Mar
08
|
09
21:00

SALA

A

Danza

GISÈLE VIENNE

Crowd

 

Concepto, coreografía y escenografía: GISÈLE VIENNE Mezclas, montaje y selección musical: PETER REHBERG

Espectáculo para 15 intérpretes.

 

TECHNO DE DETROIT, ALUCINACIONES VISUALES, ESTADO DE TRANCE DE ESAS FIESTAS QUE NO TERMINAN NUNCA.

GISÈLE VIENNE NOS CATAPULTA AL CORAZÓN DE UNA FREE PARTY.

LOS CLUBBERS DE CROWD DIBUJAN EL RETRATO DE UNA GENERACIÓN, TAN DESMAÑADA COMO INTENSA, QUE BUSCA LA ESPIRITUALIDAD.

 

Inclasificables, a veces recibidas como “molestas” a pesar de la perfección de su factura y su forma, las producciones de Gisèle Vienne no cesan de zambullirse, desde aquel Showroomdummies de 2001, en la eterna dualidad -Eros y Tánatos, Apolo y Dionisio- que se encuentra en el corazón de nuestra humanidad, así como en la necesaria sed de violencia que cada uno lleva dentro; en lo erótico y la sacro.

 

Si bien Gisèle es coreógrafa, directora de escena y artista plástica, toda su obra está atravesada por un tratamiento específico del cuerpo sobre el escenario.

 

Con un sound system compuesto por todos los amplificadores del teatro, apilados al fondo del escenario, y unos desechos –latas, botellas de whisky y vasos de plástico- que lo cubren, Crowd no es una pequeña fiesta de amigos sino, más bien, una free party ligeramente más depravada.

 

Cuando se asiste a un espectáculo más vivido que interpretado, como es el caso de Crowd, es difícil imaginar que Gisèle Vienne no haya experimentado personalmente estas fiestas. En 1994, el año de su bachillerato, ella se muda a Berlín y suele ir a bailar al Tresor, el primer club alemán que programó a Jeff Mills y a los DJ de Detroit, para terminar sus noches en el Bunker.

 

En Crowd, fluokids, gabbers, neogóticos y ravers desaparecen entre bastidores. El escenario comienza su metamorfosis. Envuelta en un haz de luz, una silueta encapuchada avanza sobre el suelo de tierra mientras que un muro de sonido hace resonar los ritmos de un techno minimalista. Una onda orgánica, la música se derrama con la flexibilidad de una ola envolvente, lista para engullir todos los excesos. Si aguzamos un poco el oído se puede reconocer a Voices From The Lake o los sonidos áridos de un techno de Detroit impregnado de zumbidos metálicos…

 

Resulta imposible que el espectador que está sentado en su butaca no se sumerja con los bailarines en un viaje acid en el que cada uno de ellos, con los ojos en blanco, se entrega a sus percepciones de un mundo alterado, al igual que en un sensual subidón de éxtasis; o como en el vértigo del alcohol, cuando todo en el escenario se pone a dar vueltas. Gisèle Vienne le recuerda a sus bailarines: poneos en una situación de desequilibrio; tenéis que perderos. En el mejor de los casos, probablemente, con nosotros dentro. Léa Poiré. Mouvement.

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