Según el Plan de Acción de la Unión Europea para la economía circular, una economía circular es aquella en la que el valor de los productos, los materiales y los recursos se mantiene en la economía durante el mayor tiempo posible, y en la que se reduce al mínimo la generación de residuos.

El modelo de economía circular al contrario de la economía lineal, hace un uso limitado de las materias primas y lleva la producción de residuos al mínimo. En este modelo la reutilización y la recuperación de productos y materias juegan un papel fundamental.

Entre las razones que ponen en entredicho el modelo de economía lineal, se pueden citar:

  • La reducción de los recursos energéticos basados en energía fósiles, los alimentos y el agua disponibles y previsible agotamiento de los recursos.
  • La presión insostenible sobre los recursos disponibles por un incremento continuado y exponencial del número de consumidores.
  • Un sistema tradicional, global y medioambientalmente ineficiente con consecuencias irreparables al clima y la biodiversidad.

Según el Plan de acción de la UE para la economía circular (Comisión Europea, 2015): “La economía circular impulsará la competitividad de la UE al proteger a las empresas contra la escasez de recursos y la volatilidad de los precios, y contribuir a crear nuevas oportunidades empresariales, así como maneras innovadoras y más eficientes de producir y consumir. Creará puestos de trabajo a escala local adecuados a todos los niveles de capacidades, así como oportunidades para la integración y la cohesión social. Al mismo tiempo, ahorrará energía y contribuirá a evitar los daños irreversibles causados en lo relativo al clima y la biodiversidad, y a la contaminación del aire, el suelo y el agua, a causa de la utilización de los recursos a un ritmo que supera la capacidad de la Tierra para renovarlos.

En este contexto, la simbiosis industrial constituye un catalizador de la transición hacia una economía circular.

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