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La isla de Cádiz, en el centro
resaltada en azul, en un portulano.
Biblioteca Nacional de España,
Madrid.
Las Columnas de Hércules señalan
la posición de Cádiz en el extremo
de Occidente en este mapamundi
circular del siglo XII.
El rey Alfonso X el Sabio,
conquistador de Cádiz, en una
miniatura de las Cantigas.
Capitel hispano-árabe de estilo
califal encontrado en Cádiz, siglo X.
Museo de Cádiz.
Cádiz en la Edad Media
La decadencia en todos los órdenes que siguió al ocaso del Imperio Romano reduce Cádiz a
una pálida sombra de lo que fue. Con la llegada de los musulmanes en el siglo VIII, además,
se abandonan las rutas atlánticas que le dieron vida, como el tráfico de estaño desde las Islas
Británicas que hacía escala en Cádiz, el centro de gravedad del comercio de al-Andalus se
traslada a puertos mediterráneos como Málaga y Almería, y la ciudad queda peligrosamente
expuesta a la frontera marítima con los pueblos del Norte, amenaza que se confirma al ser
devastada en varias ocasiones por expediciones vikingas a mediados del siglo IX.
La actividades agrícolas y artesanas se retraen a las tierras y ciudades del interior, mejor defendidas, como Jerez, Arcos oMedina
Sidonia, mientras que en la Bahía predominan los extensos humedales de ambiente insalubre, salpicados si acaso por un
puñado de enclaves fortificados en los puntos más estratégicos, como la propia Cádiz y los ribats o fortalezas de los “defensores
de la fe” de Rota,
al-Qanatir
, antecedente del Puerto de Santa María, y el castillo de San Romualdo, en la Isla de León.
Con la imposición de un poder fuerte por los imperios almorávides y almohades, empieza a desempeñar un papel de mayor
importancia y se convierte en la base de sus flotas de guerra. Cádiz será incluso la primera ciudad de al-Andalus donde se
invoque al califa almohade en la llamada a la oración, marcando el inicio de su dominio sobre parte de la Península.
Tras conquistar Jerez, Alfonso X alcanza el mar y se apodera de Cádiz en 1262. La ciudad, sin embargo, apenas progresa
en la Baja Edad Media, ante la inseguridad endémica debida a los conflictos en la zona del Estrecho. Por el contrario, el
Puerto de Santa María, a resguardo en la desembocadura del Guadalete, acrecienta su población.
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] A GU A , T E R R I T O R I O Y C I U D A D
U N PA I S A J E H E CHO E N L A H I S T O R I A [
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La deforestación y las roturaciones de tierras en épocas
romana y musulmana aceleran la erosión y, por tanto, los
rellenos de las zonas aledañas a la Bahía. La consiguiente
pérdida de calado del estuario del Guadalete impide ya la
navegación en estas aguas de los barcos de más porte.
Los procesos de relleno consolidan una extensa
isla en el estuario del Guadalete que divide el río
en dos brazos con sus correspondientes bocas:
uno junto al solar del Puerto de Santa María y
otro, más al sureste, el llamado río San Pedro.
La regresión del litoral frente a la
impetuosa erosión del mar abierto
acabó por dejar el promontorio de
Sancti Petri convertido en un islote.
El puente sobre el canal de Sancti Petri era un punto estratégico
especialmente sensible, al controlar el tránsito a Cádiz por tierra e
impedir el de embarcaciones. Para su defensa se levantó en fecha
incierta el castillo de San Romualdo. El puente, con todo, acabó
arruinado, haciéndose el paso por barca, como atestigua un
privilegio dado por Alfonso X en 1268.
El arrecife que sustenta la vía
terrestre de comunicación con
Cádiz favorece la acumulación
de sedimentos en el fondo de la
Bahía, que va convirtiéndose en
un sector de marismas y esteros.
Las que una vez fueron dos islas aparecen ahora
como dos formaciones unidas por una vaguada,
donde, previsiblemente, se producirían rezumes de
aguas freáticas.
La población de Cádiz ha experimentado
una dramática reducción respecto a
épocas anteriores y el caserío se limita a un
compacto entramado urbano al amparo
de un castillo y un cinturón de murallas. A
su alrededor campan las ruinas, utilizadas
como materiales de acarreo.
Con la ruina del acueducto del Tempul
después de la época romana, la población
vuelve a abastecerse de agua mediante
pozos y los exiguos manantiales asociados
a la torrentera en que se transformó el
antiguo canal portuario.
La flecha litoral de Levante, antes anclada a
tierra firme, queda rota por el empuje del río
Guadalete y convertida en una isla-barrera.
El antiguo
Portus Gaditanus
ha
perdido su funcionalidad por la
colmatación del estuario, que
impide la navegación.
Vista de proa de un
drakkar
vikingo.