Feb
22
|
23
20:00

SALA B

Teatro

MARÍA HERVÁS / SERENA PRODUCCIONES

Iphigenia en Vallecas

 

Traducción y adaptación: MARÍA HERVÁS Dirección: ANTONIO C. GUIJOSA

 

PREMIO A LA MEJOR INTÉRPRETE DEL AÑO 2018 DE LA UNIÓN DE ACTORES.

 

MARÍA HERVÁS LLEGA AL CENTRAL PARA PRESENTARNOS UNA OBRA EN DEFENSA DE LA NOBLEZA DE UNA CLASE TRABAJADORA ESTIGMATIZADA.

 

Para nosotros, el de María Hervás, era uno de los galardones más previsibles de la noche, no porque no tuviera dos grandes rivales, Blanca Portillo en El cartógrafo y Clara Sanchís en Una habitación propia, sino porque su interpretación en Iphigenia en Vallecas es tan brutal que pienso que este año no hay nadie que la pueda superar. Quien la haya visto, así lo puede corroborar. El ciclón Hervás realiza una de esas actuaciones que se recordará por mucho tiempoCon estas palabras celebra Aldo Ruíz en El Teatrero el premio concedido a la Hervás.

 

A pesar de que lleva ya mucho tiempo en la profesión, no fue hasta hace apenas unos años que María Hervás irrumpió con fuerza en el panorama teatral español, con Confesiones a Alá. Una vez terminada esa etapa, formó parte de los elencos de dos de los montajes más notables de los últimos tiempos -la polémica Pingüinas, y la comentada Los Gondra, en la que, entre otras cosas, tenía también un pequeño monólogo para lucirse. Ahora ha vuelto a lo que parece ser su terreno natural: el monólogo a pocos centímetros del espectador.

 

Con lengua viperina y chulería, sudadera, leggings y pendientes de aro, Iphigenia pasea por una Vallecas que se derrumba. Le dicen “choni” y “guarra” y “quinqui”. En su precaria existencia conviven las drogas, el alcohol, el desempleo, la pobreza, el drama de las jóvenes madres solteras y el de los recortes en los servicios públicos, que precisamente afectan a las comunidades que más los necesitan. Escuelas cerradas, hospitales que se caen. Como Iphigenia, la heroína del mito griego, esta “Ifi” vallecana se sacrifica por el bien de los que la rodean.

 

Se trata de una mujer rota por dentro y perdida en la vida, sin presente y sin futuro. Vive con una compañera de piso, que es igual que ella, y tiene un noviete cachas con dos dedos de frente. De su familia, solo le queda su abuela, que le da veinte euros de vez en cuando para sus vicios. Con este horizonte cargado de nubes negras, una noche “Ifi” cree encontrar a su príncipe azul y piensa que ya nunca más volverá a estar sola en la vida.

 

Para encarnar a esta mujer, María Hervás se sumerge en lo más profundo del alma hasta llegar a las mismas entrañas, sacando a la luz el lado más oscuro del ser humano. A lo largo de hora y media palpitaremos con el corazón partío de Iphigenia y seremos testigos de su doloroso viaje a través de todos los estados emocionales posibles. Desde la incertidumbre o el pasotismo del principio, pasando por la ira, la furia, la ilusión y la felicidad, transitando por el desengaño, la tristeza, la decepción, el desgarro y el dolor, y terminando con  la rabia más absoluta, y  la indignación.

 

Es admirable cómo Hervás logra mantener, durante toda la función, el ritmo en todo lo alto, siendo totalmente imposible apartar la mirada de ella ni un solo segundo.. Y es que María es mucha María. Es un volcán en erupción, un auténtico huracán que sacude las entrañas del Kamikaze, para no dejarlo nunca igual. Aldo Ruíz. El Teatrero.