Julio Cortázar
Obras:
«Contranovela», «crónica de una locura», «el agujero negro de un enorme embudo», «un feroz sacudón por las solapas», «un grito de alerta», «una especie de bomba atómica», «una llamada al desorden necesario», «una gigantesca humorada», «un balbuceo»… Con estas y otras expresiones se aludió a Rayuela, la novela que Julio Cortázar comenzó a soñar en 1958, se publicó en 1963 y a partir de entonces cambió la historia de la literatura y agitó la vida de miles de jóvenes en todo el mundo.
Plena de ambición literaria y vital, renovadora de las herramientas narrativas, destructora de lo establecido y buscadora de la raíz de la poesía, durante todas estas décadas Rayuela siguió siendo leída con curiosidad, asombro, interés o devoción.
Escrito tras Bestiario, donde aparece Casa tomada, uno de los cuentos más perfectos de Julio Cortázar, este libro de apenas cinco relatos se convertirá con el tiempo, junto a Final del juego e Historias de Cronopios y de famas, en uno de los títulos de referencia de la excelente y diversa narrativa cortazariana.
Lo cierto es que los cinco cuentos de que consta son espléndidos y, por sí sólo, el libro justificaría la fama de un escritor. En ellos nos encontramos con el Cortázar canónico: Lo surreal como el elemento que sustenta la realidad; la sugestión de lo onírico por tanto; lo cotidiano como elemento enajenador de una realidad que nos abre a otros mundos; la obsesión por el Otro... Estas características se ajustan plenamente en dos de los cuentos contenidos en este libro publicado por el escritor argentino en el año1959: los titulados Las babas del diablo y El perseguidor.
El primero introduce un elemento surrealista al contar la historia de un fotógrafo que, cuando revela unas instantáneas, comprende que se ha adentrado en otra realidad distinta a la que él pretendía captar. Aquí ya la voluntad no tiene cabida; es justamente en el momento en que esa atención se relaja cuando entonces aparecen los otros mundos.
En El perseguidor asistimos a la transfiguración del músico de jazz Johnny Carter que, alucinado, regresa del mundo de la muerte con un bagaje de sonidos intraducibles. Quizá se trate de la mejor recreación de Orfeo que se haya hecho en los tiempos actuales.


