Un corazón que no cojea
PepepérezPepepérez celebra sus 25 años en el oficio de cuentacuentos con una recopilación de textos suyos y que ha ilustrado un montón de gente que lo quiere.
Porque compartir es la palabra clave de esta aventura literaria y de los veinticinco años como profesional del cuento de este autor. Veinticinco cuentos, veinticinco ilustraciones, veinticinco CASI haikus, escritos expresamente para estas ilustraciones, y algún que otro poema suelto, es lo que se reúne en este libro que Pepepérez quiere compartir con sus lectores, por eso se ha dividido en tres partes.
En definitiva, Pepepérez quiere compartir este libro con todo aquel, aquella, aquellos o aquellas que quieran recibirlo entre sus manos.
Nació en el Hospital Civil de Málaga, creció en una posada del siglo XVII escuchando historias, trabajó en una tasca oyendo y contando historias inverosímiles. Se marchó a Sevilla por amor y por amor sigue allí.
De pequeño no pararon de decirle: “Quien mal anda mal acaba” y parece que no acertaron porque lleva veinticinco años viviendo del CUENTO, cuentos que ha narrado en bibliotecas, escuelas, institutos, bares, plazas, maratones, museos, en el desierto y en el Instituto Cervantes, en asentamientos chabolistas y en la televisión, en la radio y en la cárcel, en revistas y en mítines políticos, a bebés y a mayores de Centros de la Tercera Edad, en lo alto de un escenario o a pie de calle, desde Úbeda a Casablanca pasando por la casa natal de Picasso.
Algunos cuentos los recogió en un libro llamado “El coleccionista de palabras” editado por la Editorial Almuzara, y otros en "Un corazón que no cojea" en su propio sello editorial, que se puede visitar a través de su página web, www.pepeperezcuentacuentos.com
Pero lo mejor de todo, es que sus maletas siguen estando repletas de cuentos de ayer, de hoy y de siempre para regalar en cursos para profesionales, educadores o padres y sobre todo a los oídos que se presten a escucharlos.
Y está dispuesto a seguir otros tantos años surcando los caminos, transmitiendo historias de boca a oreja y recogiéndolas de la misma forma.
Y colorín colorado esta vida, por suerte, aún no se ha acabado.
