11.
Huellas de un maremoto.
En medio de la marisma de los Toruños que se desarrolla tras la playa destacan una serie
de pequeñas islas arenosas con vegetación terrestre de sabinas y pinos. Vistas desde el aire
se reconoce su forma de lengua en abanico que delata su probable origen: son depósitos
ocasionados por la rotura de los cordones de la playa y la entrada del agua marina. Un episodio
de tal virulencia sólo se explica por un temporal extraordinariamente duro o por un maremoto
producido en tiempos no muy lejanos.
12.
Un lugar de descanso y
alimentación.
La fertilidad de la Bahía se transfiere a sus aguas
aledañas, ricas en pesca. Sardinas, caballas o
boquerones son un manjar para las bandadas de
alcatraces, aves marinas procedentes de las costas
atlánticas noreuropeas, que abundan en invierno
en el Golfo de Cádiz. A veces se producen curiosas
relaciones: los delfines acosan el pescado desde el
lecho marino, viéndose obligados a ascender a la
superficie, donde los esperan los alcatraces. También
abundan las gaviotas patiamarillas, sombrías y
reidoras, de dieta más versátil, pues aprovechan los
detritus y basuras arrojados por el hombre. De ahí
que sean tan frecuentes en los puertos.
Agua
& Naturaleza
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C Á D I Z D E L A CON S T I T U C I ÓN . 1 8 1 2 [
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