de las FAS 1986”» (Almería) y en 2012 del «X Premio de Relatos de Invierno» de Ideal (Almería). En 2013 obtuvo el Segundo Premio en el «VIII Concurso “Candil Literario” de Cuentos y Relatos» (Huércal de Almería) y en el «I Certamen Accitano de “Poesía Viva”» (Guadix). En 2008 fue Segundo Finalista en el «I Premio de Relato Hiperbreve “Emaús”». En 1980 quedó finalista en el «Certamen de Artículos sobre la ‘Nueva Ola Madrileña’» de Radio 3-RNE y en 2019 en el «V Concurso de Sonetos “Postales de amor”». Ha sido galardonado con otros accésits y menciones.