El maestro Realito, una institución en Sevilla

El maestro Realito, una institución en Sevilla

Se cumple en 2019 el 50 aniversario del fallecimiento de este artista, discípulo de La Campanera y en cuya academia se forjaron figuras como la de Antonio

18/12/2019

Texto: Aida R. Agraso
Manuel Real Montosa (1885-1869) era conocido internacionalmente, y en su tierra, Sevilla, era una auténtica institución. Discípulo de La Campanera, debutó muy joven en el Teatro El Duque de Sevilla. Con 18 años fundó su propia compañía con alumnado de su escuela; actuó en Londres -donde se encontraba en 1914, con su cuadro flamenco, al estallar la primera guerra mundial-, en el Palacio Imperial de Rusia un año antes y para el Rey Alfonso XIII -quien le incluía en su círculo de amistades- en fiestas privadas celebradas en los Reales Alcázares de Sevilla. Realizó giras por diversos países europeos y participó en la Exposición Universal de Barcelona de 1929 y en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, así como en la de Lieja de 1930, en la que obtuvo la denominada Medalla de Oro-Recompensa. Pero su principal labor fue la docencia, ya que proyectó todos sus conocimientos en la enseñanza. Por su academia, sucesivamente instalada en la calle Pasión, junto a la sala de fiestas Variedades, y en la calle Trajano, se forjaron figuras como La Yankee, La Giraldita, Dora la Cordobesita, Estrellita Castro, Rosario y Antonio, Pacita Tomás, carmen Sevilla y Paquita Rico, entre otras. 

Decía Antonio D. Olano en uno de los artículos periodísticos que le dedicó en septiembre de 1958  que el padre de Realito era abogado. "Vivían bien. Pero las cosas cambian, y una vida azarosa esperaba al futuro maestro del baile. A los 17 años daba ya clases. Tuvo que dejar los estudios de Bachillerato. Murió el padre "y se llevó la llave de la despensa". Tuvo que vivir incluso como actor de teatro. La Campanera le había enseñado a bailar años atrás, pero como distracción, como un lujo de chico de familia bien. Estaba lejos de suponer Realito que esas enseñanzas le iban a servir para ganarse la vida no mucho tiempo después. "Estudié baile como adorno y para el desarrollo del cuerpo. Es una gimnasia rítmica que al cuerpo le va muy bien". Muy pronto un agente artístico, Vicente Llorens, lo llevó a Londres para montar en la ópera la pieza 'Carmen'. "Era muy artista. En mi época, era orgullo del baile español en el extranjero". "Anécdotas amargas y dulces hay a millares en mi vida. Me basta con mirar cualquiera de esas fotografías para contarle a usted cosas y más cosas. Sé dónde están todas las cartas de mis alumnos, que no dejan de escribirme jamás. Y todas las fotografías con su historia. Ya le decñia a usted que esto es un museo más dentro de los grandes museos que hay en Sevilla. Hasta cartas me escriben en las que dicen 'Calle de Realito'".

Ganó, apuntaba el periodista, mucho dinero. Y él respondía sin rubor: "Ya lo creo. Y lo he tirado todo. Bueno, no lo tiré, porque viví muy bien, sin que me faltase nada. Físeje usted si gané dinero que los mejores cargos me vinieron a mí. Fui director de la Fiesta Española en Sevilla, de la Semana Andaluza, catedrático de Danza Española, ya jubilado. A mí me llamaban para organizar las cosas españolas en las Exposiciones Internacionales. Una vez, en el año 30, salí con jóvenes bailarines, y entre ellos iba Antonio...".

Sobre el descubrimiento de Antonio, cuenta Ángel Álvarez Caballero en el libro 'El baile flamenco' que Antonio tenía talento para el baile casi desde siempre. "Se veía al niño tan dotado para el baile que aun con la oposición del padre se planteó la conveniencia de que fuera a una academia, la del maestro Realito; como los padres no podían pagar las tes pesetas semanales que costaba, fue la tía Ana la que corrió con el gasto. Y después, cuando iban a quitarle de recibir aquella enseñanza por no poder seguir costeándola, fue el propio maestro quien la ofreció gratuita, consciente del artista en ciernes que había en aquel pequeño, quien aprendía a la perfección en un día lo que otros no lograban en dos o tres semanas. Era ya entonces Manuel Real Montosa 'Realito' una auténtica institución en la capital andaluza, en cuyo centro de enseñanza se forjaron grandes artistas. Un año después comienza a aprender con Realito una niña llamada Florencia Pérez Padilla, quien en el arte de la danza usará el nombre de Rosario, y el maestro no tarda en formar con ellos una pareja que haría historia".

Allá a finales de los 50, su academia contaba con un número que oscilaba entre los 70 y los 80 alumnos. "Trabaja desde las 10 de la mañana hasta las 9 de la noche -explicaba Antonio D. Olano-. Un poco desilusionado, porque no ve entre sus alumnos la duplicidad de aquellos otros: Antonio, Rosario, Lola, Carmen, Carmelita Sevilla, Trini Ramos, que luego se casó con un millonario y dejó los escenarios". Y añadía unas palabras del artista: "Para ser alguien en el baile hay que dedicarle de tres a cuatro años de estudio. Para bailar con ortografía. Precipitar las cosas es como querer aprender en un mes. Se puede hacer, pero se escribirá sin sintaxis y sin ortografía. Si, por el contrario, se aprende bien el abecedario y la gramática, la cosa sirve para leer en todos los libros y para escribir en todos los papeles". 

¿Cuáles son las primeras letras del baile?, le preguntaba el periodista. "Las contorsiones de piernas y de brazos. La colocación, para que el dibujo que se hace con el cuerpo sea correcto...". Continuando con el símil, el bachillerato era para él "aprender los pasos adecuados a cada danza. Mover los brazos. Hacer el gesto al ritmo musical"; la universidad, "dominar la danza andaluza", y el doctorado "enseñar a bailar con música y a llevar las castañuelas. En estas condiciones ya pueden los bailarines salir por el mundo. Porque en el género español ocurre como con la danza clásica: hay muchos movimientos, pero conociendo los esenciales, pueden adaptarse a todos los bailes".

Además de dedicarse en cuerpo y alma a la enseñanza, el maestro Realito publicó varios libros; uno de ellos fue 'Poema de la danza y de la copla'. "Edité -dijo sobre este libro el propio artista- 3.500 ejemplares, y los escritores de aquí se extrañaron. "¿Cómo es posible que el Real haya agotado la edición en unos días y nosotros tenemos todos los libros en una estantería?" No encontraban explicación, y estaban un poco envidiosos. Hasta que yo tuve que recordarles que no era libro, malo o bueno, lo que vendía. "Se olvidan ustedes -les dije- de un pequeño detalle: este libro viene firmado por el maestro Realito. Y eso sí que lo nace vender bien".

En este libro, afirma que lo escribía "sin más pretensión que distraer los ratos que me dejan libres las ocupaciones de mi academia". Comienza la pequeña edición con un lema: "El baile y el cante andaluz son un gesto de arte, matiz suave, halagüeño e interesante, fiel reflejo del sentir de un pueblo activo, optimista y soñador, lo cual no debe olvidarse y el mostrarlo es un deber". Redunda en esta descripción de la personalidad andaluza más adelante, al indicar que "el baile andaluz forma, y formará parte, en todas las épocas, de la aristocracia de las danzas europeas, ricas en cadencias, que pone de manifiesto la sensibilidad de un pueblo artista, y soñador".

Y lo define así: "El baile andaluz es alegre y dicharachero, de gran expresión física; saber llevar con gracia y majeza la peineta y la mantilla, lucir con garbo el mantón y colocar los brazos con gracia y desenvoltura, acompañándose con las castañuelas".

Pero ¿cómo era Realito bailando? Encontramos una glosa realizada por Muñoz San Román y reproducida en su libro por Ángel Álvarez Caballero: "La figura del maestro, como moldeada para este baile gentil de la Sevilla donosa, adquiere en su ejercicio los más variados perfiles, a veces recorta su silueta el grave perfil de lo hierático con claroscuro de boceto, y a veces con el suave y primoroso de lo estilizado. Sus nervios, cuando tensos como cuerdas de una guitarra, alcanzan la belleza de la gallardía para la inspirada figura que parece ensayar un acusado impulso de vuelo; sus músculos, dominados en la desbordada agilidad, le imprimen como un desfallecimiento de designio, y todo el ser del artista vibra, y se conmueve y gira, con ritmos que ya son de pasión, ya de alegría, y que tejen como con guirnaldas al viento el gracioso poema del baile flamenco sevillano, todo armonía y diversidad de una armonía graciosa y de una diversidad regocijada, así para los sentidos como para el alentador entusiasmo del espíritu".

Bibliografía:
Alvarez Caballero, Ángel. 'El baile flamenco'. Alianza Editorial, Madrid, 1998
Pulpón Jiménez, Carmen Penélope. Tesis doctoral 'Bailaoras de Sevilla: aprendizaje, profesión y género en el flamenco del franquismo y la transición. Estudio histórico-etnográfico de casos (1950-1980)'. Sevilla, 2015.
Real Montosa, Manuel, Realito: 'Poema de la danza y de la copla'. Gráficas Sevillanas, Sevilla, 1943.
D. Olano, Antonio. Recortes de prensa sevillana de septiembre de 1959.