Una historia corriente
Iván GoncharovAleksandr llega a Petersburgo procedente de su aldea natal, lleno de fantásticas ideas sobre la vida, el amor, el trabajo como proceso de creación… Pero en la ciudad su tío, a cuya tutela ha sido encomendado, pretende hacerle ver que las efusiones sinceras, como él denomina a la espontánea emotividad del muchacho, y los sentimientos elevados, son adornos superfluos, inadmisibles en el ajetreo cotidiano de la vida en la ciudad.
Aleksandr cree en la amistad, en el amor eterno, en la necesidad de crear del hombre, en satisfacer los anhelos espirituales de un alma pura e ideal. Piotr cree en el trabajo, en el dinero y en las comodidades que éste proporciona, en la necesidad de ser útil a la sociedad en que vivimos, y pretende demostrar a su sobrino que sus ideas son un lastre. Su sobrino, sin embargo, se niega a creerle.
Pero la realidad es testaruda. Y cuando el joven Aleksandr sufre un desengaño amoroso, acompañado de algunas otras penas personales, advierte que todo aquello en lo que él creía no son sino vanos sueños. Comprendiendo que su tío tenía razón en cuanto postulaba, le parece no obstante que la vida, si no se dedica a perseguir nobles ideales, carece de sentido. Así, decide volver a su aldea. La apacible vida campestre acaba sin embargo por aburrir a nuestro joven héroe, que comprende que no hay más bello ideal que llevar una vida activa, laboriosa. Vuelve pues a Petersburgo, dispuesto a seguir punto por punto las recomendaciones de su tío.
