Eduardo Mendicutti
Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, 1948) es autor de más de quince obras, todas ellas publicadas con gran éxito de crítica y público, traducidas a numerosos idiomas y merecedoras de premios como el Café Gijón y el Sésamo. En 2017 recibió el Premio Pluma Literaria «por su trayectoria y su compromiso de visibilidad personal y profesional de la diversidad de las personas LGTB». Entre sus novelas se cuentan Siete contra Georgia, Una mala noche la tiene cualquiera, El palomo cojo y Los novios búlgaros, estas dos últimas llevadas al cine por Jaime de Armiñán y Eloy de la Iglesia respectivamente. Asimismo, ha publicado el libro de relatos Fuego de marzo y las novelas Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy, El beso del cosaco, El ángel descuidado (Premio Andalucía de la Crítica 2002), California, Ganas de hablar y Mae West y yo. Tras Otra vida para vivirla contigo, publicó la descacharrante Furias divinas, y la memorable Malandar.
Obras:
Isabel es una anciana que le cuenta a Marta, su joven cuidadora, con reticencia y ataques de mal genio, algunos episodios de su pasado. En sus conversaciones la cuidadora descubre que Isabel ha tenido una vida llena de historias. Que sobrevivió a muchas calamidades en años difíciles, que tuvo que ejercer la prostitución y que conoció a muchos hombres. De todos ellos, Isabel guarda con especial cariño el recuerdo de un hombre, que fue delicado y atento con ella, y al que le devolvió el dinero con una nota: «Para que vuelvas hoy». Al día siguiente Isabel recibió un enorme ramo de flores con un mensaje: «Para Isabel, mi primer amor». Y para Isabel, ese hombre, del que nunca más supo, se convertirá en el amor de su vida. Por todo lo que Isabel le va contando, Marta reconoce en ese hombre a un personaje real, Marcos Ana, que escribió en sus memorias un capítulo de cómo, cumplidos los cuarenta, tuvo su primer encuentro con una mujer, tras 23 años encarcelado en el franquismo por motivos políticos. Marta le lleva el libro y lee con Isabel cómo vivió aquel hombre avergonzado ese único encuentro y la lección de dignidad de su comportamiento.
Esta novela cuenta la relación entre un joven concejal de un pueblo gaditano, brillante, combativo y vitalista, y un maduro escritor, aparentemente sereno y con tan pocas ilusiones como prejuicios, que vive en Madrid. Una relación que surge entre encuentros y desencuentros ocasionales, pero que crece y se complica a través de los mensajes, correos electrónicos, cartas y whatsapps que los dos amantes se escriben compulsivamente para estar seguros de su sentimientos. Así, la historia de seducción, que empieza como un juego atrevido y disparatado que sortea con humor cualquier inconveniente, acaba convirtiéndose en una desgarrada historia de amor que da su verdadera medida en cuanto aparece no sólo un novio anterior sino también un inesperado compromiso matrimonial.
De la alegre despreocupación y los hilarantes enredos iniciales, se pasa a los vínculos profundos, la pasión dolorosa, que sobresale en medio de la maledicencia y las trampas de los envidiosos. Y que enfrenta a uno de los amantes a tener que elegir entre la vida conyugal, familiar y segura, y la pasión clandestina y adúltera.
Toni, Miguel y Elena se conocen y se hacen amigos desde que los tres tienen ocho años. Miguel empieza a ir con Antonio y Elena a la playa, al parque, al cine… Poco a poco, Toni y Miguel van descubriendo una especial relación entre ambos, pero también se confiesan que les gusta Elena, aunque les gusta «de otra manera». Cuando los tres han cumplido doce años, con pocas semanas de diferencia, Toni y Miguel hacen un primer viaje en barca y caminan hasta la punta de Malandar, un lugar prácticamente virgen en el que fantasean con la idea de construirse una casa. Estos viajes se van a repetir a lo largo de sesenta años, a pesar de que las vidas de Toni y Miguel sigan caminos muy dispares.
A Felipe Bonasera, diplomático y ventrílocuo amateur, le diagnostican una preocupante enfermedad, por lo que decide ir a descansar unos días a una lujosa urbanización junto al mar. Deja en Madrid las muñecas parlantes de Mae West, Marilyn Monroe y Marlene Dietrich, pero la voz de Mae West no le abandona; Felipe bautiza entonces la hasta ahora bulliciosa parte de su cuerpo que ha enfermado con el nombre de la deslenguada actriz, y con ella, para vencer el desánimo, mantendrá sin cesar diálogos hilarantes. Pronto, Felipe siente indiscreta curiosidad por Pilar Meneses –una vecina cuyo rico marido ha desaparecido– y por su guapo hijo, con los que vivirá una historia digna del cine de los mejores años de Hollywood. Y mientras La Roja cosecha victorias en el Mundial de Sudáfrica, Felipe se las verá con inolvidables personajes como la salerosa Carmeli, Leoncio y André, o el reportero Paco Luna, que en sus floridos artículos va informando del misterioso «caso Meneses».
Esta desgarrada y conmovedora historia de amor arranca con esta contundente reflexión : «Era un caballero y tenía un novio búlgaro. Pero ahora me he quedado sin novio y dudo mucho de que siga siendo un caballero. Creo que soy una perdida». De la mano del bellísimo y pícaro búlgaro Kyril y gracias a las peripecias no siempre gratas ni muy legales en que éste embarca al caballero Daniel Vergara, vamos adentrándonos en ese mundo ignorado, ajeno a toda moral establecida, que, para muchos jóvenes inmigrantes de los países del Este, se inicia en España en el «chaperío» de la emblemática Puerta del Sol de Madrid. Aunque el azar conduzca a V ergara, como a todos los caballeros desprendidos y generosos por naturaleza, a extremos absurdos, nunca se arrepiente. Como lo reconoce él mismo, en esta insólita hazaña, puso «algo de dinero, un gramo de locura, un montón de afecto, quizás de amor»
Después de toda una vida arreglándoles las uñas a domicilio a las señoras de La Algaida con su haute manicure, y dándoles bullanguera y muchas veces terapéutica conversación, el manicura Cigala recibe el reconocimiento oficial de sus paisanos, que le consideran una verdadera institución: el pleno municipal acuerda ponerle su nombre a una calle. Cigala pide que le pongan su nombre a la hasta ahora llamada calle Silencio, como compensación por cuanto, aunque parezca mentira, ha tenido siempre que callar. Con esas mismas, y hasta la fecha fijada para el acontecimiento, se lo irá contando todo, día a día, no sólo a su senil y silenciosa hermana Antonia, con la que vive y a la que cuida, y a sus clientas, y a la Fallon, y al curita Pelayo, sino también a sí mismo y a los fantasmas de su pasado.
Un puñado de personajes en paro y de lo más variopinto inauguran un local nocturno en el que actúan como transformistas. El Garbo, quitándole toda la clientela al Loren, un club de alterne, se convierte enseguida en el sitio de moda de La Algaida. Entre los artistas, un albañil y pintor de brocha gorda, un jardinero y fontanero y, con oficios más refinados, los protagonistas de esta obra: la Furiosa, maquillador a domicilio y «comunista nata»; la Tigresa de Manaos, mozo de comedor, y Píter, alias la Canelita, maestro de primaria sin plaza, compositor freelance de canciones infantiles y poseído por el espíritu de Podemos; además, un exlegionario auténtico, la Marlon-Marlén, casado con una mujer auténtica y con tres hijos biológicos auténticos. Sensibles a los problemas de quienes más sufren la crisis, cada vez más ofendidos por la celebración en su ciudad de una fiesta de lujo, emprenden, con sus mejores galas, toda una incursión reivindicativa al grito de «¡Sí se puede!».
Furias divinas retoma el humor de Una mala noche la tiene cualquiera y sitúa su acción en el momento político presente: los parados de Full Monty acaban armando el escándalo de Priscilla, reina del desierto.
Aquejado de una larga enfermedad, llega un niño de diez años a la casona de sus abuelos, situada en el Barrio Alto de una señorial población gaditana, para pasar los tres meses de verano que se anuncia triste y aburrido. Pero habitan o visitan la casa parientes y personajes a la vez desconcertantes y fascinantes que poco a poco irán perturbando su riguroso ritual de aparente austeridad con estrafalarias y misteriosas rarezas. El niño, privilegiado observador pasivo, lo husmea todo, lo aprehende todo con una sensibilidad, cada vez más cercana a la de esos elegantes parientes, que viajan, recitan poemas y se rodean de exóticos personajes, o a la de las intrigantes sirvientas que cuidan de él, o incluso a la del palomo que anda cojeando por los tejados…Los inesperados acontecimientos que lo alborotarán todo servirán para revelarle no sólo la tragicómica complejidad de las relaciones adultas, sino también la auténtica extraña naturaleza que ya apunta en él.
Eduardo Mendicutti: http://www.tusquetseditores.com/eduardomendicutti/
Versión cinematográfica: El palomo cojo, de Jaime de Armiñán (1995) http://www.filmaffinity.com/es/film275213.html








