Entrelazado al paisaje de la Tierra LLana de Huelva, el Dolmen de Soto, emerge como un gran túmulo, de 60 m. de diámetro, que conforma una colina artificial de 3,5 m. de alto. Esta circunvalado por un anillo perimetral de bloques de calcoarenitas, lajas de pizarra y grauvacas dispuestos por grupos, integrando diversas piezas de un anterior recinto megalítico. Un atrio externo abierto da paso a una gran galería cubierta de 21,50 m. de longitud, orientada hacia el este, conformada por 67 ortostatos en los que los diferentes grabados y pinturas refieren un complejo discurso simbólico. Situado en una pequeña loma en la ribera del arroyo Candón, fue descubierto y excavado en 1923 por el propietario de la finca donde se ubica, Armando de Soto. La declaración en 1931 como monumento histórico-artístico se sustanció por la Junta Superior de Excavaciones y el Comité ejecutivo del Patronato para la protección, conservación y acrecentamiento del Tesoro Artístico Nacional, gracias a las investigaciones de Hugo Obermaier. Posteriormente, Georg y Vera Leisner lo incluyeron en el estudio sobre el megalitismo del sur de la Península Ibérica en 1943.

Hugo Obermaier destacó dos aspectos esenciales: su grandiosa arquitectura y la abundancia de grabados en los ortostatos y estelas reutilizadas, siendo un caso verdaderamente singular en el contexto del megalitismo europeo del momento.

En su interior, Armando de Soto documentó la existencia de solo 8 individuos enterrados (hombres y mujeres adultos y un enterramiento infantil), que se depositaron sentados en cuclillas y apoyados sobre determinados ortostatos. Estas personas se acompañaron de ajuares del III milenio a.n.e: recipientes cerámicos (cuencos, vasos, platos, etc.), cuchillos de sílex y productos líticos tallados, hachas de piedra pulida, “conchas de peregrino” y ofrendas de consumo alimentario, como manifiestan los huesos de animales y moluscos marinos encontrados.

Por sus peculiares características arquitectónicas, tamaño y monumentalidad, presencia de distintas materias primas, proliferación de manifestaciones artísticas, etc., su funcionalidad tuvo que ser más compleja que la estrictamente funeraria, puesto que la envergadura y carga simbólica de su construcción no se corresponde como contenedor reservado al enterramiento exclusivo de 8 individuos. Para algunos investigadores, esas personas formarían una élite social o grupo dirigente local. En todo caso, estos individuos contarían con determinados privilegios en la esfera de la muerte y en la vida del más allá, pudiendo entenderse como una evidencia de la existencia de diferencias o desigualdades sociales en el seno de las comunidades que erigieron el dolmen.

De manera previa al Dolmen se ha documentado en recientes excavaciones arqueológicas promovidas por la Consejería de Cultura la existencia de un círculo de piedras del Neolítico (V-IV milenio a.n.e.) de tamaño y trazado similar al posterior anillo peristalítico. Contaría con un diámetro de 60 m y estaba compuesto por piedras de distintas materias primas y formas: bloques, menhires y estelas-menhires de grauvaca, calcarenitas y conglomerados ferruginosos de tamaños diversos, distribuidos equidistantemente en el recinto megalítico. Asociado a este círculo de piedras se han registrado un conjunto de estructuras (cabañas, hogueras, estructuras votivas o rituales) relacionadas con el uso del mismo en el marco de las prácticas ceremoniales, culturales y astronómicas.

La reutilización de los menhires y estelas-menhires neolíticos del círculo de piedras anterior, en las paredes y en el techo de la estructura megalítica, aúna una doble funcionalidad: constructiva y simbólica, pues integra elementos pétreos de las antiguas generaciones en la nueva construcción, conteniendo parte de la herencia material de los ancestros. Por ello, otorgándole una mayor valorización y legitimación como “estructura sagrada” colectiva, representación y referencia territorial del conjunto de comunidades de la zona, así como muestra de una ideología y un sistema de creencias compartido.

El Dolmen de Soto de Trigueros (Huelva) ha sido objeto de una inversión continuada por parte de la Consejería de Cultura, a través de su Secretaría General de Cultura, desde la anualidad de 2004, que ha permitido la debida documentación, investigación, consolidación y puesta en valor de este significado monumento, siguiendo una estricta metodología de restauración.

Dentro del programa iconográfico representado encontramos elementos geométricos, antropomorfos, bandas, cazoletas, puñales, elementos serpentiformes, alabardas y hachas enmangadas, etc. que se correlacionan con parecidos elementos en otros megalitos de la fachada atlántica.

La conformación actual del dolmen es resultante de la superposición de diversas estructuras históricas que han ido redefiniéndose por adaptación a la ritualidad de cada momento histórico. Con anterioridad a la construcción de la actual estructura dolménica se dispuso, en un diámetro coincidente con la actual masa tumular, de un circulo de piedras cuyos menhires, estelas-menhires y bloques fueron reutilizados en la conformación de la galería interior del dolmen conformando sus ortostatos de sustentación.

DIRECCIÓN:
Paraje El Zancarrón. Acceso por la Nacional 435 (desde Trigueros), 21340
Trigueros, Huelva
Teléfono:
959 30 50 75 ext. 5 / 627 94 03 57 (disponible WhastApp)
Email:
dolmendesoto@ayto-trigueros.es
precio:
Desempleados, estudiantes, pensionistas y grupos de 15 personas: 1,50 euros / Visita guiada individual: 2 euros / Visita libre gratuita.  
Horario:
Del 16 de junio al 14 de octubre, mañanas (de lunes a viernes): de 9:00 a 14:00 h. Tardes (jueves y viernes): de 18:00 a 21:00 h. Sábado y domingo: de 10:00 a 14:00 h., y de 18:00 a 21:00 h. Festivos: de 10:00 a 14:00 h. Lunes: cerrado.
Del 15 de octubre al 15 de junio, mañanas (lunes a viernes): de 9:00 a 14:00 h. Tardes (jueves y viernes): de 16:00 a 18:00 h. Sábado y domingo: de 10:00 a 14:00 h., y de 16:00 a 18:00 h. Festivos: de 10:00 a 14:00 h. Lunes: cerrado.

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