Andrés Trapiello
Escritor y editor español nacido en Manzaneda de Torío, León, en 1953. De producción muy extensa, ha publicado poemarios, novelas, libros de ensayo y recopilaciones de artículos. También se han editado más de una docena de tomos de sus diarios, aparecidos bajo la denominación genérica de Salón de pasos perdidos (Éramos otros es su vigesimocuarta entrega en Ediciones del Arrabal). Ha recibido varios premios, entre ellos el Plaza & Janés de novela en 1992 por El buque fantasma, el Premio de la Crítica de poesía castellana en 1993 por Acaso una verdad, el Juan de Borbón en 1995 por el ensayo Las armas y las letras. Literatura y guerra civil 1936-1939, el Premio Nadal en 2002 por Los amigos del crimen perfecto y el Nacional de Periodismo Miguel Delibes en 2005 por su artículo El arca de las palabras, publicado en el diario barcelonés La Vanguardia.
Otros libros suyos son La noche de los Cuatro Caminos (2001), crónica de un episodio del maquis en Madrid e Imprenta moderna. Imprenta y literatura (2006) o El final de Sancho Panza y otras suertes (2014). Colaborador de La Vanguardia, El País, El Cultural o el Abc Cultural y diversas publicaciones literarias, es autor, junto a Alfonso Meléndez, y en calidad de tipógrafo, de un número apreciable de catálogos y diseños editoriales.
En 2003 le fue concedido por el conjunto de su obra el Premio de las Letras de la Comunidad de Madrid, y en 2010 el de las Letras de la Comunidad de Castilla y León.
En 2012 su novela Ayer no más fue elegida mejor novela del año por los lectores de el diario El País.
Obras:
Donde quiera que se encuentre un poco de amor nadie puede decir que no esté sucediendo un acto sublime y misterioso.
Claudia es médico, lleva años intentando tener un hijo y su matrimonio pasa por una crisis desde que el marido mostrara su desacuerdo ante la idea de la adopción. Max es ingeniero, casado felizmente con Cathy y con dos hijos y una vida que él creía plena.
Los dos coinciden en Constanza, Colombis, donde Max lleva trabajando unas semanas, y adonde viaja Claudia para la boda de una de sus mejores amigas. En el ambiente sofocante y sensuak de esa boda todo converge para que se revele ante ellos un sentimiento que desconocían, que les deja atónitos, felices, llenos de plenitud, y que a partir de ese momento va a ser irremediable, a pesar de las enormes dificultades personales y sociales que tendrán que afrontar.
De vuelta en Madrid, Claudia y Max comienzan una etapa de encuentros furtivos, una etapa que tendrá fin cuando son descubiertos y comienzan una nueva vida juntos, en contra de todo y casi todos.
Los Amigos del Crimen Perfecto son un grupo de tertulianos a los que les encantan las novelas negras, y se reúnen en una cafetería madrileña. Parte del juego de los tertulianos consiste en llamarse los unos a los otros con nombres de famosos escritores o personajes de novelas como Nero Wolfe, Poe, Maigret, Perry Mason, o el protagonista Sam Spade.
Spade trabaja en una editorial en la que solamente se editan novelas negras y rosas, de las negras se encarga el. Su suegro, Luis Álvarez es comisario de policía simpatizante del 23-F, recordemos que la novela está ambientada en los momentos inmediatamente anteriores y posteriores del 23-F.
Al morir don Quijote, quedaron sus parientes y amigos, entre ellos Sancho y el bachiller Sansón Carrasco, su sobrina Antonia y el ama Quiteria, en el mayor desconsuelo y desconcierto. La muerte del caballero trajo a todos transformaciones asombrosas: aprendió a leer Sancho, que leyó su propia historia y la de don Quijote en los libros que publicó Cervantes, colgó sus hábitos el bachiller y se enamoró Antonia de él, llevando en su vientre al hijo de otro, y la vida en su aldea se estrechó tanto para los cuatro, que decidieron partir a las Indias, buscando fortuna y poner un poco de espacio al desamparo en que les dejó a todos la muerte de don Quijote. Pero el camino emprendido se llenará de aventuras, no todas venturosas. Conocerán el mar, sus tormentas y corsarios, la ilusión de un paraíso y el temor de perderlo antes de alcanzarlo, prosperarán y fracasarán en cuanto emprendan, y verán cómo la vida nueva se entrelaza con la antigua, pues la sombra de don Quijote, y aun de Cervantes, y cuanto a uno y a otro sucedió, les seguirá hasta el Perú, con personajes que el lector del Quijote y de la vida de Cervantes conoce bien, y allí en las Indias la mayor parte de ellos acabarán sus vidas. Es una historia que, como tantas vidas, sólo se puede resumir contándose entera, y donde el sentido se nos da en los grandes sucesos tanto como en los pequeños. Por eso la llamamos una novela.
Andrés Trapiello, escritor y experto en Cervantes, nos sorprende con una ambiciosa edición de uno de los mayores hitos de la literatura universal: el Quijote. Coincidiendo con el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote, Trapiello ha adaptado el texto íntegro de esta obra imprescindible al castellano que hablamos hoy en día. Bajo el título Don Quijote de La Mancha. Puesto en castellano actual íntegra y fielmente por Andrés Trapiello, este libro pretende acercar las aventuras de don Quijote y Sancho Panza a todos los lectores para que puedan disfrutar de ellas sin la dificultad que puede suponer leerlas en el castellano de cuatrocientos años atrás.
En el prólogo a esta edición, Mario Vargas Llosa, escritor galardonado con el premio Nobel de Literatura, afirma: «En la versión de Trapiello la obra de Cervantes se ha rejuvenecido y actualizado [...] sin dejar de ser ella misma, poniéndose al alcance de muchos lectores a los que el esfuerzo de consultar las eruditas notas a pie de página o los vocabularios antiguos, disuadían de leer la novela de Cervantes de principio a fin. Ahora podrán hacerlo, disfrutar de ella y, acaso, sentirse incitados a enfrentarse, con mejores armas intelectuales, al texto original».
Al morir don Quijote de Andrés Trapiello toma los personajes que permanecen a la muerte del hidalgo caballero y construye una apasionante novela que conjuga intriga, ironía y pericia literaria alcanzando una narración ágil y deslumbrante.
Un caluroso día de octubre de 1614 moría el señor Alonso Quijano, conocido como don Quijote de la Mancha, asistido por su sobrina y el ama y rodeado de sus amigos, y el mismo día, por la tarde, se le enterraba en presencia de todo el pueblo. La novela de don Quijote había llegado a su término, pero no así la de muchos a los que la vida increíble del ingenioso hidalgo había sacado de su previsible anonimato. Y si don Quijote había tenido su novela, también la tuvieron, muerto él y por haber trenzado sus vidas con la suya, Sancho Panza, Dulcinea el ama, la sobrina, el bachiller Sansón Carrasco, Cardenia, Luscinda, el cautivo capitán Biedma, los duque Ginés de Pasamonte, Roque Guinart, Ricote y cuantos quedaron marcados para siempre por la inagotable humanidad de quien fue tenido en su tiempo por el mayor y más gracioso de los locos.
De sus vidas, de sus novelas se habla en esta historia. Hace quinientos años empezó una historia que no ha terminado aún, porque las vidas, como las novelas, a un tiempo que propagan bajo tierra sus raíces, multiplican sus ramas hasta formar esta copiosa trama que llamamos vida, donde la realidad y la ficción a menudo no quieren decir lo que parece.





