Aleksandr Solzhenitsyn
Nació en Kislovodsk en 1918. Hijo de un terrateniente y una maestra, estudió en la Universidad de Rostov. Sirvió en el ejército soviético entre 1941 y 1945, año en que fue sentenciado a ocho años de prisión por las opiniones antiestalinistas que escribió. Deportado en la Rusia central; sus experiencias en la cárcel le proporcionaron material para su primera novela (1962). En 1969 fue expulsado de la Unión de Escritores Soviéticos por denunciar la censura oficial, que había prohibido algunos de sus libros. Fue galardonado en 1970 con el Premio Nobel de Literatura. Solzhenitsin fue deportado a Alemania Oriental y privado de la ciudadanía soviética en febrero de 1974 a raíz de la publicación de El Archipiélago Gulag 1918-1956. En 1975 viajó a Estados Unidos y en 1990 recuperó oficialmente la ciudadanía soviética y, al fin, pudo regresar a su país en 1994.
Obras:
Es curioso que, en un período como el que ahora vivimos, amenazados por todo tipo de plagas, una novela como ésta, escrita en un tiempo hoy olvidado, en circunstancias tan distintas y con el pretexto de otra enfermedad mortal, suscite situaciones y reflexiones de tan acuciante actualidad. Porque lo que trasciende fundamentalmente hoy de Pabellón de Cáncer es una verdad muy simple y, en principio, conocida por todos: la de que todos somos iguales ante la muerte. Iguales son incluso el joven Kostoglótov, un deportado con gran capacidad crítica, en el que no cuesta reconocer al propio autor, y el funcionario Rusánov, miembro del partido y delator implacable de los «enemigos del régimen».
En torno a ellos, todos los demás personajes, grotescos y tiernos, confinados entre cuatro paredes en circunstancias extremas, encarnan la evidencia de que el odio, el amor, el resentimiento, la envidia o las relaciones de poder y sumisión siempre tendrán, mientras haya vida, su razón de ser.
En una oscura tarde del invierno de 1949, un funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de la URSS llama a la embajada norteamericana para revelarles un peligroso y aparentemente descabellado proyecto atómico que afecta al corazón mismo de Estados Unidos. Pero la voz del funcionario quedaba grabada por los servicios secretos del Ministerio de Seguridad, cuyos largos tentáculos alcanzan también la Prisión Especial nº 1, donde cumplen condena los científicos rusos más brillantes, víctimas de las siniestras purgas estalinistas, y donde son obligados a investigar para sus propios verdugos.


