Feb
15
|
16
21:00

SALA

A

Danza

SHARON EYAL / GAI BEHAR / L-E-V

Love Chapter 2

 

Coreografía: SHARON EYAL en colaboración con GAI BEHAR Música: ORI LICHTIK 

Pieza para 6 bailarines. 

ESTRENO EN ESPAÑA en complicidad con el Teatro Alhambra. 

Con la colaboración de la Embajada de Israel en España.

 

 

DESTINADA A OCUPAR EN BREVE EL TRONO DE LA MÍTICA BATSHEVA DANCE COMPANY, LA COREÓGRAFA ISRAELÍ LLEGA POR PRIMERA VEZ A SEVILLA PARA PRESENTARNOS LA PIEZA QUE LEVANTÓ DE SUS BUTACAS A TODO EL PÚBLICO QUE, DURANTE UNA HORA, SUCUMBIÓ A LA HIPNOSIS DE SEIS BAILARINES SUPERDOTADOS EN LA OPÉRA COMÉDIE DE MONTPELLIER DURANTE SU FESTIVAL INTERNACIONAL DE DANZA 2017.

 

UN ESPECTÁCULO ALEGRE Y TRISTE, TRISTE Y ALEGRE. EXTREMO, SUBLIME Y GROTESCO.

 

 

Nacida en Jerusalén, Sharon Eyal ha bailado con la Batsheva desde 1990 hasta 2008 para posteriormente pasar a coreografiar en el exigentísimo marco del programa Batsheva Dancers Create y llegar a convertirse entre 2005 y 2012 en coreógrafa asociada a dicha compañía.

 

En 2013, Eyal decide unir sus esfuerzos a los de Gai Behar, figura muy conocida en la noche de Tel Aviv, para fundar su compañía L-E-V.

 

Julio 2016 es la fecha clave en su carrera. El Festival Montpeller Danse ejerció de introductor de embajadores para toda Europa de una artista que ahora se disputan las programaciones de los grandes auditorios internacionales y es demanda por los ballets más prestigiosos.

Si en 2016 la pieza OCD Love situó a Eyal en el punto de mira de todos los francotiradores de la nueva escena, en 2017, Love Chapter 2 ha supuesto la confirmación de que una nueva e imprescindible estrella se ha sumado a la constelación dancística.

PULSIÓN Y PULSACIÓN LOVE CHAPTER 2.

 

Bajo el beat implacable que impone, desde el primer segundo, el crescendo techno de Gai Behar y Ori Lichtik, la coreografía se organiza en una sucesión de cuadros obsesivos que conducen a intérpretes y espectadores hacia el agotamiento. Es una especie de andar tranquilo y altivo en medias puntas de unos maniquís con la columna vertebral distorsionada, o el balanceo de una pierna sobre otra por encima de la que se despliega un bellísimo juego aéreo de los brazos.

 

Apenas disimulados, los préstamos tomados a las danzas de los clubs nocturnos alimentan buena parte de los movimientos, distanciados y estilizados por la coreografía. La pulsión corporal se une a la musical, aunque todo está gobernado por la escritura física de Sharon, siendo los bailarines quienes deben extraer, lanzar energía y esculpir el gesto; transitar desde el instante de fluidez a lo quebradizo, del éxtasis al humor negro, del trance a la erotización. En Sharon la guerra se produce en los cuerpos, no entre los cuerpos.

 

Sharon Eyal resitúa sobre el tapiz de danza la profunda agonía de seres que actúan y "ejecutan", seres que aparecen ante nosotros como hermanos. La mecánica de la obsesión está en el núcleo de este TRABAJO ARTÍSTICO (así, con mayúsculas).

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