Los turistas ciegos
José Luis AmaroTras siete años de silencio editorial, José Luis Amaro vuelve con Los turistas ciegos, un libro intenso que llega para adentrarse en la incertidumbre, para mostrar cómo la obsesión es un motor esencial de la escritura, planteando a la vez el viaje como indagación y metáfora de un más allá que, turistas ciegos, escapa a nuestras miradas, perdiéndose en el espacio: intuimos que tal vez, pero no se sabe, como esa nave que provoca uno de sus recorridos: lugar de soledad como ser humano; lugar de aglomeración como ser cultural de invasión.
Signados por el fracaso y la derrota, también por el suicidio, comparecen en el libro una serie de escritores y personajes emblemáticos de los que el poeta, como “correlatos objetivos”, se sirve para dar expresión y cauce a una serie de estados de ánimo, como si viniera para decirnos “aquí estoy yo”, y ese yo no sólo incumbe a la persona física, sino también al personaje en el que ha acabado ensamblándose, ese turista de las palabras.
Un turista que habla de viejos hospitales psiquiátricos, de la pastilla colectiva, de las aspas en movimiento de un ventilador, de la calma falsa, de la central de la quietud, de calle Lamarmora 35, en Turín; que nos recomienda “Y ahora, a casa a dormir”. Y hoteles, hoteles emblemáticos repartidos por el libro, mientras queda siempre alguien para dar las buenas noches; alguien que está hablando de una manera coloquial, turista, de relacionarse con el mundo. Y si cabe leer “El látigo y el don” como una variante de poética, en “Poema de los días previos” será la inquietud la encargada de alojarnos en la pregunta.
Las referencias literarias, la intertextualidad, la reflexión metapoética, son recursos a los que se acude para proponerle al lector un diálogo; recursos no ajenos a la escritura de José Luis Amaro, ahora acentuados en sus rasgos inconfundibles. La emoción de la experiencia vital y la intensidad del discurso literario, confluyen en Los turistas ciegos a través de una depurada técnica, esa manera de perfilar y escamotear significados, de presentar yuxtaposiciones, abriendo la gama de posibilidades. Y para abrir ese espacio se nos brinda un arsenal de metáforas; lamparita encendida en la habitación de un hotel, irradia la tristeza.
(Córdoba, 1954), fue componente de la revista Antorcha de Paja, una publicación fundamental en la renovación de la poesía española de los setenta y ochenta. Ha publicado Erosión de los espejos (1981), Despojos de la noche (1983), Huellas en el cristal (1984), Poemas sacramentales (1986), Muerte de un ilusionista (1993), La piel de los días (1998), Fronteras de niebla (1999), Carretera (2003) y La fábrica del humo (2006), además de varios cuadernos de poesía : Pretérito imperfecto (1992), Madriguera (1993), Latidos de Nueva York (1997) y Sentido de frontera (1998). Según el amigo imaginario, para José Luis Amaro un poeta resulta válido si puede ser habitable, es decir, si puede ser compartido por otro hombre en la posición de lector, una figura necesaria para que el trasvase de poema a poesía se realice, pues como afirma Stephen Spender, "la poesía no enuncia verdades : enuncia las condiciones dentro de las cuales es verdadero algo sentido por nosotros". Sus poemas gustan de situarse en esa zona que oscila entre la precisión del detalle y la vaguedad del conjunto, en una especie de alternancia capaz de apresar la emoción sin traicionar al sentido común, como si uno, al hablar de una cosa, estuviera a la vez pensando en otra. En palabras de Rogelio Guedea, "la poesía de José Luis Amaro es evasiva, impersonal, de un realismo reflexivo de contenindos filosóficos y de resultados aforísticos". En algún momento, concretamente referido a La piel de los días, Pedro Roso menciona al autor como "alguien que busca, que sigue buscando un precario equilibrio entre la realidad y los sueños, un equilibrio difícil entre la vida que es posible vivir y la vida que imaginamos vivir antes de que el tiempo nos alcance irremisiblemente y despliegue sus conclusiones"
