Page 110 - Cadiz1812

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Luis de Mora-Figueroa
Universidad de Cádiz
cido por la armada británica, que además ya tenía una
flotilla, al mando del almirante John Ch. Purvis, surta
en la Bahía. Así mismo, desde el primer momento, y
a requerimiento de las autoridades locales, el duque
de Wellington envía para reforzar la guarnición de
Cádiz unos 5.000 hombres de distintas armas, incluido
un pequeño destacamento portugués, al mando del
general Stewart, sucedido poco después del resoluto y
enérgico teniente general Sir Thomas Graham, que un
año más tarde habría de mostrar su valor y valía en la
oprobiosa jornada de los pinares de La Barrosa.
En realidad, el llamado Sitio de Cádiz sólo lo fue en
la exigua zona terrestre de su perímetro, pues en su
mayor parte, marítima, siempre estuvo expedita, per-
mitiendo que la ciudad
cercada
estuviera mejor abas-
tecida que sus sitiadores, tuviera abiertas las salidas
marítimas para envolver a los asediantes, si hubieran
sido capaces, e incluso pudieran entrar y salir con sor-
prendente fluidez los primates liberales y serviles que,
al parecer, representaban lejanos territorios y ciudades,
algunos de ellos sí sujetos a atroces asedios. Relacionar
la situación de Cádiz con la de Gerona, Zaragoza u
Hostalrich es un agravio comparativo de mal gusto.
El mariscal Victor, duque de Bellune, ante la imposibi-
lidad de forzar el puente de Zuazo, densamente forti-
ficado y artillado, establece un sitio formal en el arco
Rota-Chiclana, cuyo borde de combate es el caño de
Sancti Petri, desde el poblado epónimo a La Carraca.
En esa zona transforma y artilla fuertes existentes desde
tiempo atrás, demolidos parcialmente por los aliados
con antelación, como Santa Catalina del Puerto, Co-
mercio, Matagorda, o San Luis, al tiempo que construye
nuevos emplazamientos artilleros como los denomina-
dos Bellune, Santa Ana, Napoleón, Ruffin, Cabezuela,
Williast, Leval, Granaderos, Defensa, Rada, o Dique.
En el otro lado, sobre los fangales y dunas del lado de
poniente del caño de Sancti Petri, los aliados constru-
yeron rápida y eficientemente tres líneas defensivas,
sucesivas y exteriores a la plaza de Cádiz, con unos 72
reductos, baterías y posiciones defensivas varias.
De este centenar de posiciones construidas entre 1810
y 1812 apenas queda rastro, pues en su calidad de
fortificación de campaña sus frentes a la barbeta, golas,
espaldones, o estacadas fueron construidas con fango,
sal y cajones con tierra, faginas, salchichones y zapi-
nas, en ocasiones encamisadas con tablas. No obstante
en esas fortificaciones efímeras podía haber estruc-
turas de mampostería como almacenes de pólvora a
prueba, soleaderos para la pólvora, o descansaderos
a pruebas para las guarniciones. La mayoría de estas
posiciones sólo se pueden conocer a través de los
informes y planos de ingenieros militares de la época
Cádiz y la Bahía en 1813.
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] A GU A , T E R R I T O R I O Y C I U D A D