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Identificación

Las profesionales y los profesionales de la orientación, con la participación del profesorado y de las familias del alumnado, desempeñan el papel esencial en este procedimiento de identificación de las necesidades específicas de apoyo educativo.

Tras la realización de todos los pasos anteriores,  estaremos en disposición de realizar la evaluación psicopedagógica del alumnado y la realización del correspondiente informe. Cabe señalar que, en ningún caso, esta evaluación psicopedagógica se debe asimilar a un juicio o diagnóstico clínico. El objetivo de esta evaluación no es otro que analizar y determinar cuáles son las necesidades que un alumno o alumna concretos presentan en el contexto educativo y que, por tanto, requieren de una atención educativa diferente a la ordinaria. En este sentido, juega un papel determinante la propuesta de atención educativa por ser ésta la clave de la función orientadora. Es decir, este protocolo aboga por la labor de las orientadoras y orientadores como asesores del proceso de enseñanza y aprendizaje del alumnado y no solo como evaluadores de los mismos. Por ello, los documentos que se recogen en este apartado se orientan claramente a esta línea.

Por otro lado, el procedimiento de evaluación psicopedagógica requiere de rigor y sistematicidad. Este protocolo fomenta este rigor y establece todos los mecanismos para garantizar la información y la participación de todas las partes implicadas en el proceso.

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