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Intervención del presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, durante la inauguración del Congreso de Éxito Educativo

23/11/2010
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Es para mí un placer inaugurar este Congreso, junto al ministro Gabilondo, con quien comparto, entre otras cuestiones, la misma opción: la apuesta por la fuerza transformadora que tiene la educación.

La edad a veces te cierra el presente, te hace escéptico con el futuro, complaciente con el pasado, pero depende de nuestra voluntad el futuro que hayamos de conseguir.

Por lo tanto, depende que creamos en nosotros mismos, en nuestras posibilidades transformadoras y nos empleemos en hacerlo.

Cuando hablamos de educación estamos hablando de una inversión y una inversión siempre es política económica, es política social, cultural, es política humana, es política...

Pero la educación es la inversión más importante que pueda tener una sociedad y, en ese sentido, es política económica porque devuelve a la sociedad, multiplicado, todo el esfuerzo que hagamos en ella.

La educación forma parte de la agenda social más importante, pero no solamente la educación, sino algo que da nombre a este congreso, que es el éxito educativo.

El éxito educativo se convierte también en un objetivo político, económico y social. Porque lo necesitamos no tanto para salir de la crisis, sino para que la crisis no se repita.

Necesitamos la inversión en educación para transformar cualitativamente un modo de estar en la economía o un modo de contemplar la economía. Y saber que la mejor manera de impedir que se vuelva a producir ese triunfo de la especulación sobre lo productivo, o ese éxito de lo fácil sobre la constancia y el esfuerzo, es la educación .

La educación y el éxito educativo serán los instrumentos imprescindibles para salir de la crisis y para generar ese nuevo modelo económico, ese nuevo patrón de crecimiento.

La oferta también genera demanda. Si siempre estamos pensando en la demanda, vamos a poder hacer poca política económica positiva.

Esta oferta que nosotros tratamos de modificar, es la oferta que afecta a todos los factores de producción y, fundamentalmente, al capital humano. Cuanto mejor sea el capital humano, cuanto mejor formado esté, mejor haremos lo que sabemos hacer y mejor haremos aquello en lo que nos queramos especializar. Por lo tanto, la economía será mejor y generará también una nueva demanda.

Vuelvo al principio, agradezco al Ministerio que haya escogido Sevilla, Andalucía, como sede de un Congreso en torno a dos cuestiones esenciales para el futuro de nuestro país como son el éxito educativo y la autonomía de los centros.

¿Qué es el éxito educativo? Éxito es competencia. Frente a la palabra competitividad, yo suelo usar competencia porque la oferta genera su propia demanda. Cuanto más competentes sean los factores productivos, mejor será la economía y la demanda también mejorará. Cuanto más competente sea el factor humano, cuanto más competentes sean los empresarios, cuanto más innoven, cuanto más creativa sea la economía mejor para todos y mejor, sobre todo, para la propia economía.

La única forma de mejorar la competencia de las personas es con educación, con la suma del conocimiento, habilidades, aptitud y experiencia. También con valores democráticos, actitudes cívicas, con hábitos como el estudio, la perseverancia y la capacidad de trabajo.

La única manera de mejorar la competencia de las personas es la educación y, además la educación en un sentido amplio: la formación completa del individuo; pero educación también en el aprendizaje de conocimientos concretos, habilidades, actitud, experiencia, valores democráticos, convivencia, hábitos como el estudio, perseverancia, esfuerzo, capacidad de trabajo...

Todo eso es lo que hay que generar y todo eso es lo que se genera en los contextos educativos. No solamente en la escuela. Toda la sociedad tiene que asumir la responsabilidad de educar para progresar; para enriquecerse; para crecer y hacerse más creativa y transformadora.

Cuando hablamos de mejorar la competencia, hablamos también de más atención a la diversidad. Porque ni todos tenemos las mismas aptitudes para las mismas cosas, ni es bueno que pensemos que todos somos buenos para las mismas cosas. Cada uno es bueno para algo y hay que descubrir para qué. Ese es el objetivo de la educación. Los podemos llamar vocación, lo podemos llamar aptitudes... pero, en todo caso, es simplemente la diversidad.

José Antonio Marina lo señala en su último libro La educación del talento como un objetivo para la escuela: detectar en qué destaca cada alumno, para facilitar su desarrollo y ayudarle a alcanzar fines vocacionales adecuados a sus posibilidades.

Por tanto, para universalizar el éxito educativo, nuestro gran desafío es apostar por la diversidad.

La LODE, de la que se cumplen ahora veinticinco años, abrió el sistema educativo español hacia la equidad y la igualdad de oportunidades, que son las riquezas más importantes que tiene una sociedad, más si decimos que ésta es una economía que debe basarse en el conocimiento que cada uno de nosotros es capaz de aportar al crecimiento económico, cuanto más igualdad de oportunidades, más capacidad habrá en la sociedad para poder avanzar.

Igualdad de oportunidades. Me refiero a hombres y mujeres y a gentes con recursos y gentes sin recursos.

Es justo reconocerle a la LODE, además, un valor fundamental: haber convertido al alumno en el verdadero protagonista de su educación.

No exagero si les digo que esta ley, por su defensa de la educación pública, fue la auténtica palanca para la modernización de nuestro país. Acceso universal, gratuidad, calidad y democracia en la escuela han sido sus mayores logros.

Mañana se eligen en Andalucía los representantes de la comunidad educativa en los Consejos Escolares. Un acto que forma parte de nuestra normalidad democrática.

Es el momento de actualizar esa gran alianza social que supuso la LODE y que nos ha permitido llegar hasta aquí. Y tenemos que hacerlo con el máximo consenso y movilización para seguir garantizando la igualdad de oportunidades, la lucha contra la exclusión y la defensa de la diversidad.

La autonomía de los centros es una respuesta a la diversidad. Porque hay realidades complejas, pluralidad de centros y personas distintas a las que dar respuestas.

Las políticas educativas uniformistas fueron en su momento un instrumento al servicio de la creación de los Estados nacionales. Esa uniformidad que creaba sentimientos patrios y fortalecía voluntades en la creación de Estados que nacían, alguna realidad mundial, que muchas veces lo hacían por primera vez, es lo que dio a la educación un carácter unitario.

Ustedes lo saben de sobra, la educación está muy ligada, como disciplina pública, a la creación de los Estados nacionales.

Hoy, sin embargo, las políticas educativas centralizadas se han agotado y se muestran escasamente útiles en gran parte de los países de nuestro entorno más próximo.

Por eso el respeto a la diversidad y la autonomía docentes son tan importantes.

La autonomía es un instrumento al servicio de la calidad de la educación. Un mecanismo que nos va a permitir flexibilizar la organización, mejorar la eficacia de los procesos educativos y acabar con las desigualdades.

Este año hemos puesto en marcha en Andalucía los nuevos Reglamentos de Organización de los Centros. Una apuesta por un modelo organizativo y pedagógico más autónomo y abierto, que mejore la convivencia y dé respuestas a las necesidades de la comunidad educativa y del entorno.

Un compromiso por la mejora sistemática de la educación y por las acciones que nos permitan cambiar las condiciones para el desarrollo. Estos reglamentos deben ser un estímulo a los centros para que elaboren proyectos propios y puedan aprender de la experiencia.

Confiamos en que este nuevo modelo de organización genere una dinámica continua de cambio y movilización de los actores educativos y sociales en torno a una cuestión esencial: mejorar la competencia de nuestros alumnos y nuestras alumnas.

Para universalizar el éxito educativo la persona, el alumno, tiene que ser el eje del Proyecto educativo de centro.

En Andalucía hemos apostado por la autonomía de los centros para diseñar su propio desarrollo curricular y garantizar así una educación más personalizada.

En estos días van a tener ocasión de conocer el Programa andaluz de Calidad y Mejora de los Rendimientos Escolares que refleja esta apuesta. En las tres primeras convocatorias han participado la mitad de los centros públicos andaluces y casi 45.000 profesores.

Especialmente para aquellos alumnos con problemáticas socioeducativas o dificultades para promocionar se han diseñado otros programas de apoyo y refuerzo, de acompañamiento escolar y de extensión del tiempo escolar. Todo ello para enfilar el objetivo de la calidad, de la excelencia.

Estudios recientes de la OCDE concluyen que el mejor desempeño de los estudiantes está claramente relacionado con una mayor autonomía de los docentes en el desarrollo curricular.

La figura del maestro, del profesor, es determinante en la universalización del éxito escolar. Los docentes ocupan una posición central en la vida de un país.

La Carta de Derechos del Profesorado, que ha entrado en vigor en Andalucía, refuerza el respaldo social a su autoridad magistral y académica y garantiza la protección de los derechos de los docentes.

Mejorar la competencia profesional de los docentes es una cuestión esencial que requiere del máximo consenso. Por eso hemos creado un grupo de trabajo en el Parlamento andaluz para elaborar un nuevo Plan de formación que atienda a las líneas estratégicas del sistema educativo y a las necesidades de los docentes y los centros.

Este plan será la base del futuro decreto que regulará el sistema andaluz de formación del profesorado.

Los retos de un mundo global nos exigen una reflexión profunda sobre el mejor modo de adaptar los sistemas de enseñanza-aprendizaje a la sociedad del conocimiento.

Queremos la mejor escuela y los mejores profesores para tener más alumnos y que lleguen más lejos.

En Andalucía queremos que esto sea así. Por eso hemos puesto la educación en el centro de la política presupuestaria.

Ahora es el momento, después de ver cómo se han contraído los ingresos, cómo han drecrecido prácticamente todas las partidas presupuestarias, todas lo han hecho menos la educación. Se producen crecimientos significativos en el programa de apoyo a las familias, de formación del profesorado o renovación y evaluación educativa.

Hay que seguir dando oportunidades para que el saber tenga posibilidades de transformar la vida de las personas y de sus familias.

La sociedad española debe ser consciente, no estoy convencido de que lo sea del todo, de la rentabilidad social y económica de la inversión en educación. Solamente así, la sociedad española sabrá comprometerse con una formación de excelencia para afrontar con garantías el futuro.

La educación es nuestro principal motor para avanzar, pero sobre todo es el mejor camino para cambiar las relaciones sociales, políticas y económicas.

Para construir una sociedad más humana, más estable y más sostenible.

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