Legado
Enrique MorónSe trata de un librito de poesías (115 páginas) escritas entre los años treinta y cuarenta y tantos del siglo XX, según los cánones poéticos de su tiempo, con una métrica bien templada, sin ripios. Gracias a su temática y su enfoque humanista sigue siendo actual al par que invita a rememorar aquellos tiempos. Bebe de las fuentes de la tradición y los grandes poetas andaluces y universales, con una poesía descriptiva, casi anecdótica, sensitiva y apasionada que escoge diversos sujetos poéticos: madrigales, poesías amorosas, históricas, personas que existieron en la vida real o en el romancero, cantares populares. Contiene temas locales y de toda Andalucía y evoca también momentos de la memoria colectiva y brinda una rica simbología, en la que no faltan la cadencia, el color y el olor, el nardo y el jazmín, el clavel y el lirio, el río y el agua, el cante, las palmas, y la guitarra, el sol, la brisa, las estrellas, la luna, la cal y la madreselva, la buena gente de Andalucía, y sobre todo el sentimiento y el amor hechos verso en los poemas, con imágenes muy expresivas y sugerentes. El profesor Rogelio Reyes de la Universidad de Sevilla escribió “Me han gustado los poemas con un aire neopopulista fino y delicado, de persona sensible y buen lector de poesía.”
Nació en Algeciras en 1907, donde murió en 1953. Hijo de don Buenventura Morón González, eminante médico y filántropo, director del Hospital Civil. La afición a la literatura en su extensa familia (tuvo nueve hermanos) se cultivaba con entusiasmo, y asi no es de extrañar su inclinación a ella. Cursó sus primeros estudios de Algeciras, traslandose después a Madrid para, tras estudiar tres cursos de Medicina y Cirugía, matricularse en la recién creada Escuela de Odontología. Ejerció como dontólogo durante toda su vida. Fue un hombre culto, con gracejo andaluz y una avasalladora personalidad. Se casó con doña Carmen Ramos Canales, el amor de su vida y la musa de la poesía, que vino desde Córdoba a pasar unos días con su hermana, y se quedo para siempre, siendo algecireña de adopción y de corazón. Tuvieron tres hijos. Ángela, Ventura (que ahora le rinden homenaje con este Legado) y José, tempranamente fallecido. Tenía grandes dotes de improvisación. Los que lo conocieron hablan de su porverbial facilidad para componer poesías, de la que se cuentan algunas anecdotas. Un día en una tertulia literaria con su amigo José Carlos de Luna, le dice este -En el Puerto del Bujeo... sigue tu Enrique-, y él continua- frente por frente al peñon, / un cabo de artillería / con las palmas se hace al sol / y canta por bulerias. Entre sus escritos, aparte de este Legado, se contaban obras de teatro (una de ellas en verso, sobre el General Castaños), ensayos, y apuntes históricos de Algeciras y de España, que desgraciadamente se han perdido.
