JAZZ EN NOVIEMBRE 2022


 

 

INVENCIONES Y REINVENCIONES

El jazz es un juego de espejos en permanente reinvención, y así lo ha mostrado el ciclo de Jazz del Teatro Central desde sus inicios. Uno de los huéspedes reincidentes del ciclo sigue siendo Bill Frisell, el guitarrista que, desde sus comienzos a mediados de los 80, reinventó el sonido de la guitarra hasta hacerlo privativo e inconfundible: he ahí el juego de espejos, de ecos y reverberaciones cristalinas que surgen de su peculiar uso de efectos y de cambios de dinámica a veces extremadamente sutiles pero siempre identificables, que se encadenan de manera tan fantasmal como prístina y que otorgan a toda la producción de Frisell un poder de seducción que se transfigura en cada una de sus entregas. En Harmony, el sonido de su guitarra comparte protagonismo con la voz de Petra Haden, excelente compañía en su nuevo viaje identitario en torno a la música de tradición americana: un canto a flor de piel de Pete Seeger, un homenaje al gigante Charlie Haden (otro frecuentador del Central, además de mentor de Frisell y progenitor de Petra), aires de country brumoso y preciso, el dulce e intrincado Lush Life de Billy Strayhorn, y una nana que nos redescubre la placidez melódica de la infancia y la sofisticación armónica de una música que ha crecido con nosotros: música alquímica y de cámara (Hank Roberts al chelo y la guitarra barítono de Luke Bergman completan el grupo), música de raíz americana y reinvención perpetua de campos abiertos.

 

El sonido de Paolo Fresu, otro de nuestros héroes históricos del Central, es igualmente inconfundible desde la primera escucha. Introspectivo, cantábile, ultramelódico, Fresu también sabe convivir con la emoción que brota desde la alegría de vivir, como ocurre en buena parte de su aclamado trabajo en homenaje a David Bowie, otro artista que ha transitado a lo largo de toda su carrera por los espacios sin límite. Con el apoyo de una superformación de instrumentistas italianos, más la voz con identidad propia de Petra Magoni, Fresu y los suyos recrean el cancionero glorioso (Heroes), galáctico (Space Oditty, Life on Mars), terrenal (Let’s Dance) y finalmente espectral (BlackStar) del multifacético Bowie.

 

Desde la libertad sin límites se ha convocado para esta ocasión a un conjunto heterogéneo de improvisadores, —o impro-creadores— para un estreno impredecible, el del colectivo Son del Espacio, una denominación en la que resuena, desde la lejanía interestelar, el nombre de Sun Ra. Thelonious Monk, otro artista referencial para todos los convocados a esta experiencia, decía que siempre hay errores: si los incorporas te transportan, si no, te bloquean. Ornette Coleman, en su momento de mayor vértigo creativo, confesaba al termino de sus sesiones que no tenía claro lo que quería, pero sí aquello que no quería. La duda siempre está, solo necesita espacio y ser escuchada. ¿Qué es si no todo esto? Actitud. Los integrantes de este colectivo de libre improvisación, Son del Espacio, se reúnen por primera vez a raíz de un sueño encargado por el Teatro Central: quién sabe si para neutralizar las dudas de que un concierto de improvisación libre es mucho más que cualquier cosa. El grupo se compone de ocho magníficos impro-ductores sonoros de distintas procedencias musicales y geográficas. Son artistas de referencia de la improvisación libre y poseen una gran experiencia en abordar viajes sonoros como este y en infinidad de circunstancias. Crearán un espacio sonoro capaz de atraer cualquier latido corpóreo y hacernos sentir una parte vibrante del todo. Existirá la música, aquella como la conocemos pero el sonido siempre la hará libre, de la manera que nos decía SUN RA: love for every face, love for ever lasting —amor para cada rostro, amor eterno—.

 

También Moisés Sánchez nos reinventa la música a cada paso: creador sin fronteras, es capaz de reescribir La consagración de la Primavera de Stravinsky, el Concierto para orquesta de Bartok o las sonatas de Beethoven con idéntica actitud olímpica y con la misma aparente facilidad titánica que aplica, como en este caso, a la música de Johann Sebastian Bach, infinitamente intrincada y al mismo tiempo extremadamente balsámica. Los juegos de contrapunto, las secuencias que se alternan y se invierten, son la base de la colección de Invenciones de Bach, ejercicios de funambulismo que con la mayor naturalidad dan vuelo a la conversación a tres bandas entre el piano de Moisés Sánchez, el contrabajo de Pablo Martín Caminero y la batería y las percusiones de Pablo Martín Jones.

 

El talento, la generosidad y la energía del multi-instrumentista Trevor Coleman nos llegaron, como de improviso, desde justo el otro extremo del planeta Tierra. En su Nueva Zelanda natal desarrolló una amplia carrera como músico sinfónico, productor discográfico, intérprete de jazz, compositor de música escénica y autor de numerosas bandas sonoras que le hicieron recorrer el mundo hasta recalar en Sevilla en 2017, donde quedó fascinado por la diversidad del ambiente musical de la ciudad, por sus tradiciones pero también por la potencialidad de las nuevas generaciones del jazz andaluz. Desde entonces ha contribuido decididamente al crecimiento de instituciones como Asejazz (Asociación de jazz de Sevilla), a la creación de nuevas bandas con jóvenes intérpretes y al fomento de la improvisación de jazz entre músicos andaluces. Dos músicos indisociables de la escena del jazz andaluz, como el contrabajista Manuel Calleja y el baterista Nacho Megina, son sus aliados en su vuelta a los escenarios como maestro de ceremonias de las jam sessions del Teatro Central.

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INVENCIONES Y REINVENCIONES

El jazz es un juego de espejos en permanente reinvención, y así lo ha mostrado el ciclo de Jazz del Teatro Central desde sus inicios. Uno de los huéspedes reincidentes del ciclo sigue siendo Bill Frisell, el guitarrista que, desde sus comienzos a mediados de los 80, reinventó el sonido de la guitarra hasta hacerlo privativo e inconfundible: he ahí el juego de espejos, de ecos y reverberaciones cristalinas que surgen de su peculiar uso de efectos y de cambios de dinámica a veces extremadamente sutiles pero siempre identificables, que se encadenan de manera tan fantasmal como prístina y que otorgan a toda la producción de Frisell un poder de seducción que se transfigura en cada una de sus entregas. En Harmony, el sonido de su guitarra comparte protagonismo con la voz de Petra Haden, excelente compañía en su nuevo viaje identitario en torno a la música de tradición americana: un canto a flor de piel de Pete Seeger, un homenaje al gigante Charlie Haden (otro frecuentador del Central, además de mentor de Frisell y progenitor de Petra), aires de country brumoso y preciso, el dulce e intrincado Lush Life de Billy Strayhorn, y una nana que nos redescubre la placidez melódica de la infancia y la sofisticación armónica de una música que ha crecido con nosotros: música alquímica y de cámara (Hank Roberts al chelo y la guitarra barítono de Luke Bergman completan el grupo), música de raíz americana y reinvención perpetua de campos abiertos.

 

El sonido de Paolo Fresu, otro de nuestros héroes históricos del Central, es igualmente inconfundible desde la primera escucha. Introspectivo, cantábile, ultramelódico, Fresu también sabe convivir con la emoción que brota desde la alegría de vivir, como ocurre en buena parte de su aclamado trabajo en homenaje a David Bowie, otro artista que ha transitado a lo largo de toda su carrera por los espacios sin límite. Con el apoyo de una superformación de instrumentistas italianos, más la voz con identidad propia de Petra Magoni, Fresu y los suyos recrean el cancionero glorioso (Heroes), galáctico (Space Oditty, Life on Mars), terrenal (Let’s Dance) y finalmente espectral (BlackStar) del multifacético Bowie.

 

Desde la libertad sin límites se ha convocado para esta ocasión a un conjunto heterogéneo de improvisadores, —o impro-creadores— para un estreno impredecible, el del colectivo Son del Espacio, una denominación en la que resuena, desde la lejanía interestelar, el nombre de Sun Ra. Thelonious Monk, otro artista referencial para todos los convocados a esta experiencia, decía que siempre hay errores: si los incorporas te transportan, si no, te bloquean. Ornette Coleman, en su momento de mayor vértigo creativo, confesaba al termino de sus sesiones que no tenía claro lo que quería, pero sí aquello que no quería. La duda siempre está, solo necesita espacio y ser escuchada. ¿Qué es si no todo esto? Actitud. Los integrantes de este colectivo de libre improvisación, Son del Espacio, se reúnen por primera vez a raíz de un sueño encargado por el Teatro Central: quién sabe si para neutralizar las dudas de que un concierto de improvisación libre es mucho más que cualquier cosa. El grupo se compone de ocho magníficos impro-ductores sonoros de distintas procedencias musicales y geográficas. Son artistas de referencia de la improvisación libre y poseen una gran experiencia en abordar viajes sonoros como este y en infinidad de circunstancias. Crearán un espacio sonoro capaz de atraer cualquier latido corpóreo y hacernos sentir una parte vibrante del todo. Existirá la música, aquella como la conocemos pero el sonido siempre la hará libre, de la manera que nos decía SUN RA: love for every face, love for ever lasting —amor para cada rostro, amor eterno—.

 

También Moisés Sánchez nos reinventa la música a cada paso: creador sin fronteras, es capaz de reescribir La consagración de la Primavera de Stravinsky, el Concierto para orquesta de Bartok o las sonatas de Beethoven con idéntica actitud olímpica y con la misma aparente facilidad titánica que aplica, como en este caso, a la música de Johann Sebastian Bach, infinitamente intrincada y al mismo tiempo extremadamente balsámica. Los juegos de contrapunto, las secuencias que se alternan y se invierten, son la base de la colección de Invenciones de Bach, ejercicios de funambulismo que con la mayor naturalidad dan vuelo a la conversación a tres bandas entre el piano de Moisés Sánchez, el contrabajo de Pablo Martín Caminero y la batería y las percusiones de Pablo Martín Jones.

 

El talento, la generosidad y la energía del multi-instrumentista Trevor Coleman nos llegaron, como de improviso, desde justo el otro extremo del planeta Tierra. En su Nueva Zelanda natal desarrolló una amplia carrera como músico sinfónico, productor discográfico, intérprete de jazz, compositor de música escénica y autor de numerosas bandas sonoras que le hicieron recorrer el mundo hasta recalar en Sevilla en 2017, donde quedó fascinado por la diversidad del ambiente musical de la ciudad, por sus tradiciones pero también por la potencialidad de las nuevas generaciones del jazz andaluz. Desde entonces ha contribuido decididamente al crecimiento de instituciones como Asejazz (Asociación de jazz de Sevilla), a la creación de nuevas bandas con jóvenes intérpretes y al fomento de la improvisación de jazz entre músicos andaluces. Dos músicos indisociables de la escena del jazz andaluz, como el contrabajista Manuel Calleja y el baterista Nacho Megina, son sus aliados en su vuelta a los escenarios como maestro de ceremonias de las jam sessions del Teatro Central.

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