TEMPORADA 2020 - 2021



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La espera, esta vez obligada, impuesta por “un desconocido”, solo significa una transición, un tiempo de tránsito. Desde este convencimiento, es desde el que el equipo del teatro no ha dejado de trabajar e, instalado en esa especie de dramaturgia de la palabra muda, decidimos que el silencio al que nos veíamos abocados no era más que la antesala de la palabra dicha en presencia del otro.

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La espera, esta vez obligada, impuesta por “un desconocido”, solo significa una transición, un tiempo de tránsito. Desde este convencimiento, es desde el que el equipo del teatro no ha dejado de trabajar e, instalado en esa especie de dramaturgia de la palabra muda, decidimos que el silencio al que nos veíamos abocados no era más que la antesala de la palabra dicha en presencia del otro. Sin silencio esta no existe, nos dijimos, y además en los momentos de incertidumbre nunca dejamos de recordar aquello que Kafka llamaba el titubeo antes del nacimiento. Algo se preparaba, llegaban los pensamientos y nos dimos cuenta que iban tomando el orden correcto.

 

El cierre del centro de la ciudad significó la soledad para todos. Y junto a Bruce Benderson tomamos conciencia de que el abandono del cuerpo era aislamiento, el triunfo de la pura fantasía.

 

Buscamos el alivio en el espacio virtual, en la sensación de estar conectados y ejercer el control, pero siempre conscientes de que los ordenadores portátiles y los teléfonos móviles nos divorcian del mundo físico. Ese sin el que las artes escénicas se diluyen y desaparecen.

 

Había por tanto que reescribir y enfrentarse al vértigo de la página en blanco, aunque, en palabras de Alain Corbin, dicha página nos someta a un vértigo impregnado de silencio, un rasgo que une nada y creación.

 

Para esto último —para enfrentarnos al vértigo de la reescritura, la de un programa— ha sido fundamental no olvidarnos de que contábamos con una comunidad de individuos que respetan la individualidad y la intimidad de los demás, a la vez que interactúan intelectual y emocionalmente; de espíritus libres en libre relación mutua para alcanzar objetivos comunes. Artistas y espectadores, todos aquellos que esperáis para reencontraros noche tras noche y, exorcizar esa sensación, parecida al hambre, que se siente al estar solo.

 

Así pues, nunca lo hemos dudado, tomamos partido por

 

HABITAR… HABITARNOS… ESTAR...

 

El arte es portador de consuelo y perspectiva. Por este y otros muchos motivos volvemos a reunirnos, artistas y público, en nuestra sala.

 

Siendo la ignorancia otra forma de confinamiento, hemos tomado partido por el conocimiento y la transversalidad, por formas solidarias nacidas de nuestra capacidad de pensar y actuar juntos. En definitiva, con esta nueva programación queremos devolverle el protagonismo a la imaginación.

 

Creemos que, ahora más que nunca, es el momento de afirmarnos en la idea de que la esperanza viene abanderada por las nuevas y las “no tan nuevas” generaciones de creadores y creadoras. Esta idea está presente a lo largo de todo el recorrido artístico propuesto para los próximos ocho meses. Se trata de un vínculo que debe ayudarnos a transformar y transcender cualquier tipo de adversidad y reabrir las puertas del siglo XXI.

 

Hemos estado atentos a aquellas producciones realizadas por artistas ya consagrados, pero junto a ellos —es nuestra obligación— presentamos a los más jóvenes, a aquellos que están despegando en este nuevo tiempo en el que la epidemia está cambiando nuestra relación con el espacio y el tiempo.

 

Bienvenidos, por tanto, al círculo vicioso de la continuidad y la ruptura; como señaló Habermas, y hoy continúa vigente: la relación entre “moderno” y “clásico” ha perdido claramente una referencia histórica fija.

 

En cualquier caso, de lo que estamos convencidos es de que nos debemos a artistas que exploran y desplazan las fronteras, permitiendo así la generación de nuevas formas. La mayoría de ellos pertenecen a la escena del espectáculo vivo contemporáneo.

 

Nuestra oferta es fiel a sí misma y está, en su mayor parte, construida con propuestas de creadores y creadoras cuyos espectáculos obedecen a una necesidad interna, que aceptan el desafío de conectar con el espectador. Todos ellos luchan y trabajan para que los vea el mayor numero de personas, aunque no olvidan la máxima de Michel Turnier: